ELECCIONES HUNGRÍA 2026 | Magyar destrona al ultranacionalista Orbán en Hungría: las 5 claves de una victoria crucial para Europa
El opositor Péter Magyar necesitaba arrasar en las urnas para destronar al ultranacionalista Viktor Orbán y acometer el desmantelamiento del aparato creado por quien ha sido el primer ministro de Hungría durante 16 años. Lo logró con creces: su partido, Tisza, tendrá 138 de los 199 escaños, más de dos tercios de la Cámara, los necesarios para revertir, como ha prometido en campaña, el «régimen Orbán», como lo denomina. A Fidesz, el partido hasta ahora en el poder, le quedan apenas 54. Completará la composición de un Parlamento exclusivamente derechista Nuestra Patria, de la derecha más extrema.
[–>[–>[–>Vladímir Putin pierde a su más valioso aliado en la UE, un primer ministro a su servicio, cuyo equipo susurraba al Kremlin lo que acontecía a puerta cerrada en Bruselas. Donald Trump ha apostado a caballo perdedor, tras haber redoblado su apoyo a Orbán con un vicepresidente, JD Vance, acudiendo a su rescate en la recta final de campaña. Y la familia ultra europea, de la francesa Marine Le Pen a la Alternativa para Alemania (AfD) de Alice Weidel, o el español Santiago Abascal se lame las heridas por la derrota sin paliativos de su figura de referencia.
[–> [–>[–>Magyar es aún una página en blanco. Conservador y excorreligionario de Orbán, llega al poder como aglutinante de un amplio espectro electoral. Más de una hora habló en la noche mágica de Budapest, ante un imponente mar de antorchas de sus seguidores y mientras toda la capital saltaba a la calle para celebrar la caída de Orbán. Desgranó ahí algunas claves de su acción inmediata de gobierno. Otras más se le suponen, por lo dicho en campaña.
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«El lugar de nuestra patria estuvo, está y estará en la Unión Europea«, aseguro Magyar ante la euforia de sus compatriotas. En lugar de abucheos, como ocurría con las arengas eurófobas de Orbán, cada frase alusiva a Bruselas era refrendada por sus seguidores coreando «Europa, Europa». Hay ansias de retorno a la familia europeísta. En primer lugar, por la perspectiva del desbloqueo de los 18.000 millones de euros que Bruselas retiene a Hungría por los ataques a los valores europeos. Más o menos lo que ocurrió con Polonia, tras la victoria electoral del europeísta Donald Tusk. La economía húngara, debilitada por un bajo crecimiento, necesita ese reencuentro.
[–>[–>[–>Los seguidores magiares celebran la victoria en las urnas junto al Danubio, este domingo en Budapest. / FERENC ISZA / AFP
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Más allá de ese interés, el voto joven y urbano húngaro, puntal de Magyar, reclaman el fin del oscurantismo y la retórica negativa desplegados por Orbán. Es un clamor que hermana a un país que ha desterrado su imagen de división. El éxito de Magyar se explica en la participación históricamente alta: acudieron a votar un 79,5% de los electores, el índice más alto en democracia para un país que estuvo tras el Telón de Acero.
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«Arreglaremos nuestras disputas con los países vecinos«, fue otra de las frases de Magyar tras su victoria. Se refería no solo a Polonia, tras la abierta hostilidad dispensada por Orbán a su primer ministro. Donald Tusk, sino sobre todo a Ucrania. Si un cartel ha invadido literalmente las calles de Budapest en esta campaña es el de la imagen de Volodímir Zelenski y Magyar, con gesto gansteril. Fidesz, el partido de Orbán, ha hecho campaña contra Ucrania, a la que acusa de la interrupción del tránsito de petróleo rusa hasta Hungría. La economía húngara depende de los suministros rusos. Y, para Orbán, una victoria de Magyar equivalía a colocar a su país al servicio del presidente Zelenski, como amenazó en campaña.
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[–>Kiev y Bruselas esperan de Magyar el desbloqueo de los 90.000 millones de euros en préstamos congelados por el Gobierno saliente, como lo está el último paquete de sanciones europeas contra el Kremlin. Se espera que Budapest abra la mano. Pero también se sabe que Magyar no apoyará ni un envío de tropas a Ucrania ni su ingreso por la vía rápida a la UE.
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Orbán convirtió en seña de identidad las vallas construidas en su frontera durante la crisis migratoria de 2015 para frenar el paso de las columnas de solicitantes de asilo hacia el territorio comunitario. En los años siguientes ha practicado la consigna de la «acogida cero» al asilo. Con Magyar en el poder, Hungría no abandonará el bloque de los socios más restrictivos de la UE en materia migratoria. Todo lo contrario. En su campaña, ha dejado claro su propósito de restringirla más aún también en lo que concierne a la llegada de inmigración irregular y de cerrar el grifo a trabajadores temporales. Está muy cerca de posiciones ultraderechistas, encabezadas por la italiana Giorgia Meloni, pero también de la línea cada vez más restrictiva aplicada desde el Partido Popular Europeo (PPE), del que forma parte Tisza.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>Orbán no solo ha construido en sus 16 años en el poder una suerte de «partido-Estado», con un control casi absoluto sobre los medios de comunicación, la justicia y los principales estamentos públicos, parte de su concepto de «democracia iliberal», sino que además reformó la Constitución de acuerdo a un concepto de valores cristianos que dice representar. Definió la familia como la unión entre un hombre y una mujer, atenazó el aborto y acosó a los colectivos LGTBI con una Ley de Defensa del Menor que, entre otras cosas, relaciona la diversidad sexual con la pederastia.
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Viktor Orbán se dirige a sus seguidores y reconoce la derrota. / ATTILA KISBENEDEK / AFP
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De Magyar no cabe esperar un vuelco en dirección a la equiparación plena de los derechos de estos colectivos. Pero tampoco ataques frontales. En cuanto a medios de comunicación, sí se esperan medidas rápidas sobre la televisión pública y resto del panorama mediático, actualmente bajo los efectos de la llamada «ley mordaza» de Orbán y el control casi exhaustivo sobre un 90% del sector.
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Magyar se despegó de Fidesz para refugiarse en las siglas de un partido por entonces agónico, Tisza, que revitalizó, determinado a luchar contra la telaraña de corrupción del «sistema Orbán». Actuó bajo el impacto social provocado por un escándalo de encubrimiento de pederastia que sacudió al Gobierno. Entre las protagonistas de un escándalo que movilizó a la sociedad húngara estaba la entonces ministra de Justicia, Judit Varga, exexposa de Magyar, con la que tuvo tres hijos. Varga acabó dimitiendo, Magyar abandonó las filas de Orbán y se lanzó a la carrera por derribarle del poder. En el camino quedaron unas grabaciones comprometedoras para su exmujer y clarificadoras del papel desempeñado desde el poder para encubrir el caso de pederastia. Pero también una denuncia por malos tratos generadora posteriormente de todo tipo de bulos y fakes, incluidos de tipo sexual, contra el ahora triunfador y rostro del cambio en Hungría.
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