El revival en la Super Bowl
Hablo del revival ético y religioso que se viene manifestando en estos tiempos. La Super Bowl no es solamente la final de la Liga del futbol americano, ese deporte mezcla de futbol europeo y rugby, intenso, complejo y que por su dureza casi brutal requiere un gran estado físico en los jugadores. Es, sin duda, el evento deportivo más importante de los EE UU, uno de los mayores espectáculos capaz de paralizar al país entero y que logra una gran difusión que alcanza a más de 130 millones de televidentes, donde las diversas marcas comerciales invierten millones de dólares, sobre todo porque el espectáculo musical durante su descanso hace que se convierta en el evento cultural, económico y social de tal atracción que las entradas pueden oscilar en cuatro y dieciocho mil dólares.
[–>[–>[–>La final de este año celebrada el domingo pasado en el Stadium de Santa Clara de California, contó con el cantante portorriqueño Bad Bunny, que durante 13 minutos deslumbró a los espectadores presenciales y televidentes, cantando su mejor álbum en español, ataviado con prendas de Zara, reivindicando la cultura portorriqueña y latinoamericana, defendiendo a los emigrantes y reivindicando su dignidad. Finalizó con una escena brillante en la que el en el fondo se leía en inglés: «Lo único que vence al odio es el amor, juntos, somos América» y donde el cantautor aparecía abrazando un balón con este inscripción: «Todos somos América» y con su grito implorando: «Dios bendiga América». Trump lo calificó de «absolutamente terrible». Lo esperado.
[–> [–>[–>El mismo día, tomó posesión de la diócesis de Nueva York en la catedral de San Patricio el nuevo arzobispo Ronald Hicks, un abierto y simpático chicaguense, antes misionero en El Salvador, tan impactado por San Oscar Romero que lleva un ramito de romero en la enseña episcopal. Su amena homilía, en la que alternó el inglés y el español, estuvo cuajada de alusiones a la música de Frank Sinatra, Billy Joel, Jay-Z,… -«siempre llevo una canción en mi mente», les dijo- y con una cita amplia a Bad Bunny por su actualidad, abundó en la situación crítica de los inmigrantes pidiendo que no tuvieran miedo a las deportaciones. Reivindicó que en la iglesia nadie es ilegal porque todos somos hermanos y aludió a la franciscana definición de que «la Iglesia no es un hotel para santos sino un hospital para los heridos».
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Los solicitadísimos skechers publicitarios de 30 segundos se cotizan a 8 millones de dólares. El más sorprendente, que suscitó aplausos y polémicas ha sido uno de 60 segundos de la organización provida «Adoption is». Muestra una mujer que se debate ante un embarazo no deseado, en medio de una gritona multitud en la que unos tratan de inclinarla a abortar y otros a salvar la vida del no-nacido. Una voz en off le dice: «La adopción es una opción». Esperan que casi dos millones de abortistas cambien de opinión. Esto es propio de un país libre, sino lo estropean ahora. En España, tristemente impensable.
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