El escenario es como el salón de casa y el piano mi mejor compañero
El joven pianista brasileño Estefan Iatcekiw tocó por primera vez su instrumento con 5 años de edad; a los 15, multitud de premios internacionales adornaban sus vitrinas. Además, fue uno de los alumnos de menor edad en entrar en el prestigioso Conservatorio Tchaikovsky de Moscú. Con 22, viaja por todo el mundo mostrando su virtuosismo ya no como una promesa, sino como un talento joven consolidado. «Me siento muy realizado, amo lo que hago, respiro música las 24 horas del día», afirma Iatcekiw, que cierra hoy, a las 20.00 horas, en el teatro Jovellanos, el ciclo «Jóvenes Intérpretes», auspiciado por la Fundación Alvargonzález e integrado en la temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón.
[–>[–>[–>¿Siente responsabilidad profesional al cerrar este ciclo?
[–> [–>[–>Me siento muy honrado de poder presentar mi trabajo a este público maravilloso, al que respeto y admiro profundamente. Este país lo llevo en el corazón y aún tengo varios conciertos pendientes en España durante el año.
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Su programa requiere de gran técnica.
[–>[–>[–>Rachmaninov es para mí un compositor muy especial. Desde muy pequeño tengo la obra completa de este compositor en mi repertorio y, si pudiera dar un consejo al público, sería que se permitan sentir y dejar que la música los transporte a lugares mágicos. La música no debe ser simplemente escuchada, sino sentida con el corazón.
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Ganó el Concurso Internacional de Piano Ciudad de Vigo en 2025.
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[–>Es el concurso más importante de España, con un jurado extremadamente exigente y calificado formado por grandes pianistas. Para mí fue un honor recibirlo, también el premio del público. Para un pianista que dedica las 24 horas de su día a la música clásica es muy gratificante ser reconocido de forma unánime por el jurado y escuchar críticas positivas sobre su trabajo.
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¿Mantiene viva la tradición pianística brasileña?
[–>[–>[–>Los interpreto y admiro profundamente, cuentan la historia de mi país y de su folclore. Siento un gran placer en mostrar al mundo esta grandeza musical de Brasil, pero mi técnica no es brasileña, es rusa. Actualmente vivo y estudio en Nueva York, ya que mi profesor actual, Sergei Babayan, también se formó en el Conservatorio Tchaikovsky de Moscú.
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Existe el cliché de que la vida del pianista es solitaria. ¿Lo siente así?
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No tengo tiempo de sentir soledad. Tengo tantos proyectos, obras diferentes, conciertos, repertorios, clases y viajes que las horas del día se quedan cortas. No tengo tiempo para pensar en la soledad, porque amo profundamente lo que hago. La música no es un trabajo, es un placer para mí. El escenario es como el salón de mi casa y el piano es mi mejor compañero.
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¿Hay estigma de que la música clásica para «viejos»?
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A lo largo de toda mi carrera notado que a algunas personas les cuesta ir a los teatros. Creo que la música clásica tiene que seguir difundiéndose para que cada vez más personas puedan conocerla. Es un arte que debemos mantener vivo. Es cultura, emoción, amor, belleza y respeto.
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Se le etiqueta como un «prodigio». ¿Qué le suscita?
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No me considero una «estrella en ascenso»; sería pretencioso. Mi mayor placer es ver la sonrisa del público tras interpretar una obra que les toca el corazón. Ahí me doy cuenta de que todo vale la pena. Por eso me exijo cada vez más a mí mismo, siendo muy fiel y respetuoso con la escritura de los compositores, y al mismo tiempo colocando mi propia esencia.
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¿Qué poso espera dejar en Gijón?
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Deseo llegar a los corazones y que mi actuación sea un instrumento de felicidad; que el público sienta que toqué para todos y cada uno de los asistentes, con mucho cariño, dedicación y amor. Agradezco a los asistentes, al ciclo de Alvargonzález y a la Filarmónica de Gijón esta gran oportunidad.
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