El emblemático elemento del Campo San Francisco de Oviedo que reabrirá para reforzar su oferta hostelera
En el corazón del Campo de San Francisco, jardín histórico desde 2016 y escenario sentimental de generaciones de ovetenses, Oviedo planea reabrirá el quiosco de «La Chucha» como punto de venta de café y refrescos para llevar, después de años de persianas echadas y concursos desiertos; la concejalía de Edificios y Patrimonio, que dirige Nacho Cuesta, cuenta ya con la autorización de la consejería de Cultura para activar, mediante concesión administrativa abierta, este pequeño icono del paseo urbano, con tres o cuatro mesas de terraza también autorizadas y una intervención mínima que respete su fisonomía y garantice su viabilidad. “Recuperar un elemento tan simbólico del Campo San Francisco como el antiguo quiosco de la Chucha era un empeño de este equipo de gobierno, que hemos conseguido tramitar con Patrimonio despues de mucho tiempo al tratarse de un entorno protegido. Una actuación que sumamos a todas las que venimos desarrollando en el Campo, entre ellas, la rehabilitación del quiosco del Bombe, la reforma del Aguaducho o la recuperación del agua de todas las fuentes», apunta Cuesta.
[–>[–>[–>Pocas piezas del mobiliario del Campo condensan tanta memoria en tan pocos metros. «La Chucha» es un superviviente de aquel rosario de casetas que, a comienzos del siglo XX, despachaban aguas azucaradas, prensa o abrigo para limpiabotas entre los paseos arbolados. La tradición sitúa su nombre en una planchadora que vendía chucherías a la intemperie hasta que el Ayuntamiento le procuró cobijo de madera. Después llegaron los años de esplendor, cuando Carmen Mier y su marido tomaron el relevo en 1955 y convirtieron el quiosco en epicentro del ocio menudo: conos de arroz para las palomas, fotonovelas, pitos sueltos, revistas y el trajín de críos que hacían cola con las monedas calientes en la mano.
[–> [–>[–>Licitación fallida
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La decadencia fue lenta y visible. Hubo pintadas, roturas y hasta un incendio; hubo una restauración artesanal en los noventa y cesiones que no cuajaron. En 2021 salió a licitación como quiosco de prensa y volvió a quedar desierto. Desde entonces, el tejadillo a dos aguas y el zócalo de piedra natural han resistido como un decorado sin función, más refugio ocasional que negocio.
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La memoria técnica del Ayuntamiento dibuja ahora una segunda vida como la que el Ayuntamiento ya dio al aguaducho del Campo –reinaugurado en septiembre de 2021 tras una importante inversión– ajustada a los tiempos: un establecimiento de café para llevar, con cafetera profesional, molino, fregadero, nevera y caja registradora, y renovación completa de electricidad, fontanería e iluminación conforme a normativa. El espacio, de apenas cuatro metros cuadrados, presenta estructura y carpinterías de madera en buen estado, cubierta de teja cerámica tradicional y necesidad de actuaciones puntuales: decapado de la pintura actual —a petición del Principado—, reparación de barnices, limpieza de tejas, reposición de piezas de piedra y recuperación del mostrador elevable.
[–>[–>[–>Se prevé un cerramiento auxiliar ligero, de madera machihembrada y fácil montaje, con un coste estimado de 3.500 euros. Los cierres frontales y laterales se concretarán al adjudicar la concesión, siguiendo el criterio aplicado en el aguaducho, para equilibrar protección y permeabilidad visual en un enclave sensible. No está catalogado individualmente ni es Bien de Interés Cultural, pero su valor es otro: el de las cosas pequeñas que sostienen la memoria grande. El aroma del café, esta vez, quiere quedarse. n
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