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«El ahorrador no es un masoquista, sino que ordena sus prioridades»

«El ahorrador no es un masoquista, sino que ordena sus prioridades»
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  • Publishedjulio 12, 2026




Esperar a que llegue dinero para empezar a ahorrar es, para Carlos Rodríguez Braun, la mejor manera de no hacerlo nunca. El economista publica junto a José Ramón Iturriaga «Ahora, ahorra», una defensa teórica y práctica del ahorro en diez argumentos, un libro que pretende rescatar una virtud milenaria y trasladarla a una sociedad acostumbrada al consumo inmediato, al endeudamiento y a la confianza en que el Estado solucionará el futuro.

«Tenemos que mirar hacia arriba», dice Braun. Su tesis no parte del hecho de que guardar es fácill ni que todos tengan el mismo margen. Al contrario, asegura que el libro también está pensado para quienes tienen dificultades para llegar a fin de mes. El error es creer que primero hay que tener dinero y luego ahorrar: «Si queremos tener dinero, tenemos que empezar a ahorrar cuanto antes. No es la cantidad lo que importa», sino la decisión de ganar autonomía sobre la propia vida.

El título contiene una urgencia: No mañana, sino ahora. Para sus autores, ahorrar no equivale a vivir peor, sino a desplazar parte del consumo hacia el futuro. Braun invoca el “milagro del interés compuesto” para explicar que la renuncia presente puede convertirse en una mayor capacidad de elección. El ahorrador, insiste, no es masoquista: organiza el tiempo y las prioridades.

El libro combina dos registros. La primera mitad ofrece una Defensa económica, política y moral del ahorro.; el segundo entra en el ámbito de la planificación, la inversión, los fondos, los planes de pensiones o la vivienda. En este aspecto práctico se reconoce especialmente la perspectiva de Iturriaga: antes de elegir un producto hay que definir para qué se ahorra, qué horizonte tiene cada uno y qué riesgos puede asumir. No existe una solución financiera única para todos.

Profesionalizar las decisiones

Braun lo resume con una frase de su coautor: «Es mejor ahorrar juntos». Iturriaga pone el foco en pprofesionalizar las decisionesrealizar una radiografía del patrimonio y mantener una hoja de ruta. El asesor no se limita a elegir activos: ayuda a evitar que el miedo lleve a vender durante una caída o que la euforia le empuje a asumir riesgos incompatibles con su proyecto de vida.

La crítica política de Braun es más aguda. Considere que el La fiscalidad, la deuda y las políticas monetarias expansivas penalizan al ahorrador. La deuda de hoy, advierte, son los impuestos del mañana; y las tasas de interés artificialmente bajas reducen el rendimiento de los ahorros y alientan las burbujas.

«Hay que ahorrar a pesar del Gobierno», incluso cuando el marco institucional es hostil»

De ahí su conclusión más enfática: «Hay que ahorrar a pesar del Gobierno» incluso cuando el El marco institucional es hostil. También cuestiona lo que llama «keynesianismo cañí»: la creencia de que, si el ciudadano no consume, la economía se paraliza.

Él El ahorro, responden los autores, no desaparece, sino que puede transformarse en inversión, capital productivo y crecimiento futuro. La oposición entre ahorrar y sostener la actividad económica sería, por tanto, un falso dilema.

El envejecimiento demográfico convierte la discusión en algo más que teoría. Braun no afirma que la Seguridad Social vaya a quebrar, porque el Estado siempre puede subir impuestos o modificar prestaciones. Sí, él cree que El desequilibrio obligará a combinar más cargas con pensiones menos favorables.. Por eso es recomendable crear un complemento privado lo antes posible.

Su diagnóstico es provocativo: el sistema público no sería un sistema de ahorro, sino un sistema de distribución. Los trabajadores actuales financian a los pensionados actuales y las condiciones dependen de decisiones políticas. Ante esto, Braun defiende Mecanismos en los que cada ciudadano acumula su propio capital durante décadas. También lamenta que los sucesivos gobiernos hayan reducido el atractivo fiscal de los planes privados.

La aportación práctica de Iturriaga introduce matices respecto a cualquier receta automática. Un plan de pensiones puede ser adecuado para una persona y no para otra. La edad, la familia, los ingresos, las metas y el horizonte temporal cambian la respuesta. El ahorro es el punto de partida; Invertir requiere diversificación, paciencia y apoyo.

De ahí otra batalla del libro: La Bolsa de Valores no es un casino. En el casino, señala Braun, las probabilidades son fijas; En el mercado se adquieren acciones de empresas que crean riqueza. El problema aparece cuando se confunde invertir con compra y venta compulsiva. Los errores habituales son empezar tarde, darse por vencidos asustados durante las crisis y concentrar demasiada riqueza en la vivienda, una inclinación muy española.

«Ahora, ahorra» no propone acumular por acumular. Abordar la idea provocativa de «morir con cero», Los autores abogan por la planificación tanto del ahorro como del gasto, incluido el deseo de ayudar a los hijos o dejar una herencia. El propósito del dinero no es encerrarlo, sino convertirlo en tiempo, seguridad y libertad.



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