«El día del libro». todos los días son
Como cada año «El día del libro» se convierte en una invitación a que todos los días lo sean y a que los buenos libros se conviertan en compañeros permanentes de nuestro tránsito vital.
[–>[–>[–>Esta vez tiene este «Día» un especial significado si atendemos a su cumpleaños centenario que lo será en estricta fecha el próximo octubre. Y es que en el 1926 un Real Decreto, publicado en la Gaceta de Madrid en febrero, firmado por Alfonso XIII a instancias de la entonces Cámara de Libreros de Barcelona, disponía que «el día 7 de octubre de todos los años se conmemore la fecha del natalicio del Príncipe de las letras españolas, Miguel de Cervantes Saavedra, celebrando una fiesta dedicada al libro español». El «natalicio» era aproximado, pues Cervantes había nacido el 9 de octubre. Pero no tiene desperdicio la disposición que se encabezaba con un: «Es el libro español sagrario imperecedero que difunde y expresa el pensamiento, la tradición y la vida de los gloriosos pueblos hispanoamericanos y plasma o perpetúa las concepciones del genio de la raza vigorizando sus energías y abriendo cauces de expansión al vínculo más indestructible de muchas generaciones hermanas». Nacía con evidente ambición de divulgador de las letras de una lengua común que anudaba lazos históricos a ambos lados del Atlántico.
[–> [–>[–>La fecha cambió con el tiempo. De octubre pasó a un mes más propicio para sacar a la calle los libros y la fecha del 23 de abril aunaba de nuevo el genio de Cervantes (esta vez su muerte) con la fiesta, aunque de nuevo no fuera exacta pues el «genio de las letras» murió el 22. Pero ahí estaban, de homenaje anual a don Miguel y a su criatura eterna «don Quijote», la fiesta de San Jorge, tan catalana con la presencia de la rosa que cada primavera con su efímera belleza eterna hacía necesario «con clara voz a cantar». A pesar de que, en otros lugares, Madrid incluido, se celebró el libro en días diferentes, la fecha del 23 de abril triunfó, uniendo además al genio «español» otro brillante, universal también, William Shakespeare, concordando con su muerte, tampoco exacta; y aún para que el mundo se redondeara con buenas letras se sumó la del inca Garcilaso de la Vega. Fueron geniales inexactitudes para un triunfo que desde 1995 recibió el aval universal de la UNESCO haciendo de la fecha una efeméride mundial.
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Los buenos libros nos salvan, aunque los hombres muchas veces los hemos condenado. Y no importa la edad cuando las enseñanzas son eternas. Sino lo creen, juzguen. Hace 2500 años más o menos, relataba el historiador Tucídides una guerra entre ciudades griegas que daría al traste con el brillo de la democracia que la Atenas del gran Pericles, fallecido entonces, nos legó. Lamentaba que entre un demagogo y un populista con afanes imperialistas convencieran a los atenienses para embarcarse en una invasión «fácil» que resultó nefasta contra Sicilia y para pisotear antes la independencia y la neutralidad de la pequeña isla de Melos que se negaba a someterse. Las razones de esto último tal vez las reconozcamos casi como propias: «vosotros habéis aprendido, igual que lo sabemos nosotros, que en las cuestiones humanas las razones de derecho intervienen cuando se parte de una igualdad de fuerzas, mientras que, en caso contrario, los más fuertes determinan lo posible y los débiles lo aceptan». Que la concordia sin rendición para el prepotente no sirve ya que «la amistad…sería una prueba manifiesta de nuestra debilidad, mientras que vuestro odio se interpretará como prueba de nuestra fuerza». Es la dinámica depravada del duro, del ambicioso al que le importan poco los acuerdos o las leyes de «derecho internacional compartido» que de nada valen ante la dinámica de las armas. ¿Hay hoy ejemplos de esto? No hace falta rascar mucho para encontrarlos. Nunca la incultura y la superficialidad deben sustituir la libertad de criterios de quienes no se dejan engañar por los mensajes simplones y fáciles. A veces no es tan sencillo entre tanto ruido saber dónde y con quién está «el lado correcto de la Historia» pues las buenas consignas pueden ocultar intenciones perversas. Lo supo Tucídides al describir aquella lejana contienda. ¿Lo sabemos aún?
[–>[–>[–>Pero aquí, entre nosotros, en este Día del Libro es preciso volver al caballero andante «desfacedor de entuertos», a don Quijote tan sabio y cuerdo en su lúcida locura. Mas, si cabe, en estos tiempos de «mandamases incultos» y populistas aprovechados que traen al mundo «como pollos sin cabeza» porque ni los pollos pensantes y listos les ponen freno.
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Cuánta falta nos hace a todos leer aquellos equilibrados consejos que el «loco» don Alonso Quijano le diera a Sancho su escudero cuando unos duques ociosos le prometieron al pobre labriego, en cruel broma, el gobierno de la ínsula de Barataria. No duró mucho el engaño, pero fue Sancho buen gobernador en lo poco que hubo. Llevaba en su haber sabias recomendaciones:
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[–>1. Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores, porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte, y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio.
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2. Mira, Sancho: si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que padres y agüelos tienen príncipes y señores, porque la sangre se hereda y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.
[–>[–>[–>3. Al que has de castigar con obras no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones.
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Bien les haría a muchos conocerse a sí mismos. La mudable fortuna hizo ricos de bolsa a algunos herederos del poder, pobres de cultura que nos gobiernan y no son capaces de emitir ni una idea de certera ni una buena locura. Antes bien nos conducen a guerras y quiebras, demagogias y personalismos que utilizan los males ajenos en beneficio propio; y así nos va. Feliz día una vez más. n
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[Tucídides. Historia de la Guerra del Peloponeso. Libros V-VI. Editorial Gredos. Madrid, 1992; Miguel de Cervantes Saavedra. Don Quijote de la Mancha. 2 T. Ilustraciones: Fray Rafael Fores. Ediciones Nobel. Oviedo, 2005]
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