El estado del asfalto puede convertirse en el salvoconducto de la DGT para bajar el límite de velocidad en las autovías a 100 km/h
Las autopistas españolas son desde hace décadas sinónimo de fluidez, seguridad y velocidad estable. Los 120 km/h se han convertido en una referencia casi intocable para millones de automovilistas quienes entendieron este límite como un equilibrio razonable entre velocidad y control. Sin embargo, en los últimos años, el debate sobre la velocidad máxima en este tipo de vías ha vuelto a la palestra, impulsado por argumentos que van mucho más allá de la accidentabilidad.
En este nuevo escenario, la DGT parece haber encontrado un argumento difícil de rebatir: el estado del asfalto. Un factor técnico, aparentemente objetivo, que podría convertirse en la clave de acceso justificar una reducción general del límite de velocidad en las autopistas a 100 km/hsin necesidad de cambiar la legislación de forma explícita y global.
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El asfalto como tema técnico y político
Fuente propia/IA
El estado del pavimento no es un problema baladí. Grietas, surcos, pérdida de adherencia o envejecimiento de los materiales influyen directamente en la distancia de frenado y el comportamiento del vehículo, especialmente en condiciones adversas. Desde un punto de vista técnico, circular a 120 km/h sobre firmes deteriorados no ofrece las mismas garantías Tengo que hacerlo sobre una superficie moderna y bien mantenida.
Y es aquí donde la Dirección General de Tráfico (DGT) encuentra un terreno propicio para actuar. El objetivo no es imponer una reducción de velocidad por decreto, sino adaptar los límites a las condiciones reales de la carretera. Un razonamiento que, sobre el papel, es difícil de cuestionar y que se adapta perfectamente a la cuestión de la seguridad. un camino que la Administración viene potenciando desde hace años.
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