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El absentismo por trastorno mental ha crecido un 375% en jóvenes menores de 35 años

El absentismo por trastorno mental ha crecido un 375% en jóvenes menores de 35 años
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  • Publishedjunio 19, 2026




«Miles de millones de costes para las empresas – que podrían acercarse al 5,8% del PIB si se suman todos los componentes directos e indirectos -, cientos de millones de días de baja por enfermedad perdidos al año, alrededor de 1,1 millones de personas ausentes del trabajo cada día, un aumento cercano al 200%, disminución del absentismo en algunos sectores y bajas por enfermedad provocadas por la salud mental.» Ésta es la magnitud de un problema «que no sólo desafía a la Seguridad Social, sino a todo el sistema productivo y al sistema de salud, que están experimentando una saturación creciente». Así lo expresa la Fundación Economía y Salud en su informe «La incapacidad temporal en España», en el que señala que el absentismo se encuentra hoy en una «zona cero» en la que «confluyen tensiones sanitarias, estructurales, económicas, laborales, productivas, demográficas y organizativas. El sistema de protección, el sistema sanitario, las empresas, los agentes sociales y toda la ciudadanía se ven desafiados por una realidad que crece en intensidad y complejidad», que puede provocar el colapso del sistema sanitario y el cierre de miles de empresas.

Las cifras son suficientes para tomar conciencia de la magnitud del problema. El gasto en TI para contingencias comunes alcanzó los 33.000 millones de euros en 2025, un 14% más que en 2024, con más de un 60% de incremento en la última década, aunque en algunas áreas y sectores productivos concretos roza el 186%. Este volumen representa alrededor del 1,4% del PIB y se reparte prácticamente a partes iguales entre la Seguridad Social y las empresas, que soportan tanto el mantenimiento de las cotizaciones durante estos periodos suspensivos como las frecuentes mejoras voluntarias, hasta casi el 100% del salario e incluso, en los casos de TI común, el pago a su cargo de los primeros días de baja laboral. En este sentido, el informe destaca que este modelo puede calificarse de «antiprevencionista», ya que las TI de origen común resultan más costosas para la empresa que las TI profesionales.

El presidente de la patronal CEOE, Antonio Garamendi, reclamó esta semana que la Seguridad Social asuma el pago íntegro de los 15 primeros días de baja por incapacidad temporal derivada de contingencias comunes para amortiguar los costes asociados al «mal funcionamiento» de los servicios públicos. En concreto, defendió la necesidad de adoptar medidas para corregir el aumento de las bajas laborales. Por eso advirtió que, «hasta que se adopten otras reformas», la Seguridad Social debería asumir el pago de la cotización y prestación de TI que actualmente pagan las empresas entre el 4º y el 15º día de baja laboral.

Los analistas de la Fundación Economía y Salud informan en su estudio de que la duración media de los procesos, estabilizada en torno a los 41 días, ha crecido un 15% en diez años y «se mantiene en niveles muy elevados». En 2025, España registró una prevalencia diaria cercana al millón de trabajadores en situación informática por contingencias comunes, lo que supone que uno de cada 20 trabajadores en activo falta cada día al trabajo por este motivo. Se pierden, por tanto, más de 377 millones de jornadas laborales al año, una cifra histórica y sin precedentes, que sitúa a España «como el país con mayor incidencia de TI del mundo».

El informe confirma que estas cifras se producen por factores demográficos y epidemiológicos -por el envejecimiento de la población activa, el aumento de las enfermedades crónicas o el notable incremento de los trastornos de salud mental (con crecimientos de hasta el 175% en general y del 375% en los jóvenes menores de 35 años)-, pero también hay efectos poco conocidos referidos al impacto de la digitalización, la conectividad permanente y la fatiga informática, a los que se suman las cargas diferenciadas que soportan las mujeres, asociadas a la doble jornada y los cuidados, como así como presiones específicas en sectores con alta exigencia física o emocional. Junto a todo ello, la Fundación destaca que sobre esta realidad también pesan el deterioro del sistema sanitario público, los déficits estructurales de profesionales, la precariedad y los bajos salarios en determinados segmentos del mercado laboral, así como la transformación de las TI en una especie de refugio de contingencia. «A falta de respuestas adecuadas a los problemas de conciliación, los climas laborales tóxicos, la hostilidad en el trabajo o la insuficiencia de otras prestaciones, las bajas médicas acaban a veces funcionando como una válvula de escape donde el sistema no ofrece otras opciones», afirman.

Junto a estos elementos estructurales y sociales, surgen datos que obligan a mirar de frente el tema del posible fraude, sin estigmas, pero sin ocultamientos ni condescendencia. El 25% de los trabajadores TI acumula el 50% de los procesos, aunque citan estudios en los que este porcentaje se reduce incluso al 7% de los trabajadores. «Se trata de fenómenos de ‘hiperfrecuenciación’ o repetición de procesos patológicos que no tienen parangón en los países de nuestro entorno y que no son compatibles con posibles singularidades de nuestro mercado laboral o de nuestro estado de salud, por lo que se requieren análisis rigurosos, no tanto para criminalizar, sino para comprender qué disfunciones del sistema explican estas recurrencias y proponer mejoras».

