el auge del “sleep banking” choca con la ciencia del sueño
Dormir mejor ya no es sólo una cuestión de salud, sino también de productividad. En este contexto, ha ganado popularidad el llamado banco de sueño: la idea de acumular horas de descanso antes de periodos de estrés o privaciones. ¿Pero puedes realmente ¿“salvar” un sueño como si fuera dinero?“Dormir no es sólo descansar”, explica Eros Moreno, especialista en neurofisiología clínica del Hospital de Ourense. Ahora sabemos que durante la noche se activan mecanismos esenciales: reparación cerebral, regulación hormonal, fortalecimiento del sistema inmunológico e incluso eliminación de toxinas. “Dormir bien, entre siete y ocho horas, mejora el estado de ánimo, las capacidades cognitivas y la salud cardiovascular”.
El “sleep banking” no funciona, es mejor ahorrar euros
La teoría del banco de sueño sugiere algo aparentemente lógico: si prevemos un periodo de unas horas de descanso, un examen, un viaje largo o una carga de trabajo intensa, bastaría con dormir más en los días anteriores para compensar. El problema, según los especialistas, es que el cuerpo no funciona así. «Se transmite la idea de que podemos acumular sueño y lo usaré más tarde, pero es falso«, advierte Moreno. No hay ningún depósito de ensueño. En la misma línea se pronuncia la psicóloga Marta del Villar, que destaca que el descanso está condicionado por mecanismos biológicos difíciles de manipular. Nuestro sueño depende del ritmo circadiano, del ciclo natural del día y de la noche y de la presión del sueño. No podemos gestionarlo libremente como si de una cuenta bancaria se tratara. «
Intentar dormir más de lo necesario, añade, no sólo es complicado, sino que puede tener efectos contraproducentes: si cambiamos nuestros horarios, alteramos el sistema. Entonces es difícil volver a un patrón estable. Es algo parecido al desfase horario. Fuera del laboratorio, la percepción ciudadana combina intuición y experiencia. Durante una conversación improvisada en la calle, pocas personas afirman dormir bien. “Me cuesta conciliar el sueño y me despierto varias veces”, dice una joven. A su lado, otra mujer admite que apenas puede trabajar cinco horas al día. “Lo intento, pero no puedo”.
“Lo que no duermes, no se recupera”
Las causas se repiten: Estrés, largas jornadas, uso del teléfono móvil. antes de acostarse o incluso factores fisiológicos como la menopausia. “Vivimos rápido”, resume un hombre. «Esto tiene consecuencias perjudiciales». En cuanto a las reservas de sueño, el escepticismo está generalizado. “Lo que no duermes, lo pierdes”, dijo sin dudar una mujer. Otro está de acuerdo: “Tratar de recuperarlo durmiendo más sólo te desestabiliza”. » El auge de estas tendencias refleja una creciente preocupación por el descanso, pero también cierta confusión. Como nos recuerda Moreno, el objetivo no es dormir más, sino dormir mejor. “Lo importante es mantener un horario regular, evitar las pantallas antes de dormir, realizar actividad física y dejar que el sueño siga su ciclo natural”. Este ciclo incluye diferentes fases, superficial, profunda y REM, que son fundamentales para funciones como la memoria o el rendimiento cognitivo. Interrumpirlos o cambiarlos artificialmente puede tener más impacto que una noche corta específica. Del Villar destaca que cada persona tiene necesidades diferentes, pero hay una base común: la regularidad. No se trata de compensar, sino de ser coherentes con nuestro ritmo de vida. “Y si hay problemas persistentes acudir a un especialista”.
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