Economia

El dinero digital y el miedo silencioso de la banca

El dinero digital y el miedo silencioso de la banca
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  • Publishedenero 12, 2026




La banca, además de servir para depositar nuestro dinero, actúa como un intermediario de confianza que garantiza que el dinero, por ejemplo, en una transferencia, pasa de una cuenta a otra de forma ordenada, haciendo el papel de garante del sistema cumpliendo unas determinadas normas, por las que cobra comisiones. Así, el verdadero negocio bancario no consiste en almacenar el dinero, sino en intermediarlo a cambio de una serie de comisiones. El sistema funciona porque los ciudadanos confían en que su dinero estará disponible cuando lo necesiten y porque, a cambio, aceptan una modesta remuneración por sus ahorros.

Sin embargo, el surgimiento de la tecnología blockchain, cuyo exponente más conocido es Bitcoin, introduce un cambio profundo porque, por primera vez, es posible registrar, verificar y ejecutar transacciones sin necesidad de que una entidad central actúe como árbitro de confianza. Es decir, dos partes pueden intercambiar valor directamente, con reglas automáticas, trazabilidad y seguridad criptográfica, de modo que lo que se requiere de bancos, cámaras de compensación o múltiples intermediarios, ahora se puede resolver con código y consenso distribuido.

El problema surge cuando aparecen alternativas digitales que permiten almacenar dinero fuera del sistema bancario tradicional. En esta línea, cada vez que se habla de monedas CBDC, como el euro digital, la reacción del sector bancario es una mezcla de prudencia técnica, preocupación regulatoria y un silencio que dice mucho, ya que las monedas digitales amenazan el corazón mismo del negocio al cuestionar la necesidad de intermediarios. Si los ciudadanos pueden conservar su dinero directamente en forma digital segura, líquida y accesible, sin comisiones, podría producirse una fuga de depósitos que haría desaparecer a los bancos.

En definitiva, el debate sobre las monedas digitales no es sólo sobre tecnología, sino sobre poder, quién controla el dinero, quién media, quién cobra comisiones y quién define las reglas del juego. Los bancos no temen a las CBDC porque sean digitales, sino porque podrían obligarlas a competir en un campo donde su ventaja histórica ya no es tan evidente y el dinero, como demuestra la historia, siempre acaba encontrando nuevas formas de circular, incluso cuando no sea muy conveniente para algunos.



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