«El repollo es muy llambión, hay que darle de comer con cucho», dice Tino García, agricultor de Grado que echa de menos los nidos del cuquiello y la zarriquina
Celestino Menéndez García, «Tino», lleva toda su vida cultivando su huerta de Grado y, entre lo que va sacando esta temporada de la tierra, todavía hay algún repollo hermoso. «Los tengo de una grana que llamamos repollos de Torrelavega, de una semilla de mi casa, de antes de mis abuelos, igual se va guardando y conservando desde hace 120 años», indica este agricultor que lleva sus excedentes al mercado moscón de los domingos, donde es el vendedor más veterano. «Estos repollos ahora los corto, un poco altos, dejo los que me parece para que retoñen, echan un retoñín y los planto una esquina donde no me estorben. Y ahí sale la semilla y ya la dejo para otro año. Estos se plantan siempre sobre agosto y se cosechan en diciembre, enero…», explica, mientras muestra alguno que todavía queda por una de sus fincas en Castañeo.
[–>[–>[–>El secreto para crezcan buenos y grandes lo cuenta Tino mientras también habla de cómo ha cambiado la naturaleza en el entorno que él conoció de niño por la zona de Castañeo. «El repollo como todo en la vida, hay que echarle de comer, el repollo es muy llambión, si no le echas cucho…», indica. «Si la mata se hace grande cuando la plantas porque les das bien de comer, entonces el repollo se hace de dos kilos, tres kilos… Si la mata no acaba de tirar y queda ‘miseriadina’, es como cuando las camadas de cerdinos, el último que come se va quedando atrasado y cuando quiere crecer ya no crece lo suficiente», abunda.
[–> [–>[–>La observación de las aves
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Enamorado de la naturaleza, la lleva observando desde joven. «Me encanta y aprendo todos los nidos que hay por aquí de raitanina, de zarriquina… Cuando hay uno que los otros comen más que él, acaban matándolo, tirándolo, no le dan de comer porque ven que no va a sobrevivir en este mundo», comenta. Añade que así «pasa con todo en la naturaleza», con curiosidades como la del «cuquiello, que venía por aquí pero ahora casi no viene». «No viene el cuquiello y era el que ponía el huevo en el nido de zarriquina y de raitanina, que van desapareciendo por la contaminación y por todo. Ya no hacen nidos y al no hacerlos desaparece esa cadena», cuenta Tino.
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Explica también el llamativo proceder de los cuquiellos: «Llegaba, observaba, cuando la raitanina ponía su huevo se lo tiraba y dejaba el suyo. La raitanina ni se enteraba y criaba uno grandón, un ‘ferrucho’ de esos… Pues eso es la naturaleza y ahora desapareció. Y las golondrinas venían y criaban por todos los sitios, ahora casi no crían porque estamos contaminándolo todo y acabamos con todo».
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