el valor humano tras el escudo de la paz
Jimena Pascual es directora de Innovación Organizacional y Social del CTIC
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Es probable que, si te pregunto cuánto interés te suscita la industria de la defensa un mes de julio cualquiera, la respuesta sea entre poco o nada. En nuestro paraíso natural, el verde y el soleado ambiente estival y con la garganta húmeda de una sidra fresca, las noticias de guerra parecen una anomalía de otras épocas. Sin embargo, en los últimos dos años, esa calma seguro que la has visto interrumpida por una realidad geopolítica que te detiene el aliento: las amenazas de expansión de Putin, la recomendación de pastillas de yodo, el kit de supervivencia o la llegada de misiles a Chipre se entremezclan con surrealistas declaraciones de dirigentes políticos e imágenes de destrucción. La supervivencia es un instinto natural y, ante la evidencia de amenazas reales, la incertidumbre y la preocupación invaden nuestro pensamiento y modifican nuestra percepción. En la actualidad, los datos del Eurobarómetro muestran que el 68 % de los europeos percibe su país amenazado, y en España el 80 % de la población apoya mantener o aumentar la inversión en defensa para evitar que esa devastación se repita. ¿Esto quiere decir que el europeo medio quiere ir a la guerra? Todo lo contrario, es una reacción natural. Es instinto de supervivencia. Pero también aprendizaje. Una guerra no tiene ganadores.
[–>[–>[–>Innovación responsable: el valor humano detrás del escudo de la paz
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Quienes conocimos de cerca un conflicto reciente, en mi caso, el de Kosovo hace ya un cuarto de siglo, pero aún sin estabilizar completamente, vimos los efectos devastadores que no aparecen solo en los mapas militares ni en los libros de historia. Pérdida total de oportunidades educativas para una generación, riesgo permanente de morir en un camino rutinario o dificultades extremas para acceder a una salud básica, son solo algunos de esos «daños colaterales». Pérdidas personales que estancaron a miles de familias, demostrando que la paz no es un estado natural, sino un equilibrio frágil que debe protegerse activamente y que es muy difícil de recuperar. También conocimos el valioso papel de las fuerzas armadas para restaurar la paz gracias a sus capacidades militares, pero sobre todo por el valor humano de las fuerzas armadas españolas, y en especial la BRILAT, con un más que brillante componente humano asturiano. Volcados en estabilizar un territorio más allá de sus competencias, ofreciendo seguridad y apoyo para que los más pequeños pudiesen volver a la escuela o incluso diseñando actividades multiétnicas para favorecer la cohesión social del territorio kosovar.
[–> [–>[–>La seguridad no es un concepto estático ni meramente militar; es el cimiento sobre el cual se asienta la libertad personal, los derechos fundamentales y la prosperidad de una sociedad. Por eso, en un escenario de «guerra híbrida» e incertidumbre, la Unión Europea necesita alcanzar una autonomía estratégica que le permita dar respuesta defensiva ante las amenazas militares modernas que exponen Rusia, Ucrania, EE. UU. o Israel, y económicas, con una China que busca la hegemonía mediante dependencias tecnológicas. Una respuesta que ya no se basa solo en la fuerza bruta. Se construye sobre la soberanía tecnológica que permitirá evolucionar la defensa para convertirse en una herramienta multidisciplinar que abarca desde el apoyo a la seguridad nacional hasta la intervención en emergencias y la labor humanitaria. ¿Quién no recuerda a la UME limpiando el entorno de las residencias de personas mayores en pandemia, en los incendios del verano de 2025 o impotentes con palas entre el barro tras la DANA de Valencia? Es imprescindible la modernización de nuestro ejército.
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Pero no todo vale. En este nuevo paradigma, la innovación responsable surge como el principio ético que garantiza que el avance tecnológico nunca pierda de vista su fin último: la preservación de la paz y la protección de la vida humana.
[–>[–>[–>Si bien la Inteligencia Artificial (IA) y el procesamiento masivo de datos son los pilares de la seguridad nacional, la innovación responsable en defensa implica un compromiso con la transparencia, la rendición de cuentas y el control humano en todas las fases de aplicación de las nuevas tecnologías.
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Apoyadas por el Gobierno de España, las Redes de Excelencia Tecnológica que desarrollamos en colaboración con otros centros tecnológicos, entre ellas ARQADE, liderada por CTIC, y GUARDIANES, ya integran en su diseño la gobernanza y la ética desde el origen, alineándose con los valores europeos para asegurar que herramientas como la inteligencia artificial o la computación cuántica sean confiables. No se trata de una carrera armamentística ciega, sino de una búsqueda de autonomía estratégica que permita a las democracias proteger su modo de vida frente a amenazas híbridas y desinformación sin socavar las libertades ciudadanas ni olvidar los principios éticos.
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[–>La doctrina militar debe mantener siempre el principio de la supervisión humana, asegurando que la responsabilidad ética sobre la vida de las personas permanezca siempre bajo la conciencia humana. En CTIC contamos con laboratorios como ATHENEA, donde exploramos la cognición aumentada, donde la IA ayuda al personal a procesar información bajo estrés extremo sin reemplazar su capacidad crítica. Asimismo, la Red de Excelencia Tecnológica TACTIX, de la que también formamos parte, utiliza la realidad extendida y tecnologías hápticas para entrenar a los equipos en escenarios de crisis de forma hiperrealista y segura, mejorando su resiliencia en misiones militares, humanitarias y de emergencia.
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La innovación tecnológica responsable garantiza que las herramientas de IA y cuántica se desarrollen bajo principios de transparencia y legalidad internacional, alineados con los valores europeos. No innovamos en tecnología para la guerra, sino que blindamos la paz mediante el conocimiento.
[–>[–>[–>Proteger el futuro de nuestros hijos y evitar el estancamiento social que deja la guerra requiere entender que la seguridad es una responsabilidad compartida y que el valor humano, apoyado por la mejor tecnología, es el único escudo verdadero contra la barbarie.
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