ELECCIONES EN ARAGÓN | El bipartidismo rompe la tendencia en Aragón: la suma de PSOE y PP se deja votos por primera vez desde el 15M
El bipartidismo fue herido de muerte en 2015. La reacción ciudadana tras el 15M provocó un resultado histórico en el que el número de partidos con representación alcanzó su máximo histórico hasta ese entonces, con siete formaciones en las Cortes de Aragón. Cuatro años antes, en 2011, la popular Luisa Fernanda Rudi venció a la socialista Eva Almunia, pero ambos partidos sumaron cerca de 467.000 votantes, un 67,7% del total. El bajón tras solo una legislatura fue tremendo. 140.000 votos se quedaron por el camino y el porcentaje del bipartidismo bajó del 50% por primera vez en la historia democrática de Aragón. Algo que no sucedió ni en 1987, cuando el PSOE de Santiago Marraco y Alianza Popular (precursora del PP, que se fundaría como tal dos años después) superaron por poco el 51%. Y el pasado 8 de febrero, en las primeras elecciones anticipadas de la historia de la comunidad, el bipartidismo registró un retroceso en votos y porcentaje que no se vivía desde el citado 2015.
[–>[–>[–>En esta ocasión, la principal sangría la sufrieron los socialistas. Pilar Alegría sacó 38.553 votos menos (al 98,77% escrutado, ya que falta el recuento desde el extranjero, que no modificará en exceso la cifra) que Javier Lambán tan solo dos años y medio antes. Una bajada superior al 5% y que igualó el suelo histórico, en diputados, del PSOE en Aragón. 18 sillones idénticos a los que obtuvo el propio Lambán en sus primeros comicios, precisamente en 2015, aunque en aquella ocasión el Podemos de Pablo Echenique fue el gran beneficiado, con 14 escaños y tan solo un 1% de diferencia, por lo que pudo gobernar con su apoyo externo y la entrada de CHA en su Gobierno.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Esta vez, el gran resultado lo ha obtenido la extrema derecha, Vox, que ha sido el que ha logrado doblar sus diputados, de los siete que tenía ahora a los 14 que hace no tanto alcanzó Podemos. Un hundimiento que sigue la tendencia nacional de un partido muy desgastado tras ocho años de mandato de Pedro Sánchez en La Moncloa. Para más inri, esta vez, a diferencia de en 2023, no había diferenciación posible, ya que la candidata fue hasta diciembre no solo ministra, sino portavoz del Gobierno central, una losa insalvable en una campaña que ha virado sobre una clave nacional evidente.
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Pero el auge de Vox, que ahora surfea la cresta de la ola, también ha sido a costa del PP de Jorge Azcón, claro ganador de unas elecciones que le dejaron un sabor agridulce. Por un lado, es cierto que es la primera vez en la que un presidente popular podrá repetir mandato en Aragón, aunque su primera legislatura no llegó a su fin. Pero, por otro, el objetivo de esta convocatoria pasaba por tener una menor dependencia de la extrema derecha, algo que no solo no se ha logrado sino que ha empeorado. Y ese tsunami llamado Vox ha provocado que los populares pierdan 13.000 votos y dos diputados, descendiendo de 28 a 26. La suma de escaños del bipartidismo se ve mermada, por tanto, en siete asientos, los cinco que pierde el PSOE y los dos que se deja el PP.
[–>[–>[–>Retroceso en la recuperación
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Así las cosas, este retroceso del bipartidismo significa la ruptura de una tendencia que, tras los comicios de 2015 y en un contexto con muchas aristas en clave nacional y aritmética, era al alza para la suma de los dos grandes partidos en Aragón. Cuatro años después de la debacle de 2015, que había dejado a los populares con 21 diputados y a los socialistas con 18, el bipartidismo, en su conjunto, seguía en mínimos. Aunque esta vez la herida fue mucho más sangrante en la derecha. El PSOE de Lambán recuperó más de 63.000 votantes, con una subida del 9,5%, mientras el PP de Luis María Beamonte sufrió un reparto inédito en el voto del bloque de derechas tras la consolidación de Ciudadanos –creció de cinco a 12 diputados– y la primera aparición de Vox con tres asientos en las Cortes. Los populares perdieron más de 43.000 sufragios.
