El Telecable no se rinde
Si en la semifinal, aun con una afluencia grande al Palacio, la afición estuvo un poco retraída, en la final los 2.200 espectadores que acudieron a La Guía lo dieron todo, como sus jugadoras. Si había ciertas dudas sobre la respuesta del púbico en un escenario tan grande, quedaron totalmente solventadas. Los aficionados acudieron pertrechados de camisetas, sudaderas, bufandas, pancartas y hasta megáfono y bombo. Y no dejaron de animar ni cuando el resultado hacía poco menos que imposible el título. «El Telecable no se rinde», gritaban una y otra vez en los minutos finales, cuando la victoria catalana parecía cantada.
[–>[–>[–>De hecho, casi nadie se movió cuando la cuenta atrás del marcador llegó a cero y se consumó el triunfo del Vila-Sana, que reeditó así su título copero. Los espectadores se quedaron para jalear a las suyas en los momentos más difíciles y para aplaudir a las campeonas, amén de dedicar sonoros silbidos a la pareja arbitral, a la que reprochaban su permisividad con las faltas del conjunto visitante. Una pancarta descollaba en la grada, aquella en la que se podía leer el precioso lema del Solimar: «Mi equipo, mi gente».
[–> [–>[–>El público abandonó el Palacio con un sabor amargo, pero satisfecho del espectáculo y del ambiente vividos. Uno de los que acudieron, tanto a la semifinal como a la final, fue Alejandro Menéndez, entrenador de fútbol, acompañado por Evelyn García. «Es una pena, lo intentaron, pero no fueron capaces de marcar», resumía Evelyn.
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Menéndez, deformación profesional, trataba de profundizar en su análisis: «Creo que se trataba de dos muy buenos equipos que tuvieron las mismas ocasiones, cinco o seis por cada uno, y la pegada no la tuvo el Telecable. A pesar de tener grandes jugadoras con muchas cualidades, la portera del equipo catalán marcó la diferencia, a mi juicio».
[–>[–>[–>Lo que impresionó a ambos fue el extraordinario ambiente que se vivió en esta Copa de la Reina en el Palacio de los Deportes de La Guía. «Fue espléndido», corrobora Evelyn García. «El juego ayuda porque es apasionante para el espectador, hace que no pierdas la atención en la pelota y en los movimientos», remata Alejandro Menéndez.
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Entre los que se quedaron hasta que no hubo más remedio, una vez acabado el partido, estaba Juan José Fernández. Es de Langreo, aunque tiene a sus hijos jugando en el Telecable. Bufanda del equipo gijonés por encima de los hombros, sonreía pese a la amargura de la derrota. «Creo que ganó el mejor, vi a las nuestras justas físicamente. Pero hicieron muy buen papel y la afición ha estado espectacular», remataba.
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[–>Los gritos de ánimo abundaron desde mucho antes de que se iniciara el partido, y el recibimiento a las jugadoras del Telecable cuando saltaron a la cancha para las presentaciones fue de poner la piel de gallina. Espoleados por el núcleo duro, abundaron los cánticos durante todo el choque. Lo único que esta vez no tuvo éxito fueron las olas, frenadas a veces por la seriedad debida al palco y en otras porque el horno no estaba para tantos bollos.
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Así se cerró un nuevo capítulo de grandes citas del hockey sobre patines en el Palacio de los Deportes de La Guía, que, como las dos anteriores, en aquellas ocasiones fases finales de la competición europea, acabaron en derrota pero orgullo creciente en la parroquia local.
[–>[–>[–>La alcaldesa de Gijón, Carmen Moriyón, y el presidente de la Federación Española de Patinaje, Carmelo Paniagua, entregaron la Copa al Vila-Sana, mientras la vicealcaldesa, Ángela Paniagua, hacía lo propio con el trofeo de mejor jugadora a Aina Florenza, la goleadora de la final. Mientras se apagaban los ecos de las celebraciones , los gestos de consuelo y los gritos de ánimo, se iniciaron las labores de desmontaje. Y en un lateral, la camiseta enmarcada de Sara Lolo, esperando a ser colgada en Mata Jove.
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