el protocolo «imposible» para evitar la foto de Letizia con el Emérito
No es ningún secreto que la Reina Letizia ha sido la principal impulsora de retirar la figura de Juan Carlos I de la actividad oficial de la Familia Real. Sin embargo, los compromisos internacionales y los eventos familiares de alto nivel suelen ser la única grieta en este muro de contención. El reencuentro que se prepara para este inicio de 2026 pone a prueba, una vez más, la capacidad de Zarzuela para gestionar los silenciosmiradas y, sobre todo, la posición de los protagonistas ante las cámaras.
La frialdad entre ambos es absoluta. Mientras el rey Felipe intenta mantener un equilibrio emocional con su padre, Letizia se mantiene firme en su papel de «guardiana de la institución», evitando cualquier gesto que pueda interpretarse como un perdón público hacia conductas pasadas del emérito. Este nuevo cara a cara será analizado al milímetro por expertos en comunicación no verbal, buscando cualquier signo de deshielo o, por el contrario, la confirmación de un ruptura total e irreversible.
El «cordón sanitario» de Letizia puesto a prueba
Desde que Juan Carlos I fijó su residencia en Abu Dabi, sus visitas a España han sido mesuradas y, en su mayor parte, privadas. Pero cuando el escenario es un evento público o una reunión de la realeza europea, el protocolo se vuelve mucho más rígido. La reina Letizia sabe que una sola foto cerca del emérito puede empañar años de trabajo por la transparencia. Por ello, su equipo de seguridad y protocolo trabaja con semanas de antelación para evitar coincidencias incómodas en pasillos o mesas compartidas.
La estrategia suele ser clara: nunca en el mismo plano, nunca en la misma conversación. Sin embargo, la naturaleza de este próximo evento hace que la proximidad física sea inevitable. El morbo está en ver si, ante la presión del entorno, Letizia optará por una cordialidad gélida o si mantendrá esa distancia de seguridad que tanto ha dado que hablar en las cancillerías europeas. El rey Juan Carlos, por su parte, suele mostrarse más relajado, aunque consciente de que Su presencia sigue siendo un «problema» Logística para tu hijo.
El papel mediador del rey Felipe VI
En medio de esta tormenta silenciosa está Felipe VI. El monarca se ve obligado a actuar como puente entre la lealtad a su esposa y el respeto institucional (y filial) hacia su padre. En encuentros anteriores, se ha visto al Rey compartiendo confidencias con el emérito mientras Letizia permanecía en un segundo plano, charlando con otros invitados. Este «reunión forzada» vuelve a colocar al Rey en la incómoda posición de árbitro en su propia familia.
Fuentes cercanas a palacio aseguran que estas situaciones generan un gran estrés en la organización. El objetivo es que la noticia sea el propio acontecimiento, y no el reencuentro, pero la realidad mediática es muy distinta. Para la opinión pública, la relación entre Letizia y Juan Carlos simboliza la lucha entre La «vieja guardia» y la «nueva monarquía»un choque de trenes que parece no tener un final amistoso a la vista.
Zarzuela ante el espejo de la opinión pública
La Familia Real es consciente de que este encuentro será noticia en todo el mundo. El desafío es proyectar la unidad familiar sin comprometer la integridad de la Corona. En 2026, con la princesa Leonor cada vez más presente en la vida pública, la sombra de la emérita es algo que Letizia quiere mantener lo más alejada posible del futuro de su hija. El reencuentro es, por tanto, un mal trago necesario dentro del liturgia de la realeza.
¿Habrá saludos públicos o simplemente se ignorarán cortésmente? El protocolo de estos eventos permite ciertas licencias, pero el ojo clínico de la prensa internacional no perderá ni un solo detalle. Lo que está claro es que, por mucho que lo intenten, el pasado y el presente de la Monarquía española están condenados a encontrarse, aunque sea bajo la mirada fría de una Reina que no olvida y una Rey buscando su lugar en la historia.
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