el tributo de la Fundación Siloé al añorado Santa
Compromiso, amor, legado, fe, valentía… Muchas fueron las palabas que se oyeron desde el escenario del teatro Jovellanos vinculadas a José Antonio García Santaclara, Santa, pero será la palabra esperanza la que de nombre al premio con el que la Fundación Siloé rendirá tributo a su fundador. Así lo anunciaba la presidenta del patronato de la entidad, Ana Rúa, durante su intervención en el acto de homenaje, que se le tributó a Santa en el primer aniversario de su fallecimiento. Un premio que será anual, buscará servir de inspiración en materia de inclusión social y visibilizará «la esperanza viva de nuestro Santa». Un Santa, confesó Rúa, «que se nos ha vuelto invisible pero nunca será una ausencia». Un Santa que fue, y sigue siendo, ejemplo en el trabajo y el compromiso con los colectivos más vulnerables de la sociedad.
[–>[–>[–>Rúa recordó la vida y obra de Santa ante un público con presencia de diputados nacionales y autonómicos, del Alcalde de Morcín, de concejales del Ayuntamiento de Gijón empezando por el de Servicios Sociales Guzmán Pendás, del consejero de Hacienda, Guillermo Peláez, de religiosos como Adolfo Mariño, vicario general de la Diocésis de Oviedo y compañero de Santa en el seminerario, de integrantes de entidades del Tercer Sector pero, sobre todo, de «creyentes en Santa».
[–> [–>[–>[–>[–>[–>«Un hombre que pasó por la vida haciendo el bien. Amaba a todos pero sobre todo a quien más lo necesitaba. Santa y Siloé significan lo mismo: amor incondicional», recordó la perodista y escritora María Teresa Álvarez, que se encargó de conducir un homenaje que incluyó un video lleno de testimonio sobre quel guaje de Peñerudes (Morcín), que fue ordenado sacerdote en 1979, tuvo uno de sus primeros destinos en una parroquia de un barrio marginal de Paris y al volver a Asturias se comprometió con quienes más sufrían ya fueran presos en la cárcel de El Coto, menores con problemas a través de la asociación «Chavales en libertad» o aquellos primeros enfermos terminales de un sida casi desconocido que necesitaban un hogar donde morir.
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Patronos de la Fundación Siloé: de izquierda a derecha, en primera fila, Magdalena Llerandi, Luis Jesùs Bárcena, Ana Rúa, Charo Hernández y Jesús Sánchez; por detrás Pedro Cubría, Eva María Sánchez, Jesús Bermúdez e Isabel Moro. / Marcos León
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La labor de la Fundación Siloé
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Todo esto cristalizó en la Fundación Siloé a mediados de los ochenta del siglo pasado. Una entidad que ahora tiene 68 profesionales, una treintena de voluntarios y atiende a una media de 1.400 personas al año en Gijón, Oviedo, Avilés, Mieres y San Martín del Rey Aurelio. «Fue un hombre extraordinario. No por sus premios sino por su forma de estar en el mundo y su tarea de hacer un mundo mejor», recordaron sus hermanas María Teresa y Montserrat sobre las tablas del Jovellanos. Igual que unos minutos antes, en video, habían recordado como, siendo todos niños, su hermano José Antonio se ponía delante de ellas con un «mami, a mi mami, que fui yo» cuando a la madre se le escapaba alguña ñalgada ante las travesuras de los pequeños. O como volvía de Paris al pueblo en un 600 desvencijado.
[–>[–>[–>Para las hermanas García Santaclara hubo un aplauso especial del público y un regalo de Siloé en forma de dos litografías de «La casa habitada» de la artista lavianesa Natalia Pastor, que les entregaron Ana Rúa y dos de los cofundadores de Siloé, Magdalena Llerandi y Jesús Bermúdez.
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Asistentes al acto en el teatro Jovellanos. / Marcos León
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Gospel asturiano y los sonidos de la diáspora armenia
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También tomó la palabra en el acto Adolfo Mariño para dejar claro quien había tenido la culpa de lo que hizo Santa a lo largo de sus 82 años de vida. «El culpable fue Jesús de Nazaret, fue su amor primero y su único amor; la clave de todo lo que hizo fue su fe», concretó el religioso. El concejal Guzmán Pendás y el consejero Guillermo Peláez remataron las intervenciones de un acto lleno de música. La del Asturias Gospel Experience, dirigido por Mapi Quintana, con versiones en inglés y asturiano. La del violinista Tigrán Danielyan interpretando «La grulla», una canción popular de la diáspora del pueblo armenio que Santaclara le pedía interpretar de vez en cuando. Y la de la gaita y el tambor de Juan Carlos Santos y Andrés Martinez.
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[–>En vida Santa fue reconocido como hijo predilecto de su Morcín natal y adoptivo del Gijón que le acogió; además de recibir la Medalla de Asturias, entre otras muchas distinciones. Ahora su nombre no será el del premiado sino el del premio a través del Premio a la esperanza «José Antonio Santaclara». Santa por siempre,
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