El espejo «distópico» de Félix Luque toma LABoral en Gijón
Cinco cabezas humanas de cobre, primer material de la computación, dispuestas sobre otros tantas bases, a modo de altares. Cuadros en las paredes, que retratan pastillas de ansiolíticos, antidepresivos, e incluso una píldora de éxtasis de nada menos 300 mg de potencia. En el centro, una mesa llena de ellas con un robot farmacéutico que las reposiciona ad aeternum, para simular la actividad sináptica de las neuronas para reflejar una sociedad en el que este tipo de sustancias son clave en «una sociedad que trata a los trabajadores como máquinas». Se trata de «Perpétuité II», una de las instalaciones de la exposición «La sociedad automática», que ayer inauguró en LABoral Centro de Arte el creador asturiano Félix Luque. «Mi línea conceptual es la relación entre el humano y la tecnología con un toque distópico y desde la ciencia ficción», afirma el artista, afincado en Bélgica desde hace años y ya con una carrera asentada. La muestra, que podrá visitarse en las Galerías 2 y 3 del centro hasta el próximo 17 de octubre, se trata de una ambiciosa coproducción internacional junto a iMAL (Bruselas), la Federación Valonia-Bruselas y EUROPALIA España.
[–>[–>[–>Inspirada en las tesis del filósofo Bernard Stiegler, la exposición no se limita a mostrar gadgets tecnológicos, sino que propone una meditación profunda realizada por el pensador en un libro, que es, precisamente, el que da nombre a la muestra. Según este planteamiento, no estamos ante una simple fase de modernización, sino ante un cambio antropológico radical: la transición a una era donde el algoritmo ya no solo ejecuta tareas, sino que anticipa y prescribe el comportamiento humano. «Pasamos del taylorismo a la inteligencia artificial; de una automatización en la industria a todos los momentos de nuestras vidas», reflexionó Luque.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>A través de un recorrido que fusiona robótica, escultura mecatrónica, vídeo y música generativa, Luque —junto a sus colaboradores habituales Iñigo Bilbao, Damien Gernay y Vincent Evrard— enfrenta al espectador a la «siliconización del mundo». Es un escenario donde el juicio y la memoria humana son delegados en máquinas que, a diferencia de los hombres, no conocen el cansancio ni la rebelión. Así, el viaje hace un recorrido por los trabajadores de China, por las factorías automovilísticas donde trabajan adolescentes o, enlazando con menores de similar edad pero del mundo occidental, con el abismo existencial que representan las redes sociales; esto último lo hace a través de otro montaje, en el que una niña, absorta mirando reels, acaba abducida por su propia pupila como un metafórico agujero negro que nos devora sin darnos cuenta.
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En el acto inaugural, Luque estuvo arropado por Antón García, director general de Acción Cultural y Normalización Llingüística del Gobierno del Principado; Semíramis González, directora de LABoral; y Lucía García, directora de iMAL, quienes destacaron la relevancia de traer a Asturias una obra que ya ha cosechado éxito en su etapa europea. Mientras que el alto cargo del Principado advirtió que el «reto estará entre mantener el equilibrio» entre humanidad y tecnología que representa el trabajo de Luque, González valoró positivamente la «incomodidad» que genera la obra, que hace que es espectador «se mueva en su propio sitio», lo cual siempre es «lo interesante»; por su parte, García, ensalzó el regreso a casa del creador, que expuso por primera vez en 2008 en este mismo espacio una de sus obras primas, llamada precisamente «Chapter one».
[–>[–>[–>Para profundizar en estas reflexiones, LABoral ha diseñado, además, un programa público que expande los límites de la sala. El próximo 21 de abril, quince estudiantes de la Escuela Superior de Arte Drmático (ESAD) protagonizarán la performance «Bailar la exposición», explorando conceptos como el automatismo y la adicción mediante el movimiento. En junio, el 3, 13 y 17, la escritora y psicoanalista Alicia Valdés impartirá un curso de «Escritura posthumana», junto a la escuela «Lágrima». El 20 del mismo mes, remata las actividades el taller familiar de Andrea Rubio, una aproximación creativa a los materiales de la exposición.
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