El Mundial de fútbol conquistado por España tiene otro ganador: la vigilancia social
El Mundial de fútbol 2026, el primero en ser organizado por tres países distintos, se despidió el pasado domingo con el triunfo de España ante Argentina. El torneo quedará gravado a fuego en los libros de historia por el agónico gol de Ferran Torres en la prórroga de la final, por el titánico esfuerzo de Leo Messi, por el récord anotador de Kylian Mbappé y, en lo extradeportivo, por la omnipresencia del presidente estadounidense Donald Trump. Sin embargo, múltiples expertos en derechos digitales coinciden en advertir que su principal legado será otro, mucho más importante para los ciudadanos: la normalización de los sistemas de vigilancia.
[–>[–>[–>La competición futbolística más importante del mundo ha servido, tanto en Estados Unidos como en Canadá y México, para la implantación de tecnologías para monitorizar y controlar a los asistentes bajo el pretexto de garantizar la seguridad y evitar protestas. Un ecosistema de cámaras de videovigilancia, drones y algoritmos de inteligencia artificial para procesar millones de datos que, tras el pitido final, consolida su presencia en las ciudades que han sido sede de los partidos, potenciando las capacidades de los cuerpos de policía.
[–> [–>[–>Una reciente investigación de la iniciativa sin ánimo de lucro Ranking Digital Rights ha destapado que al menos 21 empresas han hecho negocio al construir o mejorar las estructuras de vigilancia usadas en 16 urbes para rastrear e identificar a los aficionados. Se trata de redes de cámaras, enjambres de drones, sistemas predictivos, interceptación de comunicaciones y capacidades de inteligencia policial en tiempo real.
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El espectáculo de drones del Mundial ilumina el horizonte de Manhattan / Archivo
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Vigilancia normalizada
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Solo en EEUU, la administración Trump ha subvencionado con 846 millones de dólares la sofisticación de la arquitectura de vigilancia, tanto dentro como fuera de los estadios. En un informe de 2024, la agencia de comercio internacional del gobierno federal ya aseguraba que la celebración del Mundial en México ofrecía «importantes oportunidades para las empresas tecnológicas estadounidenses que ofrecen soluciones innovadoras, como dispositivos de Internet de las cosas (IoT), ciberseguridad y aplicaciones basadas en la IA«.
[–>[–>[–>Los grandes beneficiados son gigantes como la estadounidense Motorola, que ha desarrollado sistemas de lectura automatizada de vehículos. También de la china Lenovo, socio tecnológico oficial de la FIFA, que creó un centro de comando con mapas virtuales de los 16 estadios para extraer datos del público, identificar patrones y realizar análisis predictivos para facilitar, en caso necesario, las intervenciones de los cuerpos de seguridad.
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Otras compañías menos conocidas como NWN, Wicket, Ondas Inc., Fortem Technologies o Flock Safety se han lucrado con contratos para desplegar drones de seguridad y sistemas de reconocimiento facial para el control de accesos y las compra en al menos dos estadios.
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Spanish Brass interpreta el himno de España en la final del Mundial. / Tom Weller/dpa
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Impacto en los derechos humanos
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Estas tecnologías, cada vez más normalizadas tanto en las calles como dentro de los estadios, «agravan los impactos en los derechos humanos«, denuncian en un artículo los autores de la investigación, Tayrine dos Santos Dias y Leandro Ucciferri. Las herramientas de recopilación e identificación de datos, prosiguen, «exacerban el sesgo de vigilancia excesiva hacia las minorías y generan altas tasas de error», mientras que «su uso en espacios públicos también crea un clima de miedo que reprime la libertad política y ya se ha relacionado con numerosos arrestos injustificados».
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Por primera vez en su historia, la FIFA ha pedido a cada ciudad sede que establezca un programa de mitigación de riesgos. Sin embargo, Ranking Digital Rights expone que, al arrancar el torneo, tres ciudades no habían publicado sus planes, entre ellas Ciudad de México, donde se jugó el partido inaugural entre México y Sudáfrica. Solo otras tres tenían en cuenta el derecho a la privacidad y una, Vancouver, trazó una estrategia clara para desmantelar las cámaras de videovigilancia instaladas temporalmente para garantizar la seguridad de los partidos jugados en territorio canadiense.
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