el lugar donde ocurrió todo
En lo más profundo de las Islas Vírgenes, en pleno Caribe, oculto de cualquier mirada curiosa e incriminatoria, el magnate neoyorquino Jeffrey Eppstein realizaba sus fiestas con ‘celebrities’ y personalidades destacadas, al tiempo que controlaba una trama de explotación sexual y tráfico de menores que desde hace años sacude por completo a Estados Unidos y el resto del planeta.
[–>[–>[–>Desde sus dos islas: Little Saint James –la más pequeña, con cerca de 30 hectáreas, y donde se encontraba su mansión– y Great Saint James –la más grande y presuntamente adquirida para evitar la mirada de terceros–, Epstein se codeaba con figuras tan relevantes como los artistas Michael Jackson o Mick Jagger; el ilusionista David Copperfield; el expresidente de EEUU, Bill Clinton; o el actual mandatario republicano, Donald Trump. Ambas están situadas al sureste de Saint Thomas, muy próximas a esta isla que sirve de acceso al conjunto de las Islas Vírgenes estadounidenses, y sin embargo, todo lo que ocurría en la mansión de Epstein pasaba completamente desapercibido.
[–> [–>[–>Una isla donde no poder escapar
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Precisamente este aislamiento es una pieza clave para comprender el desarrollo de esta trama. De hecho, el propio Epstein aseguró en 2012, durante un encuentro por negocios, que estas eran «perfectas» por encontrarse completamente «aisladas». Una característica también contemplada por la propia Administración de las Islas, que en su demanda civil definió Little Saint James como un espacio donde «evitar que sus acciones ilegales fueran detectadas» y donde podía «impedir que las mujeres jóvenes y las chicas menores de edad salieran libremente o escaparan de estos abusos«.
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Conocida también como la «isla de Epstein» o la «isla de los pedófilos», Little Saint James fue adquirida por el magnate y abusador sexual neoyorquino en 1998, por una cifra que rondó los 7,95 millones de dólares. Su vecina Great Saint James, costó cerca de 22,5 millones por la segunda.
[–>[–>[–>Ambas permanecieron bajo su propiedad hasta 2016, y allí, durante casi 30 años, construyó un amplio complejo residencial compuesto por la mansión principal y cuatro villas para invitados donde llevó a cabo sus actividades delictivas. De hecho, a finales de 2025, la fiscal general de las Islas Vírgenes estadounidenses, Denise George, dijo a la cadena CBS News, socia de la británica BBC en EEUU, que los controladores aéreos y los empleados del aeropuerto vieron a Epstein en la isla con niñas que parecían preadolescentes. «Recuerden que era una isla, no era una situación en la que una niña o una joven pudiera simplemente escapar y correr a la comisaría de policía más cercana«, aseveró.
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Helipuerto, piscinas y una sala de dentista
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Epstein, además, mandó construir en Little Saint James un helipuerto y un muelle privado para facilitar el acceso a la isla desde Saint Thomas, así como dos piscinas, un gimnasio, pistas de tenis y diversas estructuras de mantenimiento y miradores que hacían de este un espacio casi independiente. Todo este conjunto de edificaciones le daba a la ‘»isla de Epstein» una estética de ‘resort’ paradisiaco en donde Epstein llevaba a cabo sus fiestas.
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[–>Se encontró una habitación parecida a la de un dentista dentro de la mansión de Epstein en la isla Little Saint James. / / EFE
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En noviembre de 2025, seis años después de la muerte del neoyorquino, el Partido Demócrata de EEUU publicó más de 150 imágenes del interior de la mansión, como método de presión para que el presidente Donald Trump sacará a la luz los archivos que finalmente el Departamento de Justicia desclasificó el pasado 30 de enero. En estas imágenes aparecen numerosas habitaciones con un estilo similar al de un hotel, una gran sala de reuniones, baños de lujo, una pequeña sauna, e incluso lo que parece ser una sala propia de una clínica dentista repleta de máscaras colgadas en las paredes. Además, en la parte exterior, Epstein incluyó junto a la piscina varias estatuas de bronce.
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Por otra parte, fuera del recinto de la gran mansión donde solía alojarse el magnate neoyorquino, mandó construir una villa con una librería, un baño al estilo japonés y una sala de cine; además de un gran reloj solar y una especie de templo azulado sobre una colina. En conjunto, todo un ‘resort’ privado de más de 300.000 metros cuadrados y alejado de toda mirada e investigación que pudiera afectar a aquella trama de abusos y tráfico de menores con fines sexuales.
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