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El volcán de La Palma se apagó, pero la isla sigue moviéndose lentamente

El volcán de La Palma se apagó, pero la isla sigue moviéndose lentamente
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  • Publishedfebrero 4, 2026


Cuando pensamos en la erupción del volcán de La Palma, solemos visualizar lava y drenaje. Y aunque el volcán se extinguió en diciembre de 2021, un estudio publicado en la revista Springer Nature y realizado por investigadores del Instituto Geológico y Minero de España, explica por qué, de forma apenas visible, el suelo no ha dejado de moverse. Esto no ocurre de forma abrupta ni mediante violentos terremotos, sino lentamente, milímetro a milímetro, a través de las fallas geológicas que atraviesan muchas ciudades.

La investigación analiza el comportamiento de varias fallas activas situadas al oeste de La Palma, entre ellas las de Tazacorte, Mazo y Puerto Naos. Se trata de fracturas profundas en la corteza terrestre que ya existían antes de la erupción de Tajogaite y, de hecho, fueron fundamentales para que el magma encontrara salida en 2021.

Lo que demuestra este estudio es que estas fallas todavía están activas hoy en día, incluso si no hay erupciones o terremotos notables.

El fenómeno del deslizamiento lento

El fenómeno descrito por los científicos se llama fluencia o deslizamiento lento. En la práctica, esto significa que el suelo se mueve muy lentamente, a un ritmo de 0,2 a casi 3 milímetros por año. Esto puede parecer insignificante, pero acumulado con el tiempo es suficiente para abrir grietas en pisos, paredes y estructuras, como las de las casas.

Por eso algunos edificios muestran daños progresivos: no se trata de una ruptura puntual o de un golpe provocado por la erupción, sino de un proceso continuo y gradual.

Uno de los datos más reveladores del estudio es que Muchas de las casas afectadas habían sido reparadas anteriormente en las décadas de 1980 y 1990 por grietas similares. Esto demuestra que las fallas se han estado moviendo durante décadas y que la erupción de Tajogaite no creó el problema, sino que lo aceleró. En otras palabras: el volcán no inventó las fisuras, pero las impulsó.

Las fallas se mueven sin romperse de forma brusca, continua y silenciosa. Es un tipo de distorsión que no libera energía de una sola vez, sino que genera daño acumulativo. Es por esto que no se siente ningún terremoto ni aparentemente se percibe ningún movimiento.

El estudio se realizó en un contexto de emergencia, a solicitud del ayuntamiento de El Paso, con un método rápido y eficiente. Los investigadores instalaron pequeños dispositivos de precisión, llamados crackómetros, directamente en las grietas de las casas y aceras. Estos instrumentos permiten medir la apertura y el cierre de las fracturas con extrema precisión, registrando su evolución a lo largo de los meses.

Las mediciones muestran que el movimiento no es uniforme. Hay periodos en los que las grietas se abren, otros en los que se cierran ligeramente y zonas en las que el comportamiento cambia en función de la interacción entre las distintas fallas. Sin embargo, el patrón general es claro: la deformación continúa y en algunos lugares es más intensa que antes de la erupción.

Reconstruir La Palma mientras el terreno sigue cambiando

Sin embargo, el estudio también ha generado lecturas críticas en otros campos científicos. El físico y divulgador Francisco Rodríguez Pulido advierte que el principal problema no reside tanto en los datos que se miden sino en la forma en que se interpretan y comunican.

Según él, las mediciones se realizan sobre grietas en casas y aceras, y no sobre el movimiento tridimensional de la corteza terrestre, y estos desplazamientos podrían deberse, al menos en parte, a procesos de sedimentación gravitacional de la construcción volcánica o a reajustes después de la erupción, y no necesariamente a fallas tectónicas capaces de generar grandes terremotos.

Rodríguez Pulido señala que este matiz no es menor, porque si el movimiento es tectónico el problema sería indefinido, pero si es gravitacional tendería a estabilizarse con el tiempo. Por tanto, se considera un error utilizar estos resultados para justificar restricciones urbanas severas sin una validación geodésica más completa por GPS o satélite, que el propio estudio reconoce necesaria.

Según esta visión, el verdadero desafío no es geológico sino técnico: aprender a reconstruir en suelos que se mueven lentamente, como es el caso en muchas partes del mundo. La Palma sigue reajustándose. Lo hace lenta, silenciosamente, pero persistentemente. Comprender esto parece ser la clave para reconstruir mejor y vivir en una isla que, aunque parezca tranquila, siempre está en movimiento.

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