El bonito pueblo de Teruel donde es imposible pasar frío en invierno por lo mucho y bien que se come
Teruel es una de las provincias más altas y frías de España, con récords de temperaturas bajo cero, de hasta -30 grados. La capital turolense, Calamocha y (ya en la vecina ciudad de Guadalajara) Molina de Aragón forman la denominada Triángulo de hielo, donde mas rascar en todo el país. Y en la Sierra de Gúdar, al sureste de Teruel, tampoco es que haga calor: el 12 de enero de 2021, tras el paso de la borrasca Filomena, los termómetros casi bajan: ¡mediron -28,3 grados! En la Sierra de Gúdar se encuentra Mora de Rubielos, una ciudad preciosa donde es imposible pasar frío, no porque no haga frío, sino porque allí locales y extranjeros ingieren una enorme cantidad de calorías. Y todo, excelente: trufa negra, jamón de Teruel DOP, caviar, cordero de Aragón, Suspiros de Mora, bollos tumbados… Prueba de la abundancia y calidad de la comida en Mora de Rubielos es que fue el primer municipio aragonés admitido en la Red de Ciudades Gastronómicas de España (pueblosgastronomicos.com).
TRUFAS DEL RÍO PILAS
Desde la capital turolense se puede llegar rápidamente a Mora de Rubielos por la carretera mudéjar (A-23), desviándonos en el kilómetro 92 y continuando un corto tramo por la A-232. A ambos lados de la carretera se pueden observar arboledas de pequeños robles que crecen de forma ordenada, en hileras e hileras. No es que el duro clima les impida seguir creciendo. Tampoco se trata de reforestación. Son cultivos arbóreos micorrizados que, al octavo año después de su plantación, comienzan a producir trufas negras (Tuber melanosporum) y generan importantes beneficios a todo aquel que se mueve por ellos, porque por un kilo pueden pagar hasta 600 euros.
Es raro el que no tiene un pequeño campo y un monte en la montaña. Perro entrenado para buscar este tesoro invernal. Y raro es el viajero que, al llegar a Mora de Rubielos, no se acerca a la tienda Las Truficas del Río Pilas, junto a la Plaza Mayor, para ver, oler y comprar trufas negras frescas –es un producto de invierno, insistimos– o uno de los cientos de cosas que elaboran aquí: mermelada, aceite, sal, chocolate, miel, queso, escalivada, mousse. hígado, golosinas de setas, salsa tartufata, brandy para cocinar… El diminutivo trufas Es muy aragonés. Esto no significa que sean pequeños ni tampoco baratos. la botella de ginebra de trufa negra, Por ejemplo, cuesta 100 euros. Por supuesto, huele a gloria bendita. Así es como debe verse el paraíso de los perros truferos. Está claro que esta empresa familiar no utiliza aromas alimentarios, como hacen otras, sino trufas auténticas.
TRES ROLLOS MENTIROSOS Y DOS ENORMES MONUMENTOS
En la misma Plaza Mayor se encuentra El Horno de Mora, un buen lugar para calentarse comiendo pan cocido en horno de piedra, algunos Mora suspiros – dulzura típica elaborado con huevo, mantequilla, azúcar y queso, o un rollo de filou. La capa exterior caramelizada de este último puede sugerir que se trata de una bomba pegajosa. Gran error: por dentro está hueco; de ahí su nombre. Mejor aún, podemos comer de dos en dos o de a tres con la conciencia tranquila, mientras que aquellos que se inscribieron con nosotros para el Visita guiada por la ciudad que comienza a las 11:15 horas. Una visita de casi dos horas de duración encabezada con sonrisa sabia por Consuelo Blesa, directora de la oficina, y que incluye dos formidables monumentos: el antigua colegiata de Santa María la Mayor y castillo-palacio de Fernández Heredia.
La antigua colegiata es claramente excesiva para un barrio de 1.752 habitantes, aunque todos fueran a misa: tiene la segunda nave gótica más ancha de España, después de la de Girona: ¡23 metros! –. Pero el mayor monumento de Mora y de toda la comarca de Gúdar-Javalambre es el castillo que preside la localidad, de finales del siglo XIV, y que cuenta con un magnífico patio porticado y arcos apuntados, de 800 metros cuadrados. Y también es el más divertido de visitar, porque es el hogar de la mayor colección de máquinas de asedio del mundo, con cien reproducciones fieles de arietes, catapultas, balistas, trabuquetes…
‘COMIDICA’ EN EL RICONCICO
Subir y bajar las escaleras del enorme castillo despierta un gran apetito, por muchos panecillos, suspiros y pan tradicional que hayas desayunado. Para calmar el virus del estómago, nada como el restaurante El Rinconcico (elrinconcico.com), donde a pesar del diminutivo, podrás encontrar multitud de platos fabulosos. El propietario, Rubén Arenere, nos recomienda prueba las “huevicas” de los “sturgeoncicos” criados en el río Mijares allí al lado, en el vecino municipio de Sarrión. Es decir, caviar. O “caviarico”, como lo llama Rubén. En El Rinconcico lo sirven en algunas huevos fritos con parmentier patata y tocino, y, tras removerlo todo bien, el plato no puede quedar más suculento ni más rico. Es tan, tan, tan rico que el resto de cosas que propone y evoca Rubén -la carpacho de pechuga de pato pato con hígado, guiso de garbanzos de Miguel, paletilla de cordero aragonés al horno, manitas de cerdo con salsa de setas, tarta de queso y sorbete gin tonic– siguen siendo ricos, ricos, nada más. EL Guía Michelin recomienda este restaurante como Bib Gourmand por su buena relación calidad-precio y no le des una de sus codiciadas estrellas porque no es un sitio sofisticado.
