El director que revoluciona el concierto de Año Nuevo de Viena (y que en su día fascinó en Oviedo)
«¿Podemos vivir sin el teléfono al menos por una maldita hora?» El sábado 6 de mayo de 2023, Yannick Nézet-Séguin (Montreal, 1975), dirigía a la Orquesta de Filadelfia cuando un móvil sonó en medio de la Novena Sinfonía de Bruckner. El director que el jueves conducirá por primera vez el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, con la que colabora desde 2010, detuvo la música y reinició el movimiento.
[–>[–>[–>Minutos después un segundo teléfono volvió a sonar en un pasaje tranquilo de la obra, lo que motivó al canadiense a dirigirse al público con la célebre frase que luego circuló por todo el mundo. Harto de las interrupciones, ahora, en los entreactos de los conciertos en el Kimmel Center, sede de la «Philorch», suena la voz de Yannick rogando silencio. Así es el artista al que buena parte de la crítica considera el sucesor de Leonard Bernstein, un torbellino de hiperactividad en redes sociales, donde lo mismo posa en el Caribe, con su marido, el violista Pierre Tourville, que muestra a sus millones de «followers» la caja azul con las partituras del concierto más popular del año, que recibió hace unos días en su casa de Montreal.
[–> [–>[–>Adora a Brahms (no lo disimula), también a Brucker y a Mahler. En Filadelfia, le adoran a él. Desde su llegada, en 2012, ha acercado la orquesta a la ciudad, y cuando dirige el llenazo en el Kimmel está asegurado. Allí es simplemente Yannick; para la crítica uno de los directores más influyentes de su generación. A la Metropolitan Opera de Nueva York, al frente desde 2018, le ha dado un aire nuevo y en esas anda con la Orchestre Métropolitain de Montreal. Iba para pianista, pero con diez años decidió convertirse en director.
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En su playlist Beyoncé, pop y hip-hop alternan con los clásicos. En esa abierta mentalidad inclusiva de Nézet-Séguin también hay lugar para mujeres compositoras como Florence Price: dirigió y grabó sus sinfonías y ha trabajado para revitalizar su música y destacarla en los repertorios modernos.
[–>[–>[–>Al director le encanta jugar al tenis y cuidar a sus gatos, a los que pone música. Aunque está estrechamente relacionado con muchos músicos y figuras clave en la música clásica, como el pianista Yefim Bronfman o Daniel Froschauer, primer violín y miembro de la directiva de la Filarmónica de Viena, a Yannick no se le conocen opiniones políticas ni polémicas. Lo suyo es el arte y ese afán por difundir la música culta entre todos los sectores sociales.
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En entrevistas o declaraciones públicas se centra más en valores culturales y educativos, que en política partidista. A los neoyorkinos los está acostumbrando a la ópera alemana, sobre todo Strauss y últimamente también a Wagner, de quien ha dirigido «Lohengrin», «Parsifal» y «El holandés errante» o «La Walkiria». Tchaikovsky, Mendelssohn o Beethoven figuran en su amplia carpeta de partituras. A Nézet-Séguin nada musical le es ajeno, ni siquiera España, donde tiene buenos amigos, como Pablo Heras-Casado.
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[–>El repertorio del Concierto de Año Nuevo, dirigido por Yannick Nézet-Séguin, incluye, siguiendo la costumbre, obras de la familia Strauss, como el «Vals del Danubio Azul» y la «Marcha Radetzky» en los bises, para celebrar, además el 200 aniversario del nacimiento de Johann Strauss. Hasta ahí todo cuadra…pero el sello del maestro canadiense quedará plasmado con estrenos como el «Rainbow Waltz» de Florence Price y piezas de Josephine Weinlich y Hans Christian Lumbye. Price, (Arkansas, 1887), es la primera afroamericana reconocida como compositora sinfónica, y primera en tener una composición interpretada por una gran orquesta. Falleció en 1953, en Chicago. Jamás soñó que un director canadiense llevaría su música a Viena.
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Nézet-Séguin, en el Auditorio de Oviedo en 2018. / LNE
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El día que fascinó en Oviedo
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En 2018, Yannick Nézet-Séguin cerraba su etapa como director musical de la Rotterdam Philharmonic Orchestra antes de asumir completamente su cargo en el Metropolitan Opera de Nueva York y el 13 de junio clausuró la temporada de conciertos del Auditorio de Oviedo, al frente de la Orquesta de Cámara de Europa, un ensemble internacional de músicos con una sólida reputación en repertorio sinfónico y de cámara, acompañados aquel día por la violinista Lisa Batiashvili.
[–>[–>[–>No faltó el Concierto para violín y orquesta en re mayor, Op.77 de Johannes Brahms y la Tercera Sinfonía en fa mayor, Op.90 del compositor de Hamburgo. El público se lo pasó en grande, y él más aún.
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