el colegio, el móvil, las redes sociales, los viajes o los cumpleaños”
Marta se separó hace un año. Tiene dos hijos, y desde entonces su vida familiar se ha convertido en una sucesión de acuerdos, desencuentros y constantes renegociaciones. Lo que antes se resolvía de forma privada dependerá en el futuro de un documento firmado, con claves específicas. Y revisable. “Desde que nos separamos todo ha sido tenso, porque pensamos diferente, tenemos costumbres diferentes… y lo que antes era normal ahora genera conflictos”, explica. Por eso insiste en una idea que repite como regla general: ““Hay que dejarlo todo por escrito”.
Todo negro sobre blanco
En su caso, el acuerdo entre padres e hijos detallará prácticamente todos los aspectos de la vida diaria de sus hijos: escuela, excursiones, viajes, cumpleaños, gastos extraordinarios, uso del celular o redes sociales. “Puse todo en ello”, resume. Y no sólo obvio. También decisiones que, hasta hace poco, se consideraban ajenas a un acuerdo legal: desde cuándo un menor puede tener móvil o redes sociales, hasta actividades extraescolares, el uso de determinados dispositivos o incluso cuestiones como tatuajes o autorizaciones relacionadas con conducta.
Los detalles que lleva el diablo
El fenómeno descrito por Marta no es aislado. María López, abogada de GLC Abogados, en Vigo, nos cuenta que, según su experiencia, los conflictos generalmente no surgen de grandes decisiones, sino de detalles cotidianos. «Hay que escribir más cuando se habla de separación. Si hay hijos, mucho más y de forma clara», subraya. Y resume su recomendación en el “regla de las tres C”: clara, concisa y concreta«Ahora mismo estamos hablando de cosas como la edad del primer teléfono móvil o el acceso a las redes sociales. Es un mundo nuevo para todos», explica. Lo mismo ocurre con las actividades extraescolares, que combinan educación, ocio y gastos económicos. El ballet, los idiomas o los deportes pueden convertirse en motivo de desacuerdo si no se acuerda previamente su financiación.
Legislar hasta el final
“Hay actividades que suponen un esfuerzo económico importante para uno de los padres”, explica María López. «Y si no se anticipa, el conflicto es casi inevitable. » «La religión no se salva». El abogado pone el ejemplo de parejas en las que uno de los padres es de tradición musulmana y el otro no. “Hay padres que, una vez separados, no se ponen de acuerdo sobre si el niño debe seguir asistiendo a una escuela católica”, explica. La complejidad aumenta con la aparición de nuevas parejas y familias reconstituidas. La convivencia deja de ser un patrón binario y se convierte en una red de relaciones en las que intervienen más personas y más criterios.
Acuerdos revisables
Es por esta razón que los acuerdos sobre medidas entre padres e hijos han dejado de ser documentos estáticos y se han convertido en acuerdos revisables. “Cambios de trabajo, mudanzas o nuevas necesidades económicas… La realidad siempre evoluciona más rápido que el papel”, reconoce María López. «Los acuerdos deben poder actualizarse». «Lo importante es que los niños no estén en el medio. De lo contrario acabas utilizándolos como mensajeros sin darte cuenta», concluye López.
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