el sistema excretor que la evolución nos debe
En un tiempo en el que la información se acumula más rápido de lo que podemos procesarla, esta afirmación puede parecer extraña, pero encierra una intuición: si el cuerpo dispone de un sistema para expulsar lo que no necesita, quizá la mente también debería tener el suyo. Un mecanismo diario, automático, que nos permitiera deshacernos de la basura mental que absorbemos sin darnos cuenta.
[–>[–>[–>Un drenaje para la mente: el sistema excretor que nos debe la evolución
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La idea tiene cierto sentido; el paralelismo con el sistema digestivo es útil. Igual que el cuerpo selecciona nutrientes y descarta residuos, la mente intenta filtrar lo que recibe. A diferencia del aparato digestivo, que funciona con gran precisión, nuestro sistema cognitivo no ha tenido tiempo para adaptarse a la avalancha actual: titulares contradictorios, opiniones disfrazadas de hechos, relatos que compiten por imponerse como verdad, redes sociales.
[–> [–>[–>Cada día ingerimos más información de la que podemos metabolizar. Y lo que no logramos procesar se acumula en forma de ruido, ansiedad, confusión o cansancio. Ese residuo invisible adopta muchas formas: datos irrelevantes, polémicas efímeras, mensajes alarmistas, comparaciones sociales constantes, opiniones ajenas que asumimos sin querer. Al final del día, muchas personas sienten la cabeza «llena» sin saber de qué.
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De ahí la aspiración de contar con un sistema mental que nos permitiera expulsar, al acostarnos, lo que no sirve. No se trata de olvidar, sino de limpiar. De separar lo que aporta de lo que intoxica. Sería una forma de higiene mental cotidiana.
[–>[–>[–>Como no existe un sistema específico, quizá haya prácticas que cumplen una función parecida: rutinas de desconexión digital, reflexión consciente para distinguir hechos de relatos, reducir la ingesta de información o selección activa de fuentes en lugar de consumir lo que llega. Si no son soluciones, al menos podrían actuar como válvulas de escape.
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El problema de fondo no es solo la cantidad de información, sino la dificultad para saber qué es verdad y qué es relato. La frontera se ha vuelto difusa. Y cuando la mente no puede discriminar, acumula; cuando acumula, se bloquea; y cuando se bloquea, se vuelve vulnerable a la manipulación o la ansiedad. De ahí la importancia de desarrollar hábitos que permitan expulsar lo superfluo y conservar lo esencial.
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[–>Quizá el futuro de la salud pública no pase solo por dietas, ejercicio o prevención médica, sino también por protocolos de limpieza mental. No para borrar, sino para ordenar. No para desconectar del mundo, sino para relacionarnos con él sin quedar atrapados en su ruido.
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La propuesta puede parecer atrevida, pero apunta a una necesidad real: en una sociedad que nos invita a ingerir información sin pausa, expulsar automáticamente lo que sobra es una forma de supervivencia emocional. Quizá con el tiempo la evolución nos dote de algo parecido. O quizá no dispongamos de tanto margen temporal…
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