Emma Alonso y el orgullo de tratar hasta a cinco generaciones de una misma familia en La Arena
“No tengo ninguna pena por irme, pero me voy muy feliz. Estos días estoy sintiendo mucho el cariño de la gente”, confiesa Emma Alonso. Los ramos de flores que tiene en una de las mesas de su consulta y los bizcochos que ha recibido a lo largo del día dan fe de ello. También sus pacientes, que tras pasar por su consulta se despiden, con lágrimas en los ojos, de su enfermera. “Ahora aprovecha a viajar mucho, hay que aprovechar”, le dice una de ellas. Quién le iba a decir a esta cántabra cuando empezaba en el mundo de la enfermería, allá por 1986, iba a pasar cuarenta años en San Juan de la Arena. Ayer, en su último día en la que se puede considerar su segunda casa, no podía contener las lágrimas a la hora de despedirse. “Por aquí han pasado hasta cinco generaciones de la misma familia”, asegura.
[–>[–>[–>Tras formarse en la Universidad de Cantabria, con 23 años, Alonso hizo las maletas para, tras sacar la oposición, mudarse a tierras asturianas. “Veníamos todos nuevos y todos eran asturianos menos yo y una médica de Zaragoza», cuenta. Esa época, sus principios, fueron los más duros. Primero, por la formación, ya que “nosotros estudiamos para ser enfermeras de hospital, no para estar en Atención Primera”. “Es todo muy diferente, en el hospital es más atender órdenes, va todo más guiado. Aquí tienes que tener la capacidad de ver las cosas y afrontarlas de la mejor manera posible”, señala.
[–> [–>[–>Otra dificultad estuvo en su adaptación. “En mi casa, de aquella, no había teléfono aún. En el edificio lo tenía una vecina. Hasta que conocí a mi actual pareja, Jaime, me costó el estar tan lejos. Cuando venían mis amigos de Cantabria me pillaba unas lloreras terribles”, recuerda Alonso, que reconoce que, a pesar de esos primeros años, “siempre me he sentido muy acogida en la zona”.
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Además de ejercer como enfermera en San Juan de la Arena, Alonso también pasó cuatro “duros” años en el mundo de la gestión sanitaria como directora de enfermería de Atención Primaria. “Me encontré un poco sola, no tenía ningún apoyo. Me costó tomar alguna decisión”, señala la enfermera. También se formó en Fisioterapia, para lo que tuvo que hacer un esfuerzo especial para poder realizar las prácticas de la carrera. “La terminé, pero no me compensaba trabajar de fisioterapeuta. Me costó dinero y esfuerzo, pero lo hice con ganas. Me ayudó en mi trabajo como enfermera”, sostiene.
[–>[–>[–>Alonso presume con orgullo de que, en sus cuarenta años como enfermera en La Arena, tan solo tuvo “un problema serio”. De lo que más orgullosa se siente es de “tener familias que he conocido al bisabuelo y al bisnieto”. “Es un placer. Al final, con tantos años aquí, conoces muchas cosas, donde viven, el ambiente que hay… Ser enfermera de pueblo es muy diferente a la ciudad”, afirma la cántabra, que pone el valor de la gente que, como ella, trabaja en los núcleos rurales. “Aquí conoces a tus pacientes muchísimo mejor”, sentencia.
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Durante estos cuarenta años Alonso ha trabajado con mucha gente y destaca el buen ambiente general del consultorio de La Arena, aunque no esconde que, a estas alturas, estaba deseando que llegase este momento. “Me voy muy feliz, encantada, pero si me diesen la posibilidad de reengancharme otra vez tengo claro que diría que no. He dado lo máximo de mí”, explica la cántabra que, por el momento, no tiene en sus planes volver a su tierra natal. “Tengo una autocaravana y ahora es momento de viajar mucho y despreocuparse de las obligaciones”, subraya Alonso, que hoy será el primer día en tiempo que no ponga la alarma para despertar. Y así, entre lágrimas y el cariño de todo un pueblo, la enfermera dice adiós a cuarenta años de profesión y dedicación.
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