El difícil activismo vegetalista
Cuesta llevar adelante una campaña a favor de las llamadas malas hierbas de los jardines, víctimas de una segregación que al final es de tipo moral y de clase, pues tiene enfrente a los amantes de los pulcros parterres, con sus bellas flores de alta gama, al honrado gremio de jardineros, a la industria de la floricultura y hasta a la cultura de las celebraciones, que suele usar flores de buena cuna. Pero siempre puede uno, a la espera de que cambien los tiempos, refugiarse en el activismo pasivo de la resistencia, demorando por razones estéticas la poda y decapitación floral de las trepadoras y arbustivas más bellas, como la calystegia de rotunda y blanca corola o la seductora rosa mosqueta, la primera deplorada por la cursilería del sistema por pura xenofobia y la segunda por su tendencia a formar racimos, como si venir de fuera o arrejuntarse para escapar de la soledad fuera delito.
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