El concejo asturiano de apenas 7.800 habitantes que ahora atrae hasta a una alta ejecutiva de Kirguizistán: «Esto es un paraíso»
Pravia es uno de los concejos asturianos con un saldo positivo en el intercambio migratorio. El último estudio de los movimientos migratorios del Instituto Nacional de Estadística (INE) así lo arroja. Al cierre de 2024, un total de 89 personas se mudaron del concejo, pero al mismo tiempo llegaron 190 personas desde otras provincias de España y del extranjero dando un saldo positivo en el flujo bidireccional de las migraciones. Unos datos a los que ponen cara cuatro foráneos que se han establecido en el municipio, en concreto en la zona rural. Además, todos ellos han impulsado negocios a través del grupo de desarrollo rural «Bajo Nalón». Gracias a ellos, y otros como ellos, Pravia cortó en 2025 su goteo de pérdida de población, situándose en 7.792 habitantes.
[–>[–>[–>Una de esas personas es Alexandra Beliba Polyakova, de Kirguizistán, quien ha iniciado la construcción de su vivienda y taller de cerámica en Villamuñín junto a su esposo y su hijo de 16 años. Llegaron a Asturias «buscando un paraíso» donde desarrollar su carrera artística tras 25 años viajando por el mundo como abogada y alta ejecutiva de empresas, especializada en la ampliación de mercados internacionales.
[–> [–>[–>«Estaba intentando llegar a ciertas ambiciones y fue cuando en una pausa obligada por una enfermedad entendí que la felicidad no consiste en eso, y me pregunté: ¿qué me hacía feliz? el arte; ¿dónde tendría que estar? en un paraíso… pues que sea Asturias. Vendimos la casa que nos habíamos hecho en Murcia, nos subimos al coche y desde el minuto cero sabíamos que nos íbamos a quedar y estamos ilusionados«, señala Beliba, de 46 años, quien reside en Artedo (Cudillero) mientras se construye su casa-taller.
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Beliba pasó del frenético ritmo de las multinacionales y los viajes a la calma de la naturaleza asturiana. Y la apuesta está saliendo mejor qué bien. La artista tiene una dilatada carrera como escultora desde joven, especializada en la técnica japonesa conocida como nerikomi, en la que el artista busca distintas tierras para crear los esmaltes que generan un efecto marmolado.
[–>[–>[–>En Villamuñín seguirá con su carrera artística y el taller también se abrirá a la sociedad. Tiene planes para colaborar con asociaciones y entidades no lucrativas «para descubrir lo que somos desde dentro». Esta semana han comenzado los trabajos de construcción en la finca y Beliba no puede estar más ilusionada: «No me voy a quitar el pijama de lunes a viernes, voy a vivir descalza con mis búhos», resume.
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Uber Isidro Gallego Alberti, junto a la estatua del Rey Silo en Pravia. / Sara Arias
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También buscando un lugar donde desarrollar su proyecto familiar llegó el uruguayo Uber Isidro Gallego Alberti a Pravia desde Mallorca, donde residió en los últimos años con su mujer y sus tres hijos tras haber puesto un pie en España por primera vez en 1998. Hizo muchas temporadas turísticas en las islas Baleares en un ir y venir a su país constante, con campañas también en Nueva York (Estados Unidos), de socorrista en Australia y como profesor de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte (INEF) en su país y en Argentina.
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[–>Finalmente, la familia se estableció en la comunidad balear, donde era guardés de varias fincas, pero con la pandemia llegó la idea de mudarse debido al alto coste de vida y la presión poblacional de la isla mallorquina. «Había venido antes de pasada a Asturias y decidimos venir cinco a días a ver, nos gustó la zona porque tiene todos los servicios necesarios y está cerca de la playa y la montaña, también del aeropuerto y bien comunicada por transporte», indica Gallego, de 53 años.
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La familia reside en Arborio, donde ha encontrado un lugar «de acogida y gente muy empática, que es lo que más necesita el migrante». En el pueblo praviano ha creado además una empresa de jardinería y servicios de mantenimiento con la que tiene la agenda llena, con trabajos por toda la comarca: «He sido un camaleón toda mi vida, yo muevo el timón y eso me ha dado capacidad de adaptarme y una flexibilidad que me ha permitido superarme muchas veces. No hay que tener miedo, hay que soñar», sostiene.
