El Real Oviedo debe estar siempre en Primera División
El domingo amaneció con la resaca del mejor sábado que el oviedismo ha vivido en mucho tiempo. El 4-3 entre los amigos de Cazorla y los amigos de Esteban, el tifo del Fondo Norte, los goles de Cervero haciendo las mismas planchas de siempre, Enzo Cazorla jugando junto a su padre, el himno de Melendi cerrando la noche… Todo eso pasó anteayer en el Tartiere y todo eso queda ya en la memoria colectiva azul. Lo que queda también son las palabras de los protagonistas. Paulo Bento no pisaba el Tartiere desde que acabó su etapa como jugador azul, pero regresó con los mismos sentimientos de siempre. «El cariño que siento aquí, en ningún sitio lo he sentido. Tanto en la ciudad como en el club», dijo. Preguntado por qué recuerdo le había venido a la cabeza durante la tarde, la respuesta fue el gol de Cervero al Cádiz. El mismo Cervero que el sábado volvió a marcar dos veces y volvió a tirarse al suelo a hacer planchas. Algunas cosas no cambian.
[–>[–>[–>El propio Cervero fue uno de los protagonistas del día, dentro y fuera del campo. Como doctor del primer equipo no suele dar muchas ruedas de prensa, pero tras el partido habló sin filtros y muy emocionado. «Oviedo es mi ciudad, Asturias es mi patria y el Real Oviedo es mi casa», dijo. «Siempre estaré en deuda con esta afición». Reconoció que él no tiene el nivel de los demás, que Cazorla le llamó y que no se lo pensó, y que jugar con esa gente le hizo sentirse «uno de los hombres más felices del mundo». Con dos goles en su cuenta particular, costaba llevarle la contraria.
[–> [–>[–>Marcos Senna llegó desde fuera, como tantos otros, y se llevó lo de siempre: la impresión del oviedismo visto desde lejos. «Recibir el cariño de la gente no tiene precio», dijo. «Después de muchos años sin jugar, la afición aquí es un espectáculo». Bromeó con que el campo se le hizo grande, que a estas alturas es lo normal, y cerró con algo que repetían varios: que ojalá haya más ocasiones como esta, aunque para el próximo centenario ya no lleguen.
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Julio Baptista y Joaquín Sánchez fueron la pareja de la tarde, dentro y fuera del terreno de juego. Se entendieron como si no hubiera pasado el tiempo. «Los buenos nos entendemos fácil», dijo Joaquín. Baptista añadió que el reencuentro en el vestuario, las risas, los viejos compañeros, valían tanto como el partido en sí. Nacho Monreal, que compartió años con Cazorla en el Arsenal, llegó con la rodilla tocada y sin importarle demasiado. «Había que estar aquí sí o sí», fue lo único que necesitó decir. Javi Navarro, por su parte, aseguró que el Oviedo «es un histórico y siempre debe estar en Primera División».
[–>[–>[–>La imagen más inesperada la dio Enzo, el hijo de Santi Cazorla, que habló después con una madurez que sorprendió. «Es un orgullo para mí. Yo a este club lo quiero muchísimo y estar con mi padre aquí es un placer, porque sé lo que significa este club para él». Cuando le preguntaron con quién le hacía más ilusión jugar, eligió a Joaquín Sánchez. «Me parece un personaje. Siempre me ha gustado». El aludido pasó el partido riéndose bajo la mirada de sus dos hijas y probablemente lo habría disfrutado escuchándolo.
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Sergio Egea volvió emocionado, Adrián López con la familia en la grada y sin haber pisado el Tartiere desde 2005, Viti, el eterno portero, reconociendo que es el abuelo del grupo y que hizo lo que pudo. E hizo un gran encuentro. Como todos.
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