El asesino de Sueca, a su hijo: «Tranquilo, que no me suicido. Voy al cuartel para pagar en años de cárcel lo que he hecho»
Cualquier narración del testigo de un asesinato resulta escalofriante, pero cuando las palabras brotan de la boca de un niño de 13 años, el autor es su padre y la víctima, su mejor amigo, un crío de la misma edad que él, el relato resulta aterrador. Y eso exactamente es lo que inspira el testimonio del hijo del presunto asesino de Álex, el niño acuchillado y golpeado hasta la muerte en Sueca en la tarde del 24 de enero pasado por razones que ni siquiera Juan Francisco M. F., el autor confeso del brutal crimen, ha querido explicar.
[–>[–>[–>El menor, tal como ha informado este diario, prestó declaración de manera telemática este martes a través de la cámara Gesell de la Ciudad de la Justicia de Valencia ante el juez de la plaza 4 de la Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia de Sueca y de las partes personadas en la causa, esto es, el fiscal, la abogada de la familia de Álex, Paloma García Jiménez, y el letrado que defiende al acusado, Pau Lloret. Así, el niño repasó minuto a minuto, como ya hiciera ante la Guardia Civil, lo que sucedió aquella tarde en su casa, en la calle Trinquet Vell de la capital de la Ribera Baixa, cuando, como cualquier otra tarde, jugaba a videojuegos con su mejor amigo en su habitación, justo antes de que su vida cambiase para siempre tras presenciar cómo su padre mataba a cuchilladas y golpes a Álex.
[–> [–>[–>«¡¡¡M., ayúdame; ayúdame, M.!!!»
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Ese sábado, Álex llegó a las cinco de la tarde, media hora antes de la pactada, para pasar la tarde jugando a la Playstation. Una hora después, sobre las 18.00 horas, cuando andaban enredados con la compra de una tarjeta de 25 euros para Fortnite, uno de los juegos más utilizados por los adolescentes, que les llevaba dando error un rato, Álex se levantó. «Me dijo que se iba al baño. Le dije que después podíamos jugar a los dardos, pero él dijo que prefería seguir» con la Play.
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Mientras su amigo salía de la habitación, el hijo de Juan Francisco se puso los auriculares y empezó una partida al GTA (Grand Theft Auto), un videojuego de acción que consiste en robar coches y cometer acciones criminales. Apenas cinco minutos después y pese a los cascos, escuchó «gritos y golpes que venían del baño». Escuchó cómo Álex, que le llamaba habitualmente por su primer apellido, le pedía ayuda con un grito desesperado: «¡¡¡M., ayúdame; ayúdame, M.!!!». Fue a ver qué ocurría.
[–>[–>[–>Cuando estaba llegando, vio a su padre golpeando con fuerza con el bate algo en el interior del aseo. Creyó que «eran mi amigo y mi padre matando una rata en el baño». Cuando se asomó, fue consciente de que a quien golpeaba era al niño. «¡¿Qué estás haciendo?!», le gritó, mientras lo sujetaba «por la cintura y por los brazos», en un intento estéril por detenerlo y salvar a su amigo. «¡No le hagas más daño, por favor!», aún le insistió, desesperado. Pero nada lo paró. En ese momento, vio cómo su padre se agachaba sobre el chico y descargaba lo que él creyó «un fuerte golpe en el pecho» de su víctima. Cuando Juan Francisco se apartó, su hijo ya solo vio el cuerpo ensangrentado de su amigo, boca arriba. Ese último «golpe» que describe el niño es la cuchillada final que causó la muerte a su amigo.
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«Lo he perdido todo, me lo van a quitar todo»
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«¿Qué has hecho?», le interrogó el menor. En ese instante, temió que él fuese el siguiente y le imploró que no le hiciera nada. Su padre, recuerda, le respondió con un «a ti no te voy a hacer daño». Luego, se fueron a la cocina «a beber un vaso de agua». El adolescente le dijo a su progenitor que quería volver a ver a Álex, probablemente porque ni siquiera había empezado a procesar la brutalidad que acababa de presenciar. Su padre lo frenó. «Me dijo que era mejor que no fuese, que no lo recordase así». Después, no hubo frases de arrepentimiento o compasión hacia su víctima, sino de lamentos sobre su futuro con frases como «se acabó, ya lo he perdido todo, me lo van a quitar todo», ha vuelto a recordar el niño en su comparencia ante el juez.
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[–>A partir de ahí, le pidió que «recogiese sus cosas y las metiese en una mochila, porque iba a llevarme a casa de mis abuelos». En el coche, volvió a lamentarse, pero acusando a su exmujer y madre del menor de su propia acción. Su hijo recuerda que empezó a lamentarse de su suerte, diciendo «cómo he podido hacer esto. ¡Cuánto daño me ha hecho tu madre. Ahora ya tiene lo que quería».
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El niño, cuando lo dejó a la puerta del piso de sus abuelos, temió lo peor. «No te suicides, por favor», le rogó. La respuesta fue clara: «Tranquilo, que no voy a suicidarme. Me voy al cuartel a entregarme y a pagar en años de cárcel lo que he hecho».
[–>[–>[–>[–>[–>[–>«Mi padre acaba de matar a mi amigo Álex»
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En su declaración, la misma que ya había prestado ante los investigadores del Equipo Mujer-Menor (Emume) de la Comandancia de Valencia al día siguiente del crimen, el niño contó que subió corriendo los escalones hasta el sexto piso, donde residen los padres de su padre, sin pararse siquiera a esperar al ascensor y que, cuando le abrieron la puerta, hecho un manojo de nervios, entró gritando «mi padre acaba de matar a mi amigo Álex».
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El pequeño aún dio dos claves más, que su padre le había dicho en alguna ocasión «tu amigo no me cae bien», en referencia a Álex, y que este le había confesado que «tenía miedo de mi padre, pero nunca me dijo por qué».
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Juan Francisco M. F. llegó al cuartel de Sueca a las 18.15 horas. A los dos guardias que había en la puerta les espetó: «Ponedme las esposas, que he matado a un chico». Cuando le pidieron explicaciones, dio la dirección de su casa, donde yacía el cuerpo sin vida de su víctima, y volvió a acusar a su exmujer: «Desde que nos separamos, me está haciendo la vida imposible».
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«Me he rayado unos segundos»
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A su padre, con quien se entrevistó brevemente en el cuartel, se limitó a decirle que «se arrepentía» y que no sabía por qué. Cuando el hombre le preguntó «qué culpa tenía el niño», Juan Francisco M. F., de 48 años y bibliotecario en Algemesí, se limitó a responder «ninguna» y a escudarse en que «se había rayado unos segundos» y a pedirle que le perdonase. Salvo esas confesiones espontáneas, no ha vuelto a hablar. Se acogió, por consejo de su entonces letrado, a su derecho a no declarar, en la Guardia Civil, primero, y en el juzgado, después.
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Su actual abogado defensor ya ha informado al juez de que el presunto asesino ha decidido poner a disposición de los padres de Álex su casa y su motocicleta, como parte de la responsabilidad civil que acompaña a todo delito, aunque, al parecer, la madre del menor ha rechazado de plano la propuesta.
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