El país del sol poniente
Rafael Puyol es presidente de la Real Sociedad Geográfica
[–>[–>[–>
Así llama F. Pearce a Japón por la trayectoria de su población que debido a la reducida natalidad y al profundo envejecimiento, se adentra en las sombras de su atardecer demográfico.
[–>[–>[–>Al finalizar la Segunda Guerra Mundial Japón mantenía un fuerte crecimiento natural como consecuencia de una tasa de natalidad alta y una mortalidad reducida. Como otros países desarrollados tuvo su baby boom postbélico, que, sin embargo, duró poco debido a la conjugación de una serie de factores: la pretensión de los ocupantes americanos de evitar una excesiva presión demográfica que podría desembocar en una nueva fase expansionista; la inquietud causada por la elevada natalidad en los primeros años de la postguerra, aunque fuese tan solo el habitual fenómeno de recuperación que sigue a una contienda tan mortífera (Japón perdió entre 2,5 y 3,1 millones de personas); la vuelta a casa de millones de japoneses procedentes de los territorios que había invadido con anterioridad. Todo ello alentó el temor de una superpoblación que propició el establecimiento de una política de control de la natalidad (aborto incluido) a la que se añadió una ley de protección eugenésica cuya finalidad era impedir el nacimiento de niños con alguna discapacidad y «proteger» la vida de las madres. La ley estuvo vigente durante 48 años provocando miles de esterilizaciones, a veces no deseadas, y más de un millón de abortos con una tasa en algunos años del 70 % en relación a los nacimientos. La fecundidad cayó de 3,7 hijos por mujer en 1950 hasta situarse en 1974 por debajo del nivel de reemplazo (2,1) y colocarse en 2024 en 1,2 hijos por mujer. En cifras absolutas el número de alumbramientos que fue en 1973 superior a los dos millones descendió en 2024 a 743.000. En esta fecha los fallecimientos (tasa de 13 muertes por cada 1000 habitantes) superaron a los nacimientos (tasa de 6 nacidos por cada 1000 personas) provocando un crecimiento natural negativo de menos 7 individuos por cada 1000 japoneses. Los factores inmediatos de este retroceso han sido la disminución de mujeres en edad de procrear, con un aumento de la soltería y una proporción menor de féminas casadas y la elevación de la edad a la que se alumbra el primer hijo que provoca la reducción de los segundos y más hijos. La desafección de las japonesas por el matrimonio se relaciona con la mejora de sus niveles educativos y su incorporación masiva al mercado de trabajo, en el que se ganan bien la vida. Bajo estas condiciones, o no desean ponerse «al servicio» de un marido, o tienen dificultad de encontrar al deseado que debe de tener una adecuada posición social y un buen salario. Los propios varones le dan la espalda al matrimonio ante la dificultad de encontrar esposa si no poseen una situación estable o si tienen que casarse con una mujer más educada sobre la que no pueden ejercer su dominio.
[–> [–>[–>Este alejamiento del matrimonio de los jóvenes japoneses ha dado lugar a la aparición de los llamados «célibes parásitos», término acuñado por el sociólogo Masahiro Yamada para definir a os adultos jóvenes, entre 20 y 30 años principalmente, que viven con sus padres, tienen empleo e ingresos propios, no están casados y gastan gran parte de su dinero en ocio y consumo personal (viajes, restaurantes, productos de lujo). El término parásito alude a su dependencia de los padres, cuando podrían vivir de forma independiente, si bien en sus cálculos no entra realizar adquisiciones de largo plazo como una vivienda. El fenómeno no es exclusivo de Japón (en otros contextos -sur de Europa, EEUU- encontramos una situación similar protagonizada por los llamados «adultescentes» o la generación «boomerang») pero alcanza en el país nipón una notable intensidad y explica en buena parte la caída de los nacimientos y el retroceso reciente de la población.
[–>[–>[–>
Por otro lado, Japón es el país más longevo del mundo. En 2024 los hombres podían vivir 81 años y las mujeres 87, una vida larga debida a un sistema sanitario de calidad con un acceso casi universal, un personal bien formado y reputado y políticas eficaces de prevención. La longevidad se relaciona igualmente con todos aquellos factores que propician la formación de las llamadas «zonas azules» de manera especial con una alimentación sana y equilibrada y una dieta que responde al principio confuciano del «hará hachi bu», es decir comer sin saciarse, lo cual reduce el aporte calórico y hace inhabituales el sobrepeso y la obesidad .Un régimen especialmente eficaz cuando se combina con una vida activa, física y mental: esa gimnasia al aire libre practicada por miles de japoneses que se ha convertido en la imagen de un comportamiento colectivo saludable. Es la llamada «Rajio Taiso», literalmente gimnasia por radio porque se inició 1928 a través de un programa transmitido por la radio pública para que las personas hicieran ejercicios de manera simultánea en todo el país.
[–>[–>[–>Así pues, el envejecimiento de la población japonesa está causado por el doble efecto de una caída intensa de la natalidad y una creciente longevidad. Tienen un saldo migratorio positivo, pero pequeño que no permite compensar el balance natural negativo. Por ello la población japonesa está perdiendo habitantes desde comienzos de este siglo. Y va a seguir haciéndolo en el futuro hasta el punto que algunos economistas han llegado a calcular la fecha en la que el país se quedaría sin gente. No creo que eso vaya a suceder, pero sí que la tendencia a la baja se va a mantener y acentuar. Como dice la canción, el Japón está en el atardecer de la vida y aunque el sol siga saliendo por el este como le ordenaba el Principito de Saint-Exupéry, por su trayectoria demográfica es ya el país del sol poniente.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí