el radical cambio de vida de María José Menéndez para poder conciliar vida laboral y familiar
Hija y nieta de mineros, pronto tuvo claro que la mina sería parte de su futuro. María José Menéndez, natural del pueblo cangués de Tebongo, se fue del concejo para estudiar Ingeniería Técnica de Minas, pero sabiendo que volvería. Comenzó a trabajar en la mina canguesa de Monasterio de Hermo, en el turno de tarde, con lo que ello suponía en invierno: tener que enfrentarse con el coche a la nieve para regresar a casa.
[–>[–>[–>Recuerda con cariño su etapa ligada a la minería, una profesión que vivió en casa desde niña, sorprendiéndose de cómo «el entorno llega a influir en las decisiones de vida de cada persona«. Confiesa que le costó lágrimas tener que dejar la mina cuando la empresa para la que trabajaba la vendió al empresario minero Victorino Alonso, con quien ella no compartía principios ni forma de trabajar. Sin embargo, su vida aún daría un cambio radical.
[–> [–>[–>Cambio de profesión
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Cuando decidió formar una familia, optó por dejar su puesto de ingeniera y emprender de cero con la ganadería junto a su marido José Luis Zalón, quien también había estado vinculado a minería.
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Arrancaron la ganadería con una vaca que le regaló su abuelo hace unos 14 años y ahora ya suman 150 cabezas, más una amplia representación de ganado equino. Explica que vio en la ganadería en extensivo la única opción para poder tener una conciliación real que le permitiese cuidar a sus hijas mellizas Carmen y Bárbara, y estar presente en todo el proceso de crianza.
[–>[–>[–>Necesidad de conciliar
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«Estudias, te preparas, te incorporas al mercado laboral y tienes los hijos más tarde, entonces estás a tope y tienes que tirar de guardería y padres para poder criar a tus hijos, para mí eso no es conciliar, son ayudas, conciliar es poder cuidar de tus hijos», analiza. Desde su experiencia tiene claro que hay pocos trabajos que permitan una conciliación real. «Dependiendo del puesto de trabajo puedes mejorar un poco las condiciones que tienes, pero conciliar no», asevera.
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Algo de lo que no tiene que preocuparse siendo ganadera, ya que destaca la posibilidad de poder desayunar y comer con sus hijas, asistir a las reuniones del colegio, actividades y «siempre estás en casa». Por lo que considera que ganó con el cambio de profesión. Aunque reconoce que tampoco todo es bueno. Lo que más le costó aceptar fue renunciar a poder disfrutar de unos días de vacaciones o de descanso, puesto que la ganadería exige presencia los 365 del año.
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[–>Premios en el concurso ganadero local
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A pesar del cambio total de profesión realizado, asegura que el aprendizaje adquirido estudiando y ejerciendo como ingeniera es aplicable a su vida actual, tanto para desarrollar proyectos para la ganadería como para hacer frente al día a día con la cantidad de trámites que debe completar, más aún si quiere acceder a ayudas.
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Sus hijas ya tienen 14 años y sabe que como ella mismo hizo en su momento, les tocará instalarse en el centro de la región para continuar los estudios. No obstante, cuando llegue ese momento no se plantea volver a cambiar profesión, continuará como ganadera porque confiesa que es un trabajo que le gusta, así como le gusta vivir en el pueblo.
[–>[–>[–>Además, aparte del día a día en la ganadería con el cuidado de los animales, desde un primer momento, la pareja apostó por intentar buscar la mejora genética de la raza asturiana de los valles. Una afición que les acabaría llevando a participar en los concursos locales de la raza, logrando llevarse premios en diferentes años por sus sementales.
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