El futuro demográfico de España y de Asturias
Rafael Puyol es presidente de la Real Sociedad Geográfica
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Una proyección demográfica no es una predicción. Es simplemente una estimación de la población que habrá en un momento determinado del tiempo para lo cual se parte de un año concreto y se establecen hipótesis acerca de cómo evolucionarán hasta ese momento los componentes esenciales del crecimiento: nacimientos, defunciones y migraciones. Vivimos una época en la que las proyecciones de la población tienen mayores posibilidades de cumplirse siquiera de una forma aproximada. Los datos para los cálculos son de buena calidad, los procedimientos utilizados funcionan y las experiencias acumuladas resultan útiles para actuar con la prudencia debida y evitar errores «de bulto». Evidentemente, existen dudas de cómo evolucionará una determinada variable a largo plazo por lo que hay más posibilidades de que se cumplan las proyecciones a corto plazo (15 años) que las que se realizan con un horizonte temporal mayor (50 años).
[–>[–>[–>Nuestro Instituto Nacional de Estadística acaba de sacar la proyección para el conjunto de la población española con fecha final en 2076 y para las comunidades autónomas con un horizonte en 2041. Según esta proyección y siempre que se mantengan las tendencias actuales, España seguirá creciendo hasta lograr en 2052 su máximo histórico (54,5 millones), para después iniciar una progresiva disminución que reducirá el censo a 52,9 millones en 2076. En cualquier caso, ese crecimiento se deberá exclusivamente al balance positivo de las migraciones. Hasta 2040 la ganancia neta (inmigrantes menos emigrantes) será de 6,3 millones y hasta 2076 de 15,5 millones. Esto provocará una disminución de la población nacida en España que pasará del 80 % actual al 60 % dentro de 50 años. Que en 2076 cuatro de cada 10 residentes en nuestro territorio puedan haber nacido fuera es un dato realmente significativo que plantea serios interrogantes ¿Cómo cambiará el país con la presencia de una población extranjera tan numerosa? ¿Seremos capaces de integrarla? ¿Qué nuevos desafíos deberemos enfrentar?
[–> [–>[–>En cuanto al saldo natural (balance entre los nacimientos y las defunciones), va a resultar negativo durante todo el periodo. La natalidad va a mantener las mismas tendencias que en el pasado cercano: una tasa de fecundidad en torno a 1 o 1,10 hijos por mujer; una edad de alumbrar el primer hijo tardía por encima de los 32/33 años; menos mujeres en edad de procrear debido a las bajas natalidades previas. Por su parte, la mortalidad experimentará un aumento debido a la multiplicación de las personas mayores. Hacia 2075 la esperanza de vida al nacer será de 90 años para las mujeres y de 87 para los hombres.
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El crecimiento de la población estará acompañado por un claro proceso de envejecimiento. El porcentaje de pobladores de 65 años y más subirá del 21 % actual al 31 % en 2076.
[–>[–>[–>La mayoría de las Comunidades Autónomas (13 en total) experimentarán un aumento de su población. Los valores relativos más intensos corresponderán a la Comunidad Valenciana (16,4 %), Islas Baleares (16,2 %) y la Comunidad de Madrid (14,4 %) y las disminuciones más fuertes a Extremadura (-4,5 %), Asturias (-1,6 %) y Castilla y León (-1 %).
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Veamos con más detalle la proyección para Asturias. En 2041 la población asturiana será de un millón largo de habitantes (1005,0), pero el origen de sus residentes será distinto. Ahora el 87 % son nacidos en España y dentro de 15 años lo serán solo el 79,6 %. El dato es inferior al español pero resulta significativo el hecho de que casi 30 % de los residentes en Asturias habrá nacido en el extranjero. En relación con la situación actual (1.021.500 habitantes) se constata una pérdida en torno a las 16.500 personas. ¿Cuál es el origen de ese descenso? Sin lugar a duda, un crecimiento natural negativo que durante los 15 años de la proyección (2026-2041) rebasa las 131.000 personas, diferencia entre los poco más de 73.000 nacimientos y las 204.000 defunciones. Los saldos migratorios, tanto los que se producen con otras Comunidades Autónomas (unas 34.000 personas), como los internacionales (82.000 personas), son positivos, pero no llegan a compensar un balance natural tan desfavorable.
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[–>Esta disminución en cifras absolutas va a estar acompañada por un doble proceso de disminución de la población joven y de incremento de la población mayor. Las personas de 0 a 15 años van a quedarse reducidas a un exiguo 8,6 % y los mayores de 65 años van a subir hasta el 36 %. En 2041 habrá más de 130.000 octogenarios y casi 1500 centenarios de los cuales el 80 % serán mujeres. Habrá muches, muches «güelines» buena parte de les cuales serán «bisabuelines». La esperanza de vida se situará en 87 años para las mujeres y en 83 para los hombres.
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Si la proyección se cumple y tras una momentánea recuperación en los últimos años, Asturias volverá a entrar en números rojos y rondará de nuevo el millón de personas en torno al 2040. ¿Tiene eso remedio? Algunos consideran que hay que dejar las cosas como están, que no tiene demasiado sentido definir políticas que resultan demasiado caras para los magros resultados que pueden obtenerse. Otros, por el contrario, pensamos que caben soluciones para mejorar aún la inmigración, reducir el éxodo del talento y recuperar, aunque sea un poco, la natalidad. Eso sí, sin una decidida voluntad política de hacerlo, un cierto consenso entre los partidos para adoptar las medidas necesarias y una memoria económica suficiente que permita superar las medidas cosméticas, no habrá nada que hacer. Somos muchos los que creemos que Asturias puede tener un futuro mejor, pero eso exige que le prestemos un poco más de atención a su languideciente demografía. Las medidas sobre la población no lucen como inaugurar un tramo de autovía o poner en marcha un complejo deportivo. Son como reparar la red de alcantarillado que carece casi completamente de «glamour», pero resulta imprescindible.
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