En España no ha cambiado nada
Hasta ahora pensábamos que el único enemigo de Europa era Putin. La agresión contra Ucrania representó la primera transgresión de las fronteras europeas desde la Segunda Guerra Mundial y, es una realidad, el peligro de que sea un anticipo de otras posibles maniobras rusas.
La postura de Donald Trump ha sido la de trabajar en la configuración de un nuevo orden político internacional en el que Europa no tenga ningún papel. Su prioridad es la búsqueda de tierras raras y energía porque son la materia prima del liderazgo tecnológico y, por tanto, económico global.
El año 2026 ha comenzado con la intervención militar de Donald Trump en Venezuela, pero sin permitir un cambio de régimen y, apenas dos días después, una amenaza directa de hacerse con el control de Groenlandia.
La respuesta de los líderes europeos ha sido inmediata, pero de dudosa eficacia si lo que buscan es un cambio en los planes americanos. En las próximas semanas veremos más movimientos que exigirán una redefinición política y militar de la Unión Europea.
En España, Pedro Sánchez intentará utilizar la crisis para silenciar las críticas internas, unir a los socios y exigir a la oposición que se adhiera a las cuestiones de Estado. Se polarizará nuevamente, esta vez en torno a las acciones de Trump, e intentará influir en el discurso político europeo.
Sin embargo, nada de esto cambia la insostenible situación política nacional. En el PSOE hay quienes esperan que las decisiones judiciales sean las que pongan fin a la legislatura y quienes han apostado por sumarse a una alternativa que se hace mayoritaria. Ambos dan por amortizado el tiempo de Sánchez y es muy probable que ambas cosas sucedan al mismo tiempo.
En Navidad ha cobrado fuerza la idea de que convocar elecciones generales el mismo día que se celebran las elecciones andaluzas es lo más conveniente. Sánchez resistirá apelando a las turbulencias internacionales, pero su capacidad para permanecer en el poder es mínima.
Ya no se trata de un líder que construyó su propia imagen de víctima del «sistema» del partido y los medios de comunicación, como en 2017.
Ahora, Sánchez es un político en decadencia, conocido por dinamitar cualquier línea roja si se trata de mantener el poder, por cambiar de puesto según sus intereses en cada momento y acorralado por casos de corrupción que afectan a su entorno político más confiable y a su familia más cercana. Los dirigentes autonómicos y municipales no se van a suicidar por los delirios de su líder, convencidos de que su camino y el de Sánchez van por caminos diferentes.
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