En un análisis detallado, los datos revelan que no todas las víctimas contribuyen por igual al problema. «La mayoría de los procesos son cortos -de uno a quince días- pero un pequeño porcentaje de ausencias muy largas, apenas el 2,4%, explica más de un tercio de todos los días perdidos. Junto a esto, emerge la figura de las personas que tienen repeticiones: personas que

Encadenan varias ausencias en un mismo año y cuya contribución al volumen total de días de ausencia es desproporcionada». Llegados a este punto, la Fundación cree que el núcleo del problema no está sólo en factores externos, sino también en «el propio diseño del modelo de gobierno de TI. «Es un modelo dual, complejo y, en gran medida, descoordinado, en el que los servicios públicos de salud, dependientes de las comunidades autónomas, son los que reconocen las bajas médicas y generan así el gasto, pero el coste lo asumen la Seguridad Social y las empresas».

Como detalla el texto, esta separación entre quién decide y quién paga genera un sistema de incentivos perverso, en el que quien reconoce el beneficio carece de motivación directa para controlar su incidencia y duración y quien tiene interés en ese control asumiendo su coste apenas tiene capacidad para llevarlo a cabo de manera efectiva. A esto se suma la complejidad funcional y territorial, propia de la protección multinivel, porque «una autoridad sanitaria autónoma y una autoridad de gestión estatal comparten responsabilidades que no siempre están adecuadamente coordinadas. El resultado es un cuello de botella en el sistema sanitario y un diseño de gobernanza que no alinea competencias ni incentivos con el objetivo de una protección eficaz y sostenible. La falta de un sujeto claramente responsable de todo el ciclo -reconocimiento, seguimiento, alta y pago- se traduce en ineficiencias, retrasos y prolongaciones artificiales de las «bajas».

Por tanto, con los datos sobre la mesa, el presidente de la Fundación Economía y Salud, Alberto Giménez Artés, entiende que el control de las bajas médicas es «claramente insuficiente. La escasez de profesionales, la sobrecarga de los servicios de atención primaria y especializada, los retrasos diagnósticos y la falta de un seguimiento sistemático favorecen el citado alargamiento injustificado de los procesos». Además, señala que

El marco laboral y la negociación colectiva también juegan un papel relevante. La derogación de la causal de despido objetivo por absentismo puso fin a prácticas que generaban situaciones inaceptables para muchos trabajadores, pero al mismo tiempo eliminó un mecanismo de autocontención cuyo impacto real sobre el absentismo no ha sido suficientemente estudiado. Por otro lado, las mejoras informáticas convencionales, concebidas inicialmente para proteger procesos largos y serios, se han generalizado hasta el punto de garantizar, en muchos casos desde el primer día, el 100% del salario durante las bajas laborales de muy corta duración.

Debido a la magnitud del fenómeno, su carácter multifactorial y su impacto en todo el sistema de protección social, Giménéz Artés estima que se requiere «una respuesta de país, que pasa por un cambio cultural y más trabajo en prevención para lograr un modelo integrado de salud laboral. No bastan ajustes marginales o reformas parciales, se necesita una estrategia integral, sustentada en un diagnóstico compartido y en un amplio consenso político y social. Hay que insistir en la necesidad de un gran pacto de Estado que involucre al Gobierno, a las organizaciones sindicales, a las organizaciones empresariales, a las comunidades autónomas, a las mutuas». sociedades, servicios de prevención y, por supuesto, el mundo académico».

Para el presidente de la Fundación, este pacto «debe basarse en varios principios rectores: a corto plazo, simplificar la compleja normativa actual, simplificar los procesos de actuación y mejorar los mecanismos de control, para conseguir un seguimiento en tiempo real, pero sin erosionar derechos ni estigmatizar a los enfermos; a medio plazo, una reforma de la gobernanza para preservar la función protectora de las TI como derecho social fundamental y garantizar la sostenibilidad financiera del sistema, diseñando claramente incentivos y unificando procesos; y a largo plazo, el reto consiste en controlar sin recortar, mejorar gestión sin debilitar la cobertura y actuar sobre el fraude sin convertir la sospecha en regla. El objetivo debe ser «reducir el gasto público y los costes empresariales, lograr un aumento de la productividad y la competitividad de nuestras empresas, una mejora de la salud y el bienestar profesional y un refuerzo de la equidad y la confianza de los ciudadanos en el sistema público».

Denegaciones de propiedad intelectual

Los datos muestran que aproximadamente la mitad de los TI que se agotan después de 365 días terminan con una denegación de incapacidad permanente (PI), lo que obliga a regresar al trabajo después de un año de ausencia prolongada. «Este resultado es especialmente preocupante en el ámbito de la salud mental. Entre quienes llevan más de 545 días de baja por este motivo, cerca del 80% no accede a la incapacidad permanente y debe reincorporarse a su puesto o algún tipo de actividad laboral», explica el informe. Desde la perspectiva de la psicología del trabajo, esta situación «es demoledora: reincorporar a una persona que lleva un año y medio separada de su entorno profesional requiere un enorme esfuerzo de readaptación, muchas veces difícil de recuperar según la edad, la titulación y el tipo de tarea».



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