El «triángulo de fuego» perfecto y una negligencia humana, factores de la tragedia de Suiza
EL perfecto “triángulo de fuego” y una acción absolutamente irresponsable, que conlleva responsabilidades. Estos dos factores son, en declaraciones a LA RAZÓN de Chema Gil, experto en Sistemas de Prevención, Extinción de Incendios y Salvamento, los que provocaron la tragedia de Crans Montana, en Suiza.
«Es algo parecido a lo que pasó en Murcia, en las discotecas Atalayas, tal y como describe el informe pericial de la Policía Nacional. En el caso de las Atalayas hay combustión, hay temperatura, cosa que no ocurre en Crans Montana: lo que nos encontramos ahora es un lugar lleno de gente y lo que podemos ver en unos vídeos es cómo, de forma sorprendente, empiezan a disparar fuegos artificiales», añade.
«Los fuegos artificiales no son fuegos fríos. Hablamos de incendios que tienen temperaturas importantes y que inevitablemente, en cuanto se topan con un techo de aislantes térmicos del frío o cualquier material que pueda ser susceptible de ser combustible, nos encontramos con una mezcla perfecta, lo que llamamos triángulo del fuego:
–Ha habido una energía de activación; Es decir, de alguna manera esos fuegos artificiales se activaron una vez que existe esa energía de activación, el fuego necesita combustible.
–El combustible, en establecimientos de este tipo, se puede encontrar en sillones, maderas, lacas, cuadros recientes, tejidos, etc.
–Apenas se detectan los primeros incendios, la gente comienza a salir, se abrieron puertas, se rompieron ventanas y evidentemente se produjo un suministro de oxígeno.
«Es decir, los tres elementos que inevitablemente se necesitan para que haya un incendio. Energía de activación, combustible y oxígeno. El triángulo del fuego. Cuando uno de estos elementos no existe, el incendio no se produce, lo que, en este caso, es absolutamente muy rápido, en muy pocos instantes», subraya. «Por tanto, estamos hablando de un incendio con determinadas temperaturas, con algunos ingredientes importantes, y fue una desgracia que podría haber sido mucho mayor».
Subraya que «alguien tendrá que averiguar o confesar por qué tenía fuegos artificiales allí y habrá que ver cómo empieza, el lanzamiento del disparo de la explosión de esos fuegos artificiales que en demasiadas ocasiones la gente usa de manera festiva, pero de manera absolutamente imprudente en un hecho absolutamente lamentable; sin duda, hay responsabilidad humana».
«Por tanto, es lo que llamamos la materialización de un riesgo antrópico, es decir, un riesgo que se ha materializado de la mano del hombreya sea de forma accidental o maliciosa, en el sentido de que esto es lo que ahora tendrá que descubrir la policía del cantón suizo, que está investigando precisamente todo esto. Una vergüenza, de verdad. «Estamos hablando de decenas de muertos, de decenas de heridos críticos, y parece sorprendente que, en un mundo civilizado, con conocimiento y demás, los seres humanos puedan llegar a ser tan absolutamente imprudentes, tan absolutamente desastrosos para su propia seguridad», concluye.
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