El nuevo taller mecánico de un pueblo de Salas que tiene la agenda colapsada: «Estoy saturado»
Apenas diez kilómetros y unos veinte minutos en coche separan al pequeño núcleo poblacional de Las Corradas de la capital salense. Con una población reducida, el pueblo es un ejemplo de muchos otros, tanto asturianos como del resto de la geografía española, que forman parte de la «España Vaciada», en la que cualquier «alta» no esperada supone un motivo de alegría para revitalizar la zona. Eso es, precisamente, lo que le sucedió a Javier Trelles, mecánico nacido en el pueblo pero que desde hace años reside en Pravia, donde trabajó durante una década en un taller hasta que los propietarios decidieron jubilarse. Ahí, explica Trelles, comenzó a sopesar la posibilidad de volver a las raíces y levantar un negocio, concretamente, un taller de chapa y pintura muy reclamado y que, tras tres meses de trabajo, ya cuenta con lista de espera hasta 2026.
[–>[–>[–>«Estoy saturado», exclama Trelles, que detalla que desde que abrió la puerta de su nave hace tres meses «la lista de espera se ha ido de las manos». «Ahora mismo, y hasta el año que viene, ya no puedo coger a nadie. Tengo un montón de clientes esperando por golpes, para pintar, para hacer restauraciones… Por el momento no puedo fijar más citas», comenta el mecánico.
[–> [–>[–>Oportunidad única
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Pero la labor de Trelles no se inició hace tres meses. Al contrario. Lo hizo mucho antes, nada más quedarse en paro. Sin trabajo, Trelles decidió lanzarse a ser el propietario de su propio taller y, tras evaluar terrenos y precios, vio que Las Corradas, su pueblo natal, era una oportunidad única debido al buen precio de las fincas. Para ello, además, encontró un aliado en el Ayuntamiento de Salas, donde le recibieron con los brazos abiertos.
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Javier Trelles ante el cartel situado en la fachada de su taller. / Christian García
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Finalmente, Trelles decidió que la ubicación idónea para su taller sería frente a la vivienda familiar. Allí levantó una nave de 150 metros cuadrados que requirió una inversión de unos 120.000 euros, de los cuales pudo financiar tres cuartas partes a través de los fondos Leader, unas subvenciones de la Unión Europea que tienen como objetivo impulsar el desarrollo y apoyar la apertura de negocios en zonas rurales que permitan crear empleo y mejorar la calidad de vida en estos lugares.
[–>[–>[–>«Tenía claro lo que quería. En esta zona el elevador, aquí la cabina de pintar… Todo está adaptado a mis preferencias», comenta Trelles, que explica que el taller, más allá de trabajos en la carrocería, ofrece una extensa hoja de servicios para los clientes. «Por un lado, tengo pintura, pero también mecánica, máquinas de neumáticos», enumera el mecánico. Esto, explica, radica en la necesidad de muchos residentes de la zona por tener talleres que atiendan necesidades básicas, evitando desplazamientos a Pravia, Grao o, incluso, Avilés. «No se trata de pintar o arreglar un golpe. Aquí das un servicio. A veces hace falta mantenimiento, cambiar el aceite, filtros…», añade.
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Conexión a Internet
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En ese sentido, Trelles comenta que un punto fuerte es la conexión a Internet. «Hoy en día casi todo funciona por Internet«, recalca. «¿Hacen falta neumáticos? Lo pides y mañana está aquí», señala, y añade: «Todas las semanas, todos los días, se hacen revisiones para la ITV. Si un cliente de aquí, un vecino, me comenta que tiene que pasar la inspección y quiere que le eche un ojo al coche, yo tengo que tener todo el equipo porque si no la alternativa es desplazarse varios kilómetros«, argumenta Trelles, que matiza que, para averías o problemas graves «toca ir a un concesionario oficial o taller especializado».
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Javier Trelles trabajando en un vehículo. / Christian García
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Sobre su nueva condición de autónomo y «jefe de mí mismo», Trelles explica que la mayor diferencia es la libertad de trabajo. «Libertad entre comillas», bromea, puesto que «esto viene con responsabilidades extra«. «Es muy difícil trabajar solo ocho horas. El teléfono no deja de sonar nunca y, al final, se te echan las horas encima», comenta el mecánico, que señala que la mayor dificultad llegó con la burocracia: «La oficina lleva muchísimas horas. Se habla muy poco de ello, pero es importantísimo y no tiene fin«.
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Rehabilitación de vehículos
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Durante estos tres meses de trabajo, Trelles ha podido dedicar, además, un hueco para satisfacer una de sus pasiones: la rehabilitación de coches y motocicletas. Sobre estas últimas, Trelles lleva ya tiempo trabajando en una moto, fabricada en 1973, que un matrimonio, que actualmente residen en Gijón, adquirió a finales de dicha década. «Se ha usado muy poco. Apenas algún paseo», comenta Trelles, que espera poder encontrar tiempo para más proyectos como este, o como el de un Ford Fiesta, también de la década de los 70 y que, por el momento, descansa en las cuadras de su vivienda a la espera de que se le dé una nueva vida. «La restauración es algo que a mí me encanta. Trabajar con vehículos clásicos es algo que me gusta mucho. Podría ser un filón para el negocio», señala.
[–>[–>[–>De cara al futuro, Trelles tiene claro que el horizonte «es positivo» puesto que «mientras haya trabajo, que lo hay, vas saliendo adelante«. Descartando por el momento la posibilidad de contratar personal -«hay que tener garantías de que se puede asumir un salario», Trelles quiere ver cómo se estabiliza la carga de trabajo. «Ahora ha llegado todo de golpe, pero poco a poco se afianzará». Y sobre la necesidad de repoblar el rural, Trelles lo tiene claro: «Con Internet todo es más sencillo. Hay vecinos que han venido desde Madrid u otros sitios y teletrabajan. Las facilidades son muy similares a la ciudad».
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