El bien común en tiempos de individualismo
Hay ejemplos deportivos que sirven para explicar fenómenos mucho más complejos de nuestra sociedad. El caso de Kylian Mbappé puede ser uno de ellos. La llegada de uno de los mejores futbolistas del mundo al Real Madrid estuvo rodeada de expectativas, cifras astronómicas y una atención mediática descomunal. Sin embargo, el rendimiento individual no siempre garantiza el buen funcionamiento colectivo. A veces, incluso, puede terminar convirtiéndose en un problema para el grupo. Nuestro paisano Luis Enrique lo anticipó, a su manera, con claridad.
[–>[–>[–>En todos los ámbitos existen figuras capaces de acaparar focos, titulares y reconocimientos. Personas que parecen imprescindibles porque destacan por encima del resto. Pero ningún proyecto sólido se sostiene únicamente sobre una individualidad, por fulgurante que esta sea. Por eso, conviene reivindicar el papel imprescindible de los ingratamente llamados «todoterreno», los «gregarios» –si se quiere– en el argot ciclista. Son esa gente que, desde la discreción y el trabajo diario, consigue que las cosas funcionen. No suelen ocupar portadas ni recibir elogios públicos, pero mantienen en marcha los equipos, empresas, instituciones e incluso la vida cotidiana. Puede que no deslumbren, pero muchas veces son ellos quienes terminan iluminando el camino.
[–> [–>[–>Su mérito, además, va más allá de su propio trabajo: hacen posible que otros nos impacten con su lustre y calculada empatía. Sostienen ese entramado anónimo que permite la aparición de los líderes visibles. Sin su esfuerzo silencioso, ningún referente podría mantenerse demasiado tiempo en lo más alto. Hacen posible lo que otros celebran.
[–>[–>[–>
Frente a esto, la exaltación de la individualidad se ha convertido en uno de los grandes rasgos identitarios de nuestra época. Se premia destacar, sobresalir y convertir cada logro en una exhibición pública. Las redes sociales –cómo no– amplifican esa tendencia hasta transformar la vida cotidiana en un escaparate permanente. Un altar virtual donde no importa tanto lo que se hace como la capacidad de mostrarlo, generando un tráfico de conceptos inconexos.
[–>[–>[–>Al mismo tiempo, se ha ido debilitando la noción de objetivo compartido. En una sociedad marcada por la rapidez, la competencia y el éxito personal, el concepto de bien común parece haber quedado en segundo plano. Muchas veces olvidamos que detrás de cualquier éxito importante suele haber personas anónimas que trabajan sin alimentar su ego y que mantienen una visión colectiva de las cosas. Nunca figuran pero nunca faltan, sostienen el mundo en silencio. Invisibles imprescindibles.
[–>[–>[–>
El trabajo en equipo atraviesa una crisis evidente: nos cuesta trabajar en grupo coordinadamente. Lo vemos a diario. Sobresalen las figuras, mientras cuesta reconocer a quienes sostienen el funcionamiento del conjunto. Los grandes proyectos, igual que los grandes equipos deportivos, no se construyen solo con estrellas, sino con personas dispuestas a aportar sin necesidad de protagonismo.
[–>[–>
[–>La pandemia de covid-19 dejó una lección difícil de olvidar: la salud individual depende también de la salud colectiva. Durante aquellos años, médicos, profesores, trabajadores esenciales y voluntarios, demostraron que la cooperación puede marcar la diferencia en momentos de crisis. Hoy, ese mismo espíritu resulta insustituible para afrontar desafíos como el cambio climático, la desigualdad o el acceso a la vivienda.
[–>[–>[–>
No se trata de renunciar a un líder responsable y organizador, a un timonel que marque la dirección para remar todos a un tiempo, pero se hace necesario abrir el campo visual para poner en valor el esfuerzo grupal, siempre superior a la suma individual.
[–>[–>[–>Quizás haya llegado el momento de valorar más a quienes hacen posible el éxito colectivo y menos a quienes convierten cada logro en una demostración individual. Debemos detenernos a pensar de qué manera está engrasada la maquinaria, porque ninguna sociedad puede avanzar de verdad si olvida que el progreso común siempre es mucho más valioso que el brillo individual.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí