El acero sigue siendo hoy un material absolutamente insustituible
A sus 72 años, el gijonés de ascendencia navarra Javier Belzunce Vareña mantiene intacta la curiosidad y la pasión por aprender y divulgar que le acompañaron durante toda su trayectoria universitaria. Catedrático honorífico del Área de Ciencia de los Materiales e Ingeniería Metalúrgica de la Universidad de Oviedo, acumula casi medio siglo dedicado a la docencia y la investigación. Se jubiló con 47 años y 11 meses de servicio y continuará vinculado a la universidad oventense hasta final de este curso. Impulsor desde cero de una línea de investigación en materiales y simulación numérica en la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón, participa esta tarde en una actividad divulgativa organizada por la Academia de Ciencias e Ingeniería de Asturias en Grandas de Salime (Casa de Cultura, 18:00 horas), donde hablará sobre el hierro y el acero como materiales clave para el progreso de la humanidad. Es la primera de un ciclo de cuatro charlas que llevarán ciencia a Teverga, Pravia y Castropol.
[–>[–>[–>—Aprovechó usted la docencia, lleva en las aulas casi medio siglo.
[–> [–>[–>—(Risas) Aproveché bien la docencia, sí. En el acta de servicio de la Universidad de Oviedo me jubilé con 47 años y 11 meses, es decir, casi 48 años de servicio, y con los dos más que voy a estar, prácticamente llegaré a 50 años. Medio siglo, sí. Me gusta mucho la de la Universidad, sobre todo por los temas de investigación, aunque cada vez me está gustando más la docencia en sí y la Escuela.
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—¿Qué análisis hace de la investigación universitaria en Asturias?
[–>[–>[–>—Yo puedo hablar de nuestra área, la de materiales. Nosotros creamos un grupo de investigación sobre simulación, algo que significa simulación numérica de materiales y modelización de materiales, componentes y estructuras. Nos dedicamos primero a seleccionar los materiales más adecuados para diferentes aplicaciones de ingeniería, sobre todo aplicaciones mecánicas, que son la gran mayoría. Luego tenemos dos áreas: el área de materiales y el área de mecánica de medios continuos, porque analizamos todos los procesos de simulación numérica con la idea de seleccionar el material más adecuado, optimizarlo y conseguir que funcione bien y no se rompa ni se deteriore durante el servicio. Creo que trabajamos bien.
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—¿Está satisfecho con los resultados de su investigación?
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[–>—Sí, porque además nosotros partimos de cero. Yo empecé en la Escuela de Ingenieros Industriales cuando se inauguró. Fui el primer profesor que hubo aquí de esta asignatura y entnoces no teníamos nada. Ahora tenemos un laboratorio con bastantes equipos y estamos haciendo cosas bastante interesantes.
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—¿Qué ha cambiado desde entonces?
[–>[–>[–>—Inicialmente en las escuelas de ingenieros había muy poca tradición de investigación. Yo estudié Ingeniería de Minas en Oviedo y prácticamente no hacía investigación nadie. Los profesores trabajaban en empresas, daban sus clases y ya. Cuando yo empecé eso quería empezar a cambiar. En la Escuela de Ingenieros de Gijón empezamos con otro ambiente, más orientado a investigar y a colaborar con empresas. Queríamos hacer una investigación aplicada, no solo teórica, y poco a poco yo creo que ha ido bastante bien.
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—¿Pide más recursos para investigar?
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—En este momento, aquí recursos tenemos todos los que queramos. Una vez que llegas a un determinado nivel y montas un laboratorio, tienes un nivel semejante al de cualquier otro sitio. Siempre puede faltar alguna cosa concreta, pero se puede colaborar con otros laboratorios y no hay problema. Lo importante es tener gente con ganas de hacer cosas, gente formada y con ilusión.
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—Muchas veces se pide más dinero para investigar.
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—Eso pasaba hace 20 o 30 años, cuando había efectivamente muy poco dinero y los laboratorios estaban mal equipados. Hoy día no. Un laboratorio que lleva trabajando veinte años está perfectamente equipado y al nivel de cualquier otro sitio.
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—¿Y los alumnos? ¿Han cambiado?
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—Siempre se dice que vienen menos preparados. Yo creo que vienen preparados de manera diferente. Lo que pasa es que se ha masificado mucho la Escuela. Cuando yo estudiaba ingeniería estudiaba muy poca gente y las carreras eran muy complicadas. Hoy día es más fácil el acceso, pero también creo que explicamos cosas más útiles que antes. Antes algunas asignaturas eran difíciles porque, por decirlo de alguna manera, ponían trabas para que no aprobara la gente, no porque enseñaran mejor. Yo creo que ahora se enseña más. Lo que pasa es que antes venían solo los cuatro o cinco más listos y entusiastas y ahora viene mucha más gente, así que tienes un poco de todo, aunque los buenos siguen estando.
