El expresidente de Kosovo Thaçi regresa al banquillo acusado de manipular testigos desde su celda
Hashim Thaçi, el hombre que pasó de vestir el uniforme de la guerrilla a lucir el traje de presidente y primer ministro en Kosovo, volverá a estar este viernes en el banquillo de los acusados en La Haya. Pero esta vez, el foco no estará en los 102 asesinatos y los crímenes de guerra y de lesa humanidad que pesan sobre él por el conflicto con las fuerzas serbias de finales de los 90 (pendientes de sentencia). El antiguo líder del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) deberá responder a una nueva y gravosa ofensiva de la Fiscalía: un presunto plan de obstrucción a la justicia diseñado, según la acusación, para dinamitar los cimientos del tribunal mediante la manipulación sistemática de testigos.
[–>[–>[–>El desafío de la Fiscalía no es baladí. El caso vuelve a poner de relieve las grietas de la justicia internacional y las ingentes dificultades para reparar a las víctimas en contextos donde el poder político y el pasado insurgente se entrelazan. La documentación aportada por el Ministerio Público es amplia: incluye conversaciones grabadas en el centro de detención en el que está detenido Thaçi, mensajes interceptados e instrucciones mecanografiadas sobre cómo debían declarar los testigos para no comprometer la defensa del exmandatario.
[–> [–>[–>Según actas judiciales que ha podido estudiar EL PERIÓDICO, Thaçi habría orquestado esta red para que los testigos alteraran sus testimonios previos, una práctica que ya ha frustrado durante años el trabajo de los investigadores. De hecho, en este caso también la estrategia consistía en pedir que los testigos atribuyeran sus declaraciones originales a supuestos «lapsus» o errores de traducción, bajo la sombra de advertencias sobre las consecuencias que acarrearía el incumplimiento de sus órdenes. Para ejecutar este esquema, el expresidente habría contado con la complicidad de otros imputados en esta causa secundaria: Bashkim Smakaj, Isni Kilaj, Fadil Fazliu y Hajredin Kuçi. Todos ellos, y Thaçi, han negado las acusaciones.
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Una cultura de intimidación
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No obstante, con esta decisión, la Fiscalía destapa una vez más también la «caja de Pandora» de la intimidación en Kosovo, un fenómeno que ha planeado sobre muchos de los procesos vinculados a la guerra en este pequeño territorio que se independizó de Serbia tras una cruenta guerra. La gravedad de la situación lo han resumido durante años diversos investigadores, entre ellos Bob Reid, antiguo jefe de investigación del Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia (TPIY). Durante una entrevista para un trabajo periodístico, Reid fue tajante: «El nivel de intimidación [a testigos] en los juicios de Kosovo Es algo que nunca he visto en mi carrera y trabajé 20 años como policía y 23 aquí. [en el TPIY]da miedo», algo que luego confirmó durante un juicio contra otros ex líderes guerrilleros.
[–>[–>[–>Fuentes conocedoras del caso y que hablaron con EL PERIÓDICO también han expresado su preocupación por la «endémica situación de intimidación que sufren los testigos en Kosovo». «Lo que se suma al crecimiento del ya importante presupuesto que el Estado de Kosovo destina a la defensa de las personas acusadas de estos crímenes», han añadido. De acuerdo con numerosos artículos aparecidos en medios locales, entre ellos Euronews Albania, desde 2020 a 2023, el Ministerio de Justicia kosovar reconoció haber destinado 3,5 millones de euros tan solo a la defensa de Thaçi. Otras fuentes hablan de cifras más altas, en sus últimas actualizaciones.
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«Hijo de serbio»: el estigma como arma
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Uno de los episodios más conocidos de esta situación es el de Fadil Geci, antiguo combatiente del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK). Geci acusó directamente a la cúpula de la guerrilla de orquestar una campaña de difamación y violencia política que, según sus palabras, casi le costó la vida a su familia. El testigo relató públicamente que un comunicado de 1998 —conocido como Comunicado 59— en el que se acusaba a su hermano de colaborar con la policía serbia y supuestamente fue redactado por Thaçi, marcó el inicio de una tragedia: dos de sus amigos fueron asesinados y sus hermanos resultaron heridos. Aunque Thaçi ha negado tajantemente cualquier implicación, el relato de Geci describe un sistema de castigo al disidente.
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[–>El acoso no terminó con el fin de la guerra. En octubre de 2024, precisamente en el marco del juicio donde Thaçi enfrenta cargos por crímenes contra la humanidad, Geci tomó una decisión inusual: rechazó el anonimato y las medidas de protección para testificar a cara descubierta. Las represalias no tardaron en saltar del tribunal a la calle. Apenas 48 horas después de su comparecencia, los muros de Pristina amanecieron cubiertos de grafitis con su imagen y el insulto en jerga «Serbio, hijo de serbio», una forma de ponerle el estigma del traidor.
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