El secreto seguirá bien guardado
Nunca faltan ingenuos que aún achacan el fracaso del golpe del 23-F de 1981 a que era una chapuza, pero en realidad se vino abajo al ser demasiado perfecto, pues al descansar en una sucesión de acciones y reacciones encadenadas con toda precisión cualquier desajuste podía encasquillar, como así ocurrió, un mecanismo que se movía en la viscosidad de la dinámica de fluidos. La desclasificación que hoy se hace efectiva está bien, pues aunque pueda ser una maniobra de distracción ayudará a reconstruir con más afinamiento la escena y el papel de algunos actores, pero no creo que aporte gran cosa, o nada, al núcleo del asunto, que es el del papel que hayan tenido o dejado de tener el rey hoy emérito, los servicios secretos (o parte de ellos) y las conexiones exteriores, que en la larga transición española nunca han faltado a la cita. Los secretos de verdad nunca son oficiales.
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