[–>[–>[–>Gallego se muestra feliz con su nueva vida en Pravia, donde el trabajo no falta y los conocidos comienzan a ser amigos. «Estoy muy agradecido por la empatía de los asturianos, nos han dado una acogida tremenda y eso es una motivación porque estamos en un sitio donde puedo progresar sin que me pongan palos en las ruedas. Pravia tiene todo para crecer como familia«, asegura.
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Adrián Fernández González, frente a la biblioteca municipal «Antón de la Braña». / Sara Arias
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También es uruguayo Adrián Fernández González, de 43 años, y vecino de Peñaullán desde hace cinco años. Llegó junto a su pareja desde la vecina Cantabria con el sueño de abrir un alojamiento rural: «Empezamos con la obra pero se dispararon los precios. Entonces, después de 20 años, volví a estudiar, hice la formación profesional de guía turístico y le di forma al proyecto del final del curso, una agencia de viajes receptiva en la que genero circuitos, excursiones, visitas guiadas y experiencias a medida para que los turistas conecten con la gente y el territorio», apunta Fernández.
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Ya tenía experiencia en el sector pues su abuela regentaba una agencia de viajes en Uruguay, a la que ayudó en sus años jóvenes guiando viajes por distintos países del cono sur mientras se sacaba la carrera de arquitecto técnico. Si bien, toda su actividad laboral hasta su llegada a España ha estado orientada a algo muy distinto, la danza. Llevó una academia de baile en su país y fue uno de los primeros instructores del programa «Zumba».
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Pero el ritmo de trabajo y el estrés con viajes por todo el mundo le hicieron parar: «Dejé todo. Necesitaba un año sabático, ser más consciente porque no paraba de trabajar, así que me vine solo con una maleta. Dejar mis pertenencias allí me enseñó que puedo volver a empezar cuando quiera», apunta.
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Fernández se muestra feliz con su vida praviana, donde se siente «como en casa» y donde se ha hecho muy conocido pues a su carácter amable y risueño se une una prenda que lo distingue del resto, una montera picona morada. Una pieza que llama la atención de los turistas abriendo la conversación a la cultura y tradición asturiana. «Me encanta todo lo que tiene que ver con el folclore y una cosa que me encanta es la arquitectura asturiana e indiana», celebra.
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Beatriz Natali Rivas Vargas, a la entrada del pueblo de Quinzanas. / Sara Arias
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En todo fenómeno de migración, el amor es uno de los motores que mueven estos flujos. Y eso le ha pasado a la venezolana Beatriz Natali Rivas Vargas, de 39 años, quien desembarcó en Quinzanas de la mano de un praviano al que conoció en Madrid. «Llegó la primera nena y decidimos trasladar aquí nuestro proyecto de vida dado que yo siempre había tenido la idea de emprender porque en Venezuela hay mucha cultura del emprendimiento», señala.
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Empezó trabajando cuatro horas diarias limpiando en varios hogares mientras desarrollaba un proyecto para abrir una ferretería online, a lo que tuvo que renunciar porque llegó una segunda maternidad. Y todo eso le hizo replantearse las cosas. «Tenía que conciliar y como ya iba teniendo todos los días llenos. amplié a jornada completa y así fui creciendo», explica sobre la empresa de limpiezas que puso en marcha en 2022.
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Está muy contenta de la decisión tomada y le va muy bien con el negocio: «Tengo incluso que decir que no a trabajos porque no voy a poder ir y también me está costando encontrar gente para contratar«, advierte. Rivas está completamente «feliz» con su nueva etapa en Pravia, en la que su suegra es una figura fundamental. «Me ayuda muchísimo», asevera.
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«A mí la adaptación no me costó porque soy una emigrante nata, ya había estado en Buenos Aires y eso te cambia la cabeza y te abre la mente; la apertura mental siempre es exitosa porque si tu mente se cierra el proceso va a ser doloroso y lo vas a pasar mal», recomienda a los migrantes. Ella es un ejemplo de ello, consiguiendo establecerse con éxito personal y profesional.
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Estos son cuatro de los rostros de la emigración en el concejo praviano, a donde han llegado buscando un lugar donde desarrollar sus proyectos vitales y laborales. Aquí han encontrado una tierra en la que se sienten acogidos y valorados. Y los cuatro apuntan a una casuística, Pravia y Asturias son tierra de emigración. Una diáspora que hace a los vecinos abrir los brazos a los nuevos habitantes. «Para mí, ese pasado es lo que les hace ser tan abiertos, en cualquier casa hay una historia de migración», concluye Gallego.
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