PASEO ENTRE GIGANTES Y JAMÓN
Después de comer siete platos en Rinconcico y deducir que eso es lo habitual por estos lares, porque otras mesas hacen lo mismo, al viajero no le sorprende el tamaño y la corpulencia de muchos de los vecinos que encuentra dando un paseo digestivo por el casco antiguo, hasta el punto de que apenas caben en los asientos. puertas de la antigua ciudad fortificada: el Portal de la Cabra, el Portal de Alcalá, el Nuevo de Rubielos… El grandullón que pasa por estos arcos diez o doce veces al día y otras tantas se detiene en la plaza de la Villa para charlar con un vecino -a “tirar una cesta”, como dicen en Aragón- es Hugo Arquímedes Ríos, el alcalde. Sin embargo, para gente alta y fuerte, los propietarios del secadero de Sierra de Mora (La Soledad, s/n), donde Hugo Arquímedes Ríos, como experto en su pueblo, nos aconseja ir antes de salir del pueblo para Rellenar el cofre con jamones de Teruel. “Jugaban al balonmano”, explica el alcalde, “un deporte al que nosotros, los Morano, tenemos un físico adecuado y al que le sentimos muchísimo cariño: aquí somos 140 jugadores unidos”. Es realmente impresionante verlos: ellos y los jamones colgados de los colgadores altos y estanterías. En Mora hay cuatro secaderos ¡como éste, en el que se curan 150.000 jamones!
CENA Y ACOSTARSE (DESPUÉS DE VER LAS ESTRELLAS)
El final de una jornada gastronómica casi perfecta es cenar en Masía La Torre (masialatorre.es) y hacerlo mientras disfrutamos de unas migas, una paletilla de cordero y un fluido turrón con helado de chocolate blanco. Así que, antes de acostarse en este espléndido hotel rural, para dormir -o lo que sea- en el silencio de una bóveda, merece la pena salir un momento a observar uno de los cielos más estrellados de España., que por alguna razón este rincón de Teruel tiene la certificación de Reserva y destino Starlight desde 2016. Para este último, observar las estrellas, existe 24 miradores en la comarca de Gúdar-Javalambre y uno de ellos se encuentra a apenas cuatro minutos en coche desde Mora de Rubielos, en el kilómetro 19 de la autovía A-228, junto al embalse de Tosquillas.
Otra conclusión perfecta es una cena en Melanosporum, el restaurante del hotel La Trufa Negra (latrufanegra.com), que también es un buen alojamiento, más urbano que el anterior, de categoría superior: cuatro estrellas. El menú degustación consta de ocho pases, todos con trufa negra. Si somos carnívoros, el lingote de ternasco aragonés nos encantará parmentier chirivías, salsa Périgord y trufa negra. Si nos gusta más el pescado que la carne, el lomo de esturión al Sarrión con salsa de apio y cava con trufa negra gratinado.
Y si tenemos curiosidad, nos registraremos en la recepción del hotel para ir al día siguiente a ver cómo buscan trufas en la carta. La búsqueda de este tesoro invernal se realiza con perros adiestrados en Masía El Olmo y el éxito está asegurado porque Esta región es la principal productora de trufa negra del mundo.
DE MORA DE RUBIELOS A RUBIELOS DE MORA
Al día siguiente también podemos ir a esquiar o trineo en la estación de Javalambre-Vadelinares, que en realidad son dos, uno situado a 40 kilómetros al suroeste de Mora de Rubielos y otro a 27 kilómetros al noreste. Ambos son pequeños y familiares. Para los esquiadores principiantes, Javalambre es mejor. Para los de cierto nivel, Valdelinares. Otro plan activo, ideal para no pasar frío, es hacer senderismo: hay Más de 600 kilómetros de carreteras señalizadas. en la comarca de Gúdar-Javalambre. Siguiendo las marcas blancas y amarillas del sendero PR TE-148: Pico de la Olmedilla, que comienza y finaliza en el kilómetro 24.700 de la carretera A-228, entre Mora de Rubielos y Alcalá de la Selva, veremos dos lugares sorprendentes: la cascada Ivy y Arch, una roca caliza en el que la erosión ha abierto una ventana monumental. Se trata de una ruta circular sencilla de 8,6 kilómetros y una duración aproximada de cuatro horas.
¿Y no hay un plan de calma? Sí, lo hay: descubre Rubielos de Mora, que está a sólo 10 minutos en coche de Mora de Rubielos y es una de las ciudades más bellas de España (lospueblosmasbonitosdeespana.org). Tampoco come mal. Sobre todo, en Portal del Carmen (rubielos.es), un antiguo convento de carmelitas descalzas donde, en verano, el almuerzo y la cena se toman en el claustro y, en invierno, al calor de la chimenea. Aquí comemos lo mejor de la región –trufa negra, setas, caza, etc.– y, para variar, arroz.
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