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—Si tuviera una varita mágica, ¿cambiaría algo de la educación universitaria?
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—Yo creo que la educación universitaria tiene que cambiar radicalmente. Con internet y la inteligencia artificial el cambio va a ser brutal. De aquí a diez años tiene que haber una transformación espectacular. Ahora tú puedes escuchar una clase impartida en cualquier sitio por el mejor profesor del mundo y todavía no estamos aprovechando todo ese potencial. Seguimos dando las clases como siempre, pero ahí tiene que haber un cambio revolucionario. No sé cómo ni cuándo, pero llegará.
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—La IA genera mucha controversia. Usted parece que piensa solo en sus bondades.
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—Claro. Hay que aprovechar lo que facilita la inteligencia artificial para que el aprendizaje no tenga fronteras. El problema es que las universidades públicas son muy rígidas y cuesta mucho hacer cambios, pero en este caso van a estar obligadas a hacerlo y bastante rápido.
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«El acero permite fabricar casi todo lo que utilizamos»
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—Ahora participa en una actividad divulgativa en Grandas de Salime. ¿Cómo lo vive?
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—La Academia de Ciencias e Ingeniería de Asturias hace cada año una revista e invita a varios investigadores a escribir sobre un tema específico. Yo he trabajado toda mi trayectoria en temas relacionados con el acero y elegí el tema «Hierro y acero: materiales que han propiciado el progreso de la humanidad». Aprovechando ese artículo, la Academia quiere hacer también divulgación, así que prepararemos una charla para el público general y además daremos una clase en un colegio.
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—¿Qué es lo que no conocemos de la aportación del hierro y el acero al progreso de la humanidad?
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—Quizá no nos damos cuenta de que la gran mayoría de los componentes que utilizamos se fabrican de acero. Mucha gente piensa que es un material antiguo y que ya hay pocas cosas que hacer con él, pero seguimos haciendo casi todo con acero. Para hacerse una idea: el último año se fabricaron en el mundo 1.900 millones de toneladas de acero. Si concentráramos todo ese acero en una barra de un metro por un metro y la extendiéramos, daría seis veces la vuelta completa a la Tierra. El acero está en los automóviles, barcos, trenes, carriles, edificios… Es muy difícil encontrar cosas que no se fabriquen de acero. Y además tiene las propiedades adecuadas y un coste suficientemente barato para hacerlo competitivo.
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—¿Existen muchos tipos de acero?
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—Sí. Hay miles de aceros distintos, tres mil o cuatro mil calidades diferentes, con propiedades completamente distintas unas de otras. Es una ciencia muy interesante y merece la pena divulgarla.
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—¿Y el hierro?
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—El hierro es un acero sin carbono. Digamos que es de donde salen los aceros, pero realmente lo que se utiliza es el acero. El hierro puro prácticamente no se usa.
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«La única empresa integral de acero de España está en Asturias»
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—En Asturias seguimos teniendo esa industria.
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—Sí. Hay que tener en cuenta que la única empresa integral que fabrica acero en España está en Asturias. Los únicos altos hornos que quedan, que son los que convierten el mineral de hierro en hierro, están aquí.
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—¿Por qué se mantuvo en Asturias?
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—La fabricación de acero produce muchísimo dióxido de carbono: por cada tonelada de acero se generan dos toneladas de CO2. Por eso en Europa y Estados Unidos está muy penalizada y gran parte de la producción se ha trasladado a Asia, sobre todo a China, que fabrica más de la mitad del acero mundial. También están creciendo India, Vietnam o Malasia, donde las regulaciones ambientales son menores.
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—¿La alternativa es el hidrógeno verde?
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—Claro. La idea es fabricar acero sin utilizar carbón, empleando hidrógeno verde generado con energías renovables. Eso sería ideal y técnicamente se puede hacer, pero hoy por hoy el coste es tan alto que resulta inviable. Quizá en el futuro, si baja el precio del hidrógeno o aumenta la energía renovable, pueda ser competitivo, pero ahora mismo no lo es.
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—¿Qué mensaje le gustaría que se llevara el público después de la charla?
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—Primero, que el acero es hoy por hoy un material absolutamente insustituible. La producción mundial sigue aumentando continuamente y en los últimos veinte años se ha duplicado. Muchas veces se habla de nuevos materiales, pero el acero sigue siendo el material fundamental, el más importante y el que permite fabricar la mayor parte de los componentes que necesitamos. Además es barato y tiene prácticamente todas las cualidades que uno puede pedirle a un material.
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