El equilibrio inestable
Tengo un recuerdo muy agradable de las clases de Química en el Bachillerato. Especialmente de la tabla periódica de los elementos, que teníamos enmarcada en una pared del aula, junto a un mapa de España y uno de Europa. Guardo una singular memoria por aquellas reacciones químicas, que el profesor denominaba de «equilibrio inestable», y muy especialmente una, que luego tuve que analizar repetidamente en la Facultad de Medicina y en mi especialidad, la de la formación del ácido carbónico, a partir del dióxido de carbono y el agua, con su separación posterior en iones de bicarbonato e hidrogeniones. Los componentes se formaban o liberaban, en una u otra dirección, según fuese su localización en los pulmones o en los riñones. Lo importante de esta reacción era que podía circular, alternativamente, en ambos sentidos. Eran dos fuerzas opuestas que permitían alcanzar esta estabilidad (inestabilidad) en equilibrio.
[–>[–>[–>Vivimos rodeados de situaciones de equilibrio inestable. Sólo hace falta atender a las noticias diarias para darse cuenta que el mundo entero está, de manera permanente, en vaivén. Periódicamente este contrapeso se rompe y aparecen guerras, catástrofes naturales o enfermedades. La armonía, igual que la salud, cuando se produce no la sabemos apreciar. Además, las fluctuaciones, por mínimas que sean, se transmiten instantáneamente a todos los rincones del planeta. El mejor ejemplo es el que popularizó el matemático y meteorólogo estadounidense Edward Lorenz (1917-2008) en su teoría del caos, con la ponencia titulada «¿El aleteo de las alas de una mariposa en Brasil provoca un tornado en Texas?». Debido a la globalización de bienes y consumo de la información, las enormes turbulencias generadas por el neoliberalismo, llevado a su máximo extremo, han hecho descarrilar la economía mundial y se ha producido un gran aumento en la desigualdad. Quizás el ejemplo más reciente es el que se ha provocado a partir del conflicto entre Israel–EE UU e Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz, con el incremento en el precio del petróleo y la secuencia de repercusiones mundiales.
[–> [–>[–>El equilibrio inestable indica que los elementos en juego se mantienen en una tensión constante. Cuando uno de ellos deja de ejercer su fuerza, el opuesto aumenta su presencia. Es como un «juego de la cuerda» permanente, en el que no hay un claro ganador. Apliquen este principio a las cosas cotidianas y podrán apreciarlo en numerosas ocasiones. Algunos problemas de nuestra sociedad, como el multilateralismo, el uso de las energías renovables, el libre comercio o el fenómeno de la inmigración, son buenos ejemplos de ello. Todas ellas son situaciones donde el equilibrio es de una gran inestabilidad. La presión personal y social a favor de ciertos valores no debe nunca dejar de ejercerse, a riesgo que la parte que se opone salga vencedora. La abstención, la inhibición, la renuncia, la contención, el «no va conmigo», tienen siempre consecuencias.
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Esta incertidumbre puede también aplicarse a la música. El intervalo de séptima menor, compuesto por diez semitonos (ascendentes o descendentes) y que abarca siete grados de la escala, es un buen ejemplo de ello. Se trata de una forma de escritura musical, utilizada para ilustrar cierta tensión melódica, muy apta para reflejar la inestabilidad que les mencionaba. Leonard Bernstein (1918-1990) la empleó en la famosa canción «Somewhere», del musical «West Side Story», estrenado en Broadway en 1957 y transformado en película en 1961. El estreno en España tuvo lugar en Barcelona en diciembre de 1962 y fue un auténtico privilegio formar parte de los asistentes. El texto se debe a Stephen Sondheim (1930-2021), «There’s a place for us» (Hay un lugar para nosotros) y es un canto de esperanza, en un momento de pausa ante la tragedia que se avecina. El intervalo de séptima menor, utilizado para musicar este inicio, concuerda con la incertidumbre que el compositor quiere transmitir al diálogo entre los enamorados protagonistas. Bernstein no hizo más que replicar las notas de la introducción orquestal del segundo movimiento (Adagio), del concierto para piano y orquesta número 5 en mi bemol mayor, Op 73 «Emperador», de Ludwig van Beethoven (1770-1827). Ambas composiciones son suficientemente conocidas, para que cada uno de ustedes tenga sus preferencias. No obstante, mis recomendaciones se inclinan por la versión original de la película, a menudo considerada definitiva por su contexto narrativo y emotividad, y para el concierto de piano, la versión interpretada por Krystian Zimerman (1956-) y dirigida por el propio Leonard Bernstein. Disfruten del intervalo de séptima menor, a la vez que piensan en las numerosas ocasiones que se enfrentan a situaciones de equilibrio inestable en su vida diaria.
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