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El destino que no quiere ningún Guardia Civil

El destino que no quiere ningún Guardia Civil
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  • Publishedabril 4, 2026



la prensa de El motorista de la Guardia Civil de Carreteras es un icono en nuestras carreteras. Siempre han sido el espejo en el que se miran muchos candidatos: prestigio, presencia y un servicio fundamental para que todos vuelvan sanos y salvos a casa.

Sin embargo, algo está cambiando drásticamente dentro de la Benemérita. Lo que alguna vez fue un destino de ensueño se ha convertido ahora en una opción que muchos agentes prefieren evitar. Los lugares para patrullar nuestras calles quedaron vacíos. ¿Cómo puede esta unidad histórica vivir uno de sus momentos más críticos?

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El fin del prestigio histórico en la Guardia Civil

Fuente propia/IA

Durante décadas incorporarse a la Guardia Civil de Carreteras no fue fácil. Los agentes se sintieron parte de una élite dentro del taller, con formación especializada y respeto ganado con esfuerzo sobre el asfalto. Hoy ese esplendor parece haberse desvanecido. Ya no se ve como una recompensa, sino como una carga que no compensa. La última llamada encendió las alarmas ya que hay muchos problemas para cubrir las vacantes. Una situación casi sin precedentes en la historia de la institución.

Cuando una especialidad de tanta importancia comienza a perder el interés de sus integrantes, queda claro que el problema es sistémico. Muchos sienten que el sacrificio requerido para estar de viaje no vale la pena. con lo que reciben a cambio. El prestigio se ha diluido ante una realidad mucho más dura.

Patrullar las calles no tiene nada que ver con trabajar en la oficina u otros lugares de seguridad pública. No es solo el peligro de haber sufrido un accidente mientras perseguía a un infractor o ayudaba a un conductor. se trata de ser innumerables horas sobre el asfalto, respirando humos, soportando el ruido constante y, sobre todo, afrontando la incertidumbre de lo que te encontrarás en el próximo kilómetro.

Sólo en 2025 se registraron más de mil accidentes mortales con un número de muertos superior a mil cien personas. A esto hay que sumar casi cinco mil heridos que acabaron en el hospital. Así es el día a día de un guardia de tráfico civil. Son los primeros en llegar a escenas que nadie quiere ver. Deben gestionar tragedias, avisar a familiares y mantener la calma en situaciones caóticas. todo esto agotamiento físico y mental Debería tener una contrapartida económica y laboral a la altura, pero lo cierto es que muchos se sienten abandonados a su suerte.



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