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El ‘revenge tour’ de William y Kate contra Harry y Meghan

El ‘revenge tour’ de William y Kate contra Harry y Meghan
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  • Publishedabril 28, 2026



El Palacio de Kensington prepara una contraofensiva mediática que en los pasillos ya se denomina, abiertamente, gira de venganza. Así lo señalan fuentes cercanas a la corte británica tras conocer los detalles de la gira de Harry y Meghan por Australia, un movimiento que ha acabado agotando la paciencia de William y Catherine.

El gesto, según quienes rodean a los Príncipes de Gales, no es casual ni improvisado. Lo llevan meses calibrando, y la respuesta llegará en forma de una agenda internacional con escala garantizada en territorios que, hasta ahora, parecían reservados a los Sussex.

La gira australiana de los Sussex que rompió el lomo del camello en Kensington

Se conoce el desencadenante. Harry y Meghan diseñaron una visita a Sydney y Melbourne con tintes cuasi institucionales: discursos sobre salud mental, encuentros con jóvenes deportistas vinculados a los Invictus Games y una estética visual cuidada hasta el último detalle. Nada de esto pasó desapercibido en Londres.

El séquito del Príncipe de Gales considera la gira un acto de invasión simbólica. La razón es histórica: Australia es un reino de la Commonwealth donde Carlos III es Jefe de Estado, y la representación corresponde al miembros de la realeza que trabajan (miembros activos de la realeza con agenda oficial). Los Sussex dejaron de serlo en 2020.

Según ha trascendido en publicaciones especializadas, aún sin confirmación oficial desde Palacio, Guillermo habría calificado la maniobra como una afrenta directa. La sensación, según sus propias palabras filtradas al círculo más cercano, es que su hermano sigue jugando en ambos bandos: alejado de la institución y, sin embargo, beneficiándose del aura que ésta proyecta.

Por qué Guillermo y Catalina han decidido pasar a la ofensiva mediática

La estrategia de respuesta combina tres frentes. El primero, geográfico: está sobre la mesa una gira de los Príncipes de Gales por Asia-Pacífico, con Singapur y Nueva Zelanda como nombres recurrentes en los borradores que circulan por Kensington. El segundo, estético: Catalina recuperaría piezas históricas del joyero real, en un guiño deliberado al peso institucional que los Sussex no pueden replicar. La tercera, narrativa: documentales, entrevistas concertadas con diarios británicos afines y presencia reforzada en compromisos importantes.

La lectura que hacen en Palacio es de pulso largo. Esta no es una respuesta específica a la gira por Australia, sino más bien para proteger la historia de sucesión para la próxima década. Carlos III atraviesa un momento delicado de salud y la sucesión, aunque ordenada, requiere un refuerzo de imagen.

Vale la pena aclarar un detalle no menor. Catalina terminó hace meses su tratamiento contra el cáncer y regresa a primera línea con una agenda calibrada al milímetro. La web oficial de los Príncipes de Gales ya incluye un calendario reforzado para los próximos trimestres.

El precedente que nadie quiere mencionar: la guerra fría de los Cambridges y los Sussex

El paralelo más obvio es la gira por Sudáfrica de 2019, el último viaje oficial de Harry y Meghan como miembros de la realeza. Ese viaje sirvió como banco de pruebas de su capacidad mediática, y precedió a la desintegración de Sandringham en enero de 2020. Seis años después, los papeles se han invertido: son los Sussex quienes operan desde fuera y los Gales quienes responden desde dentro.

La diferencia es profunda. Guillermo ha aprendido la lección de su abuela, Isabel II, y entiende el valor estratégico del silencio acompañado de gestos contundentes. No habla, pero actúa. Catalina, por su parte, ha consolidado su propio perfil que ningún miembro de la Casa de Windsor (Sussex incluida) ya no puede cuestionar. La narrativa de Sussex se enfría justo cuando la historia de Sussex más necesitaba calor.

El año que viene será revelador. Si se confirma la gira asiática para otoño, el rechazo a la agenda de Sussex será inequívoco. Y si Catalina aparece con piezas de archivo del joyero de la difunta reina, el mensaje quedará sellado. La corona británica, al parecer, ha decidido recordar quién la porta.



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