Economia

El algoritmo quiere tu despacho

El algoritmo quiere tu despacho
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  • Publishedfebrero 23, 2026




La historia económica está marcada por una constante en la que cada gran innovación tecnológica suscita miedo más que entusiasmo y hoy ese papel lo ocupa la inteligencia artificial. La realidad es que, desde la automatización de procesos administrativos hasta modelos generativos capaces de escribir textos, programar o analizar datos complejos, la IA ha surgido con una velocidad desconcertante y, como en toda revolución tecnológica, hay sectores que sienten que el suelo tiembla bajo sus pies.

Un ejemplo entre muchos es que se propone modificar el código penal para tipificar un delito de intrusión digital como proponen algunos grupos de profesionales, cuando la IA se utiliza para realizar funciones de asesoramiento sin la supervisión de un profesional registrado. Y el miedo a perder el trabajo no es una reacción irracional, sino profundamente humana porque cuando un algoritmo puede realizar en segundos tareas que antes requerían horas de trabajo calificado, es lógico preguntarse qué espacio quedará para las personas. Aquí la pregunta que está en el aire es quién pierde dinero cuando se utiliza la IA para determinados trabajos, aunque prohibirla no va a frenar eso ya que intentar hacerlo o levantar barreras artificiales sería, además de ingenuo, inútil porque no se pueden poner puertas al campo.

De esta forma, profesionales del ámbito creativo, del análisis financiero, del derecho o incluso de la educación observan cómo las herramientas basadas en IA realizan parte de su trabajo con una eficiencia sorprendente. El miedo no es sólo económico, sino que también se basa en la identidad, ya que muchas personas construyen su autoestima y su sentido de propósito en torno a su profesión y cuando la tecnología puede hacer lo mismo, mejor o más rápido, la amenaza se percibe como existencial.

La clave no es frenar la innovación, sino adaptarse a ella, aunque el problema surge cuando esa adaptación no es inmediata ni equitativa ya que no todos los trabajadores tienen la misma capacidad de reciclaje profesional. El profesional no debe enfrentarse a la IA, sino integrarla como herramienta de apoyo bajo la supervisión de un humano experto en la materia. La IA puede acelerar procesos, sugerir soluciones y ampliar las capacidades analíticas, pero aún requiere juicio, experiencia y responsabilidad, atributos que no se programan fácilmente. Porque, en definitiva, esos mismos profesionales que hoy temen ser desplazados serán quienes incorporen la IA a su práctica diaria para trabajar mejor, más rápido y con mayor valor añadido, de modo que la IA no va a sustituir a todos los profesionales, sino que serán ellos mismos quienes lo hagan, ya que el profesional que confíe en la IA sustituirá a los que no.

La IA genera miedo porque altera el equilibrio conocido, pero también abre oportunidades sin precedentes como liberar tiempo de tareas repetitivas, aumentar la productividad y permitir a los profesionales centrarse en actividades de mayor valor añadido. Por tanto, el riesgo real no es que la IA exista, sino que como sociedad no sepamos gestionarla y la cuestión no es si la tecnología sustituirá puestos de trabajo, sino si seremos capaces de acompañar a las personas en la transición hacia los nuevos que inevitablemente surgirán.

Juan Carlos Higueras es doctor en Economía y vicedecano de EAE Business School



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