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Evolución del bipartidismo de PP y PSOE en Aragón desde 2011. / Gonzalo de Domingo
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En esa etapa política, Sánchez se acababa de hacer con la presidencia del Gobierno y el país entró en un ciclo electoral que parecía interminable hasta que se firmó el primer acuerdo de coalición estatal, repetición electoral mediante, de la historia con Unidas Podemos. Una jugada que explica muchos de los movimientos que hubo en las comunidades. Ciudadanos, que hasta ese entonces se había presentado como un partido más transversal, se quitó la máscara y se ubicó definitivamente en el lado derecho del tablero político. Un movimiento que se dejó notar en Aragón con el cuatripartito de Lambán (con CHA, el PAR y Podemos) y también en su capital, Zaragoza, donde los contrincantes fueron los mismos que el pasado 8F. Pilar Alegría ganó, pero Jorge Azcón sumó con Ciudadanos (y eso que el apoyo de los naranjas a Alegría estuvo cercano) y los votos externos de Vox.
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[–>Participación en la tierra de los pactos
La mayoría absoluta es un hito inalcanzable en Aragón. Sólo el socialista Marraco, en 1983, se quedó con un diputado. Esto ha provocado que la comunidad despunte como tierra de pactos que, con idas y venidas, han aportado estabilidad y ejemplaridad hasta la llegada de Vox. PSOE y PP, sin distinción, han tenido que formar coaliciones inéditas en España hasta 2019. Y la participación en la comunidad siempre ha sido alta. Nunca ha estado por debajo del 64% y, contra todo pronóstico, el pasado 8F creció más de un punto.
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Comenzó entonces un ascenso orgánico de Azcón que le llevó a la presidencia del partido en la comunidad en 2021 y al Pignatelli en 2023. Lambán y Azcón estuvieron entonces a punto de llegar a los votos de 2011. El PP igualó su máximo histórico de diputados (28, como Lanzuela en 1995, aunque con menor porcentaje) y el PSOE descendió uno, de 24 a 23, en una aciaga noche en todo el territorio, donde perdieron la gran mayoría de autonomías.
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Varios electores eligen su papeleta en las elecciones de Aragón del 8 de febrero. / Miguel Ángel Gracia
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No obstante, ambos concentraron 435.736 votos, solo 30.000 menos que en 2011, y un porcentaje muy similar: 65,05% frente a 67,7%. Parecía entonces que el bipartidismo había vuelto para quedarse, también en las generales. La escena que se le puso a Azcón por delante aquel 28 de mayo de 2023 no podía ser más prometedora: solo con Vox llegaba a 35 escaños, uno por encima de la inalcanzable mayoría absoluta aragonesa, solo rozada por Santiago Marraco (PSOE) en los primeros comicios de 1983. Y, por si las moscas, con el apoyo del PAR y los acuerdos puntuales con Teruel Existe. Pero Vox tenía otros planes.
[–>[–>[–>La estrategia de Vox
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La ultraderecha, que vio como empezaba a notar el desgaste del poder, solo duró once meses en el Pignatelli. El viento favorable del rechazo a Pedro Sánchez hizo el resto y logró desestabilizar por completo el segundo Ejecutivo de Azcón, que se quedó en solitario y no fue capaz de aprobar ningún presupuesto más. El cálculo llevó entonces a una repetición electoral que Vox ha logrado orientar como un plebiscito nacional, dejando de lado las cuestiones autonómicas durante toda la campaña.
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Una estrategia que, a la vista de los resultados, le ha surtido efecto. Los de Abascal negocian ahora con fuerza su vuelta al Pignatelli, pero nadie se atreve a asegurar que aguanten cuatro años. La oposición siempre da más rédito, no mancha. En la izquierda, el PSOE se sigue desangrando por esa misma tendencia nacional, trasladada a las comunidades. Su votante se queda en casa o busca refugios como Chunta Aragonesista. Y el bipartidismo vuelve a estar, como hace una década, en duda.
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