el «impuesto a la soltería» dispara la brecha financiera
El modelo de vivienda en España está cambiando silenciosamente. Alrededor del 28% de los hogares ya son unipersonalesuna cifra que podría alcanzar el 33,5% en 2039, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Sin embargo, el sistema fiscal, el mercado inmobiliario y gran parte del diseño económico siguen pensados para familias o parejas, lo que está generando lo que algunos expertos llaman el «impuesto a la soltería».
Ernesto Campos Campillo, profesor de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), advierte de que vivir solo no siempre es una elección de estilo de vida, sino una variable macroeconómica que condiciona la resiliencia financiera de millones de ciudadanos.
«Para aquellos que viven solos, Los costos no están divididos: están concentrados. Esta ‘economía de la soledad’ limita drásticamente la capacidad de ahorrar y el acceso a derechos básicos como la vivienda», explica el economista. Esto significa que Una persona que vive sola supone entre un 30% y un 40% más de gasto real en vivienda y suministros que alguien que comparte vivienda.
La diferencia es especialmente visible en las grandes ciudades. Con un salario de 2.000 euros, una persona que comparte casa puede destinar alrededor del 30% de sus ingresos al alquiler, mientras que Quienes viven solos pueden ver cómo ese esfuerzo se eleva al 45% o incluso al 50%. Esta situación deja a muchos hogares unipersonales en una posición vulnerable, donde cualquier imprevisto puede desestabilizar sus finanzas al no tener un segundo ingreso que les sirva de respaldo.
Brecha de ahorro
El impacto también se traslada al ahorro. Según el análisis de Campos, La capacidad de ahorro de quienes viven solos es entre un 40% y un 60% menor que la de una pareja. Esto retrasa el acceso a la propiedad de una vivienda: mientras dos personas pueden conseguirlo en varios años, a una le puede llevar más de una década.
A esto se suma la llamada «inflación de formato». Los formatos de carrito de compras individuales son entre un 10% y un 20% más caros por unidad que los familiares.
Ante este escenario, el experto propone adaptar las políticas públicas a la nueva realidad demográfica. Entre las medidas, propone una fiscalidad más estricta para los hogares unipersonales, con deducciones específicas en el IRPF; facilitar el acceso al crédito hipotecario valorando más la estabilidad laboral que los ingresos conjuntos; y ampliar la oferta habitacional con apartamentos más pequeños, de entre 40 y 55 metros cuadrados.
Además, sugiere mirar a países como Finlandia, Suecia o Dinamarca, donde El gasto en políticas de vivienda alcanza hasta el 1% del PIB y los sistemas tributarios están más adaptados a las realidades individuales.
«Cuando uno de cada tres hogares vive solo, ignorar esa realidad genera un efecto inevitable: millones de personas pagando más por lo mismo. La economía de la soledad ya no es una metáfora sociológica. Es una nueva variable económica que condiciona el acceso a la vivienda, la capacidad de ahorro y la estabilidad financiera de millones de ciudadanos», concluye Campos.
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