El mercadillo con mejores vistas le pone color y moda a la playa gijonesa de San Lorenzo
Hay una estampa que le da color y vida a la playa de san Lorenzo y no son sus icónicas casetas. Están en el paseo y son sus puestos de venta. El muro de San Lorenzo tiene una luz especial, y este verano, con la fantástica racha de días de playa que acompaña a la ciudad desde junio, el ambiente es prácticamente inmejorable. Estos coloridos tenderetes son un ecosistema propio donde el paseante busca mucho más que una simple compra, porque como asegura la sonriente turista Pilar Mikelez, «son frescos, muy de playa, muy hippies y ambientan mucho San Lorenzo». Mientras por la mañana manda el sol y las ganas de pisar la arena, es al caer la tarde cuando el paseo alcanza su punto más álgido de comercio. «Realmente la venta es a partir de las seis y media o siete de la tarde» confirma el tendero Cándido González. En ese cruce de caminos entre el bañista relajado y el turista que sale a disfrutar del atardecer, es cuando el Muro de san Lorenzo brilla como el gran escaparate al aire libre de Gijón.
[–>[–>[–>Para comprender el cariño que despierta este mercado costero hay que asomarse al puesto de Amor Mirón, que lleva más de 40 años observando la evolución de este paseo desde su tendero. «Yo era una guajuca y teníamos nada más que una mesina pequeña con pulseras y hacíamos bolsinos a ganchillo» recuerda con cariño de sus inicios. «Fueron muchas evoluciones, no fue solo una, porque nosotros siempre traíamos cosas particulares y singulares». Ahora «cuesta muchísimo traer cosas novedosas» comenta Mirón de la evolución de los tenderos, aunque su estrategia para triunfar sigue siendo la de antaño, «viajar, comprar y buscar la originalidad de la artesanía para ofrecer aquello que no se encuentra en cualquier esquina».
[–> [–>[–>Un comercio inesperado por los nuevos tenderos
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La otra cara de la moneda es la de la novata Sofía Suárez, la cual se encontraba literalmente en su primer día tras el mostrador. Mientras que los veteranos conocen a la perfección las horas pico, ella todavía se asombra con su nuevo entorno de trabajo «me ha ido bastante bien, entre que las vistas son preciosas y que hay bastante gente, la verdad que se está bastante bien» comentaba ilusionada Suárez. Esa frescura la hace percibir el entorno como el mejor reclamo comercial posible, convencida de que «con la playa al lado es bastante bonito todo y eso anima a la gente a venir». Además su debut le ha servido para llevarse una sorpresa muy positiva con el cliente, derribando el mito de que en el Muro solo se pasea. «Pensé que iban a comprar menos, pero compran más de lo que esperaba y casi too el mundo que viene a mirar, compra algo» relata Sofía Suárez con una sonrisa. Esta vendedora novel, pese a su breve experiencia, tiene muy claro cuál es el imán de estos puestos. «Si compras algo aquí, puede que no veas a tanta gente con ello como si lo compraras en el Zara, que igual ves a cinco personas con lo mismo por la calle», sentencia Suárez.
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Pero mantener viva esta exclusividad requiere de un enorme esfuerzo, para Cándido González y su mujer, Catalina Baldó este enclave cobró un significado esperanzador cuando la pandemia les obligó a cerrar su tienda física. Hoy, su tenderete en el Muro es uno de sus salvavidas particular. Su compromiso es total abriendo sobre las 10 de la mañana y cerrando sobre las 10 de la noche. Formar parte de este emblemático espacio, gestionado por la Asociación de Vendedores de la Calle de Asturias, exige la profesionalidad de cualquier negocio. «Pagamos autónomos, Hacienda, tenemos nuestros seguros y pagamos el lugar, que es como un local situado en cualquier calle» confirma Cánido González. Él afronta con ilusión y con ganas de trabajar este verano como titular tras haber ido subiendo pacientemente en la lista de espera. «Son doce horas al pie del cañón, sí, pero la recompensa de sacar adelante el negocio compensa todo» culminaba González.
[–>[–>[–>La experiencia de los clientes y los curiosos
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Desde el oro lado del mostrador, los clientes y curiosos tienen una experiencia de pura desconexión. Pilar Mikelez, que ha llegado a Gijón escapando de los toros y los cabestros de San Fermín de su Pamplona Natal. «Me he escapado de sanfermines y estos puestos me gustan mucho porque me parecen así como frescos, muy de playa y muy hippies» opinaba Pilar Mikelez. Para ella, el encanto de este formato al aire libre, gana por goleada a cualquier gran superficie. «Me gustan bastante más que las tiendas cerradas, es que los centros comerciales los aborrezco» culminaba Mikelez. Otra visitante más experimentada, Isabel Martínez, quien ojeaba un puesto acompañada de su hija, siempre que viene a Gijón pasea con calma por estos puestinos del paseo de san Lorenzo. «Es muy agradable estar frente al mar, la ropita es muy veraniega y apetece comprarla» comentaba Isabel Martínez mientras observaba las prendas.
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La dinámica de compra a pie de playa se trata de un juego sin prisas, reservado sobre todo para el paseo del final de la tarde. Aunque Pilar Mikelez admite «primero tanteo a ver lo que vale y comparo un poco». Isabel Martínez confirma esta tendencia pausada del cliente del Muro San Lorenzo. «Lo miras un par de días y luego ya al tercer día compras». Un ritual de mirar, seleccionar y relajarse que convierte a estos puestos en una parada obligatoria para disfrutar de un día completo a la orilla del Cantábrico.
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