El narcotráfico cambia de escala
La nueva serie que no te puedes perder en Netflix se llama «Legends·» y trata de un puñado de agentes de aduana británicos que se ven obligados a entrar en el mundo del hampa como espías para poner freno a la epidemia de droga que invade las calles: detrás hay una banda delictiva altamente organizada. Los «thrillers» bien hechos como este atrapan y mucho, pero si además están basados en una historia real de los años noventa, la reflexión es inevitable. Llevamos décadas luchando contra los estragos de la droga y la ficción ha sido un elemento valioso para contarnos de una forma altamente emocional el impacto de la cocaína en nuestras comunidades, no solo el daño del consumo, también la violencia que rodea las mafias y la corrupción que las infiltra.
[–>[–>[–>Pero hoy cambias de pantalla y puedes acabar engullido por historias tristemente reales como la de la narcolancha que ha acabado en aguas del Estrecho con la vida de dos agentes de la Guardia Civil que integran la estrategia policial de lucha contra el tráfico de drogas en las costas españolas. Sabemos de la dificultad de esta peculiar guerra, que es literal: llevamos tiempo contando que los delincuentes se han abastecido de armas bélicas aprovechando los conflictos armados que proliferan mundialmente. También que entre las formas de frenar esta escalada violenta necesitamos más recursos, más estrategias ideadas en su origen para otros contextos.
[–> [–>[–>La Europa que conocemos, nuestras calles y costas, no está en guerra, pero hay soldados y mercenarios metidos en bandas delictivas que operan en nuestro entorno inmediato. Lo hemos visto en los ajustes de cuentas a tiros que nos han sobresaltado en los últimos meses, lo hemos visto en las noticias de confiscaciones de droga récord. Si hace solo unos días Interior confirmaba dos golpes históricos al narcotráfico con 40 toneladas de coca incautadas y 77 detenidos, el trágico episodio con la narcolancha nos ha hecho poner en valor que en los últimos golpes policiales a las mafias de la droga han participado buques de acción marítima y hasta una fragata. La industria de guerra como la teníamos entendida tiene el principal foco en la defensa militar ante las amenazas bélicas, pero cada vez más se vuelca en la persecución de los capos de la droga que han visto en la ruta atlántica un nuevo camino para abrirse paso hacia el mercado europeo a través de España.
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La militarización de la seguridad pública puede parecer un camino imprevisto en el imaginario de nuestra sociedad, como lo era también la apuesta por la energía nuclear, que tantos disgustos nos dio en sus malos usos del siglo pasado. Al final, las herramientas que se ponen en juego no deben hacernos perder de vista qué queremos conseguir con ellas y qué líneas rojas claras debemos preservar a toda cosa ante su utilización. Y es que las nuevas formas de narcotráfico requieren una respuesta a la altura del desafío, que hace tiempo que supera a la ficción de las series y películas y ya nos asalta como una cruda realidad a la vuelta de la esquina.
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