el retorno de los refugiados a Siria daña la economía de Turquía
Celal, entre máquinas y sillas vacías, sonríe porque poco más puede hacer. «Aquí tendría que estar el cortador de piel. Aquí, el que cose las partes. Más allá estaba el que decoraba. En este taller tendrían que estar trabajando unas 15, 16 personas para que funcione. Pero ahora somos tres», explica Celal, cuyos labios sonríen pero sus ojos delatan otra expresión: más pesada, menos feliz.
[–>[–>[–>El hombre, de unos 50 años, era propietario hace tan solo dos años de tres talleres de zapatos, una tienda internacional que conseguía vender por todo Oriente Próximo. El negocio funcionaba viento en popa: los trabajadores, la mayoría de ellos sirios, llamaban a Celal casi semanalmente para pedirle trabajo. Su empresa está en la ciudad de Gaziantep, la quinta mayor ciudad de Turquía y, situada justo en la frontera con Siria, receptora de casi medio millón de refugiados.
[–> [–>[–>Pero todo lo bueno acaba. «Ya apenas tenemos trabajadores. Tenemos un problema enorme, porque ya no podemos producir. En todo Gaziantep hay un problema gigantesco. En nuestros talleres trabajábamos con sirios, y la mayoría se han ido, lo que nos ha hecho mucho daño a todos», explica Celal, y que de los tres talleres mantiene ahora solo uno, casi vacío de gente pero, por supuesto, lleno de zapatos, que ya no consigue vender.
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Todo empezó a torcerse para los empresarios industriales turcos de la región en diciembre de 2024: con el fin de la guerra en Siria, un gran número de refugiados —los que estaban más abajo en la pirámide social turca— decidieron volver a su país.
[–>[–>[–>En Gaziantep, de los 450.000 refugiados que había hace dos años —en una ciudad de 2,5 millones—, 100.000 se han marchado, según el instituto de estadística de Turquía. La cifra en todo el país es parecida a ese mismo 30%: de los 3,6 millones de sirios en el país anatolio, ahora quedan 2,5, la mayoría de los cuales se encuentra en las regiones cercanas a la frontera.
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«La situación es especialmente dura para los empleadores, sobre todo turcos, que apoyaron sus negocios al trabajo barato de los sirios. Ellos son los que sufren más la presión actual. Aunque nuestra impresión es que el mercado laboral se acabará por adaptar», explica Mehmet Çiçek, director del Instituto de Migraciones de la Universidad de Gaziantep.
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[–>El presidente de Türkiye, Recep Tayyip Erdogan. / Kristina Kormilitsyna/ DPA vía Europa Press
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Una tormenta perfecta
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Durante la última década, el plan económico del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, era claro: una moneda barata, salarios bajos, y un sistema basado en la producción y manufacturación industrial en masa, para la exportación en todo el mundo.
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Pero la crisis del Covid —y varias decisiones económicas poco ortodoxas— dieron un vuelco de 180 grados al sistema turco, que ahora tiene una enorme inflación tanto de productos como salarial desbocada.
[–>[–>[–>Todo ello ha provocado una desbandada de empresas y una crisis enorme sobre todo en sectores que dependen de salarios bajos, como el textil. Según la cámara de comercio de Gaziantep, más del 50% de las fábricas de zapatos y ropa de la región han cerrado únicamente en el último año.
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En el barrio industrial de Celal, hay más edificios vacíos que llenos. La luz apenas se cuela por los ventanales, tapados con sábanas oscuras. Zeki, un trabajador sirio, apenas mira nada más que los zapatos que tiene en la mano. El hombre coloca, uno a uno, brillantitos para un tacón que irá luego a un zapato destino a Irak.
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«Ya no es como era antes… Ya apenas tenemos trabajo, y los alquileres altísimos y el hecho de que ahora los sirios tengamos que pagarnos el hospital han hecho que muchos se vayan. Ya no nos podemos permitir nada«, explica el hombre de unos 60 años, ojos enterrados en los brillantes. A su alrededor, en un taller de cerca de 200 metros cuadrados, no hay una sola alma.
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Arrepentidos
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«Yo y mi familia queremos volver, pero estamos atrapados. Tengo mucho conocidos que han vuelto y todos me dicen lo mismo: ‘No vengas. No cometas el mismo error’. No conozco a nadie que haya vuelto que no se arrepienta. En Siria no hay seguridad, ni trabajo, ni nada. Los que se van se arrepienten. Los que nos quedamos, nos arrepentimos. Así estamos…», se lamenta el hombre. El camino es solo de ida: cuando un refugiado sirio sale de Turquía pierde su estatus de protección, y ya no puede volver.
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Como los trabajadores, muchos empresarios han decidido abandonar el país anatolio. Muchas empresas turcas, porque la gente sufre las fronteras pero el dinero no, se han mudado a Egipto, donde los salarios son más bajos. Empresarios sirios vuelven a su país.
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Celal duda. «No queremos cerrar, pero no le empiezo a ver mucha alternativa. La guerra en Irán no hace más que acelerar nuestra crisis. Si la situación sigue así abandonaremos, porque es insostenible», dice el hombre. La sonrisa, ahora sí, por fin, ha desaparecido de su cara.
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