El hombre progresista no siempre es menos machista
Monólogo, el relato en el que se basa la obra, fue escrito sin puntos ni comas para reflejar entre otras cosas los pensamientos en bucle. ¿Cómo lo extrapoló a escena?
[–>[–>[–>Fue un trabajo minucioso que hicimos Heidi [Steinhardt] yo también. Tuvimos que descomponer el texto y darle sentido, en la medida de lo posible, al caos mental y verbal de Murielle. Me vino muy bien intentar separar las ideas y el maremoto que hay en su cabeza y su existencia para intentar entenderla mejor, ya que salgo al escenario como una miura y no paro durante 80 minutos.
[–> [–>[–>Murielle muestra sentimientos de ira y venganza, con algún toque de humor. ¿Es lo que la salva de la autodestrucción?
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Puede que la salve expresarlo de algún modo, que es lo que hacemos en la obra teatral, ya que el texto original de Simone de Beauvoir son sus pensamientos en la cama una noche de insomnio, pensamientos obsesivos, intrusivos, que van de un tema a otro sin ninguna lógica. En la representación expresa auténticas barbaridades de todo y de todos, sin tener que quedar bien con nadie, aparentemente, porque cuando hace algunas llamadas telefónicas, a su exmarido o su madre, adopta una actitud convencional.
[–>[–>[–>La obra plantea interrogantes sin respuestas. ¿Las hay ante lo que vive la protagonista?
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Puede haberlas, pero lo bueno es que los espectadores sacarán sus propias conclusiones. Con lo que cuenta el personaje, ves su verdad, su realidad, sus reivindicaciones y también cómo los demás le hacen el vacío y la culpabilizan. No siempre le das la razón, ni siquiera yo, que la conozco muy bien. El público no tiene por qué compartir del todo su punto de vista. En buena parte sí que empatizamos con ella, aunque Simone de Beauvoir plantea que no todo es blanco o negro.
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[–>Se debate entre luchar contra lo establecido o tener un marido, un hogar y a su hijo, «como todo el mundo», dice. ¿Es comprensible esta contradicción?
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Por supuesto que sí. Por eso hay muchas mujeres machistas, porque durante cientos y cientos de años hemos sufrido una labor de lavado de cerebro que ha dado sus frutos. La imagen de esposa, madre e hija ideal y volcada en los demás se nos ha inculcado a través de los tiempos y cuando alguien se sale de estos cánones, siente culpa, la que nos han transmitido desde la manzana de Eva. Si logras apartar la culpa, la sociedad te la recuerda. Por eso hay contradicciones en las mujeres, porque queremos defender nuestra carrera y aspiraciones, y además no queremos sentirnos culpables, sino encajar en lo que se espera de ti, por lo que hay que sacrificar mucho.
[–>[–>[–>La actriz en una escena de la obra. / Javier Naval
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¿Simone de Beauvoir escribió el texto en los años 60. ¿Se llevaría las manos a la cabeza hoy día ante la situación de la mujer?
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En líneas generales, y hablando solo de occidente, hemos avanzado mucho, es indiscutible, aunque la brecha de género continúa siendo enorme. La mujer que da prioridad a sus aspiraciones profesionales o personales por encima de la familia es una mala madre, esposa o hija. Un hombre que hace lo mismo no es considerado mal padre, esposo o hijo. Hemos accedido al mercado laboral, pero no podemos dejar de ocuparnos de estos otros roles. Creo que Simone de Beauvoir vería que aún falta mucho por hacer. Con su mente lúcida decía que el hombre que es progresista no siempre es menos machista que el de derechas y que la mujer, en el ámbito que sea, ha estado siempre en un segundo plano. Esto continúa ocurriendo, aunque ahora alzamos más la voz y luchamos por nuestros derechos.
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¿En qué frentes hay que estar más alerta debido a la expansión de la extrema derecha?
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En todos los ámbitos, el social, el cultural, el económico… porque quieren cercenar los derechos que han conseguido los colectivos que no encajan en su ideal de sociedad. La extrema derecha se hace fuerte con el que consideran débil, bien sean mujeres, minorías étnicas, personas LGTBI, etc., los colectivos maltratados históricamente.
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¿La derrota de Orban y el cada vez mayor rechazo a Trump son un síntoma de agotamiento o es solo un espejismo?
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Espero y deseo que sea un signo de agotamiento. En el caso de las elecciones de Hungría, está claro. En cuanto a Trump, me parece que parte de la sociedad y sobre todo los dirigentes europeos y occidentales han tardado demasiado en ver que el emperador está desnudo. Por lo menos ya empiezan a colocarle en su sitio, incluida Meloni. Cuentas sus locuras en cualquier película y no se la cree nadie. Lo de estos días de hacerse pasar por Jesucristo y enfrentarse al Papa es de traca.
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Su trayectoria es una auténtica carrera de fondo. ¿La constancia es clave en su profesión?
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Sí, totalmente, la perseverancia y, además, confiar en uno mismo. Muchas veces recibimos un ‘no’ por respuesta y afecta a nivel personal, pero hay que mantenerse firme y estar convencido de tu vocación, de que quieres hacerlo y puedes. Hay que pensar además en que no hay ningún otro intérprete como tú, por lo que en algún momento encajarás en un papel. Otra cosa que ocurre es que estamos acostumbrados a que nos llamen y tal vez también habría que autoemplearse, ya que tanto para bien como para mal somos nuestro instrumento de trabajo.
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Es lo que habéis hecho con la obra La mujer rota, ¿verdad?
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Sí, el teatro te da esta opción de forma más factible que el ámbito audiovisual, donde es muy difícil sacar adelante un proyecto.
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¿Ha abierto un nuevo camino?
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En mis 40 años de trayectoria lo que más he hecho ha sido comedia y por eso quise poner en pie este proyecto, del que soy coproductora, para darme el gusto. Si el papel me lo tuviese que dar otro, no sería la primera ni la segunda en la lista, pero me lo he dado a mí misma y parece que he acertado en el casting.
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¿Un gran papel en el cine es una espinita que tiene clavada?
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Por supuesto que me encantaría pero mientras tanto tengo un gran papel en el teatro, por lo que esta espinita está controlada. Si llega el del cine, intentaré estar preparada, aunque no me quita el sueño.
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