El mes sagrado en crisis: Turquía entra en el Ramadán hundida en la inflación
Zeynep, una mujer de 65, dice que no puede: ni puede jubilarse ni puede dejar sus dos trabajos, apenas le alcanzan para nada. Zeynep, entre semana, trabaja sirviendo tés en una oficina del centro de Estambul. Los fines de semana y algunas tardes, limpia casas. Su marido, enfermo de diabetes, cobra una pensión muy mínima y debe ganarse la vida haciendo trabajos por el barrio, ya sean arreglos en casas o pequeñas reparaciones.
[–>[–>[–>«Antes íbamos bien. Relativamente bien. Podíamos ayudar a nuestros hijos e ir al supermercado sin tener que mirar tanto los precios. Pero ahora es imposible. Absolutamente imposible. Todo está disparado, y ahora con el Ramadán los precios siguen subiendo», dice la mujer, que asegura haber reducido el consumo de carne casi por completo, ante el encarecimiento en el mercado.
[–> [–>[–>Para Turquía, como los demás países musulmanes, la llegada del Ramadán significa cenas y desayunos familiares bien copiosos, con las mesas llenas para cuantas más personas, mejor. Y como en la campaña de Navidades en Europa, los precios se disparan.
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«No sé cómo lo haremos, sinceramente… Es desesperante. Y me molesta que la situación cada vez vaya a peor mientras el Gobierno asegura en las noticias que todo está perfecto. Yo no entiendo de economía, pero cada día sufro más», explica la mujer.
[–>[–>[–>Una crisis prolongada
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Turquíalleva metida en una crisis inflacionaria extrema desde antes de la pandemia por el covid 19. La tasa de inflación, en los peores meses de 2023, llegó a situarse en torno al 140% anual, según datos independientes. Las cifras de la agencia estadística oficial turca siempre fueron cuestionadas.
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Ahora, los números se han relajado —30% según el Gobierno; 55% según recuentos independientes—, pero el valor del salario real del trabajador medio turco no hace más que desplomarse. A la entrada del Ramadán, Turquía está al límite, con una mayoría de la masa trabajadora bajo el lindar de la pobreza, según Türk-is, el tercer mayor sindicato del país anatolio.
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[–>«Los tres grupos que sufren más hoy en nuestro país son los pensionistas, los desempleados y los trabajadores que ganan el salario mínimo. Lo que ganan no llega para cubrir ni comida ni transporte, y ni hablar ya de alquiler y educación. La situación es inaceptable», explica el presidente de Türk-is, Ergün Atalay, cuyo sindicato abandonó las negociaciones para actualizar el salario mínimo en protesta por la «baja y antidemocrática cifra».
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Para este 2026, el Gobierno ha decretado un salario mínimo de 28.000 liras (500 euros al cambio actual). Según Atalay, sin embargo, el salario medio está apenas un centenar de euros por encima, mientras que el límite de la pobreza se encuentra en 100.000 liras (1.900 euros) para una familia de cuatro personas en las grandes ciudades. El salario mínimo turco, de hecho, está por debajo del linde de la hambruna que marca el sindicato.
[–>[–>[–>«La forma en la que se escoge el salario mínimo… es una estructura antidemocrática. Llevamos meses diciendo que no se puede vivir en estas condiciones, pero todo sigue igual. Mucha gente se ha acostumbrado a estas condiciones, pero muchos han llegado también a su límite», continúa Atalay.
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Supervisión estatal
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Como en años anteriores, el Gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan ha organizado batidas en supermercados y tiendas para controlar precios y evitar que tenderos y empresarios los suban excesivamente durante la campaña del Ramadán.
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Para expertos y economistas, sin embargo, esto constituye tan solo un parche, y no una solución. La población está tan acostumbrada a la inflación que, convierte la subida de precios en algo pegajoso casi imposible de frenar: para evitar pérdidas mañana, propietarios de comercios suben los precios hoy. Y la inflación, así, sube; tanto hoy como mañana.
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«No conozco a nadie que esté contento con la situación actual. He votado muchos años a Erdogan, y aún creo que es un buen líder…», asegura Zeynep, que continúa: «Pero la economía está destruida, y no hacen nada por mejorar la situación. Siento que mis hijos ya no tienen futuro, y yo querría estar disfrutando de mis nietos, pero no puedo. La verdad es que estoy muy cansada».
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