Entre Buda y Pest sin atraganto
«Europeos pero incorrectos», Pablo S. La Chica / Antonio Masip. Editorial Catarata. Madrid
[–>[–>[–>Como soy demasiado vieyín, aunque memorioso que diría Borges, todavía recuerdo el viaje itinerante del futbolero Honved admirado y deseado por todos a la caza de sus inmediatos predecesores Janos Kalmar, Fernando Daucik y Ladis Kubala, y más adelante ya con el mítico equipo de Puskas («cañoncito, pum»), Zoltan Czibor (con hijo que dejó pierna en ascensor barcelonés, Sandor Kocsis («Cabeza de oro»). Hungría había protagonizado, era 1956, un primer levantamiento en la insoportable levedad del checo Milan Kundera una década más luego. Ahora esa misma admirable Hungría ha dicho adiós para siempre a quien pareció había estado con su pueblo frente al impopular comunismo soviético y después enseñó su patita iliberal contra todo sampedro. ¡Qué bonito país!¡Qué bonita capital, fusión de dos ciudades, Buda y Pest, Danubio por medio! A su natural beldad, Budapest une una gastronomía ad hoc infrecuente en la Europa del antiguo telón («Mathias» y otros restauradores históricos)
[–> [–>[–>Siempre estuve contra Victor Orban… Bien le recuerdo en el Europarlamento versión Bruselas el mediodía que empezó por insultarnos sin ambages desde los mismos estrados de la UE. No se lo toleramos por más que todavía faltase adivinar sus perversas actuaciones del espía rusoamericano (¡?) al que mutaría pronto. Antes de acceder a las instituciones, pertenecí unos escasos instantes a una asociación de abogados defensores de un listín europeo que acometíamos el debate de la defensa abogacil de unos militantes de extrema izquierda o nacionalistas que arriesgaban quedar sin abogado. Como quiera que me convocaron por haber sido observador en el juicio, por llamarlo de alguna manera, de Garmendia y Otaegui, del que resultó ejecutado este último, recuerdo a un joven letrado del belga Flandes que nos advertía estábamos penetrados por «un espión» lo que resultaba increíble en las nacientes comunidades europeas.
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Espion, espión…, término de fácil entendedera que no olvido, resultando cierto que un letrado alemán iba con el cuento de todo lo que tratábamos a puerta cerrada a los servicios secretos de cada país concernido. Aquello, como lo calificaba el gran abogado donostiarra Juan María Bandrés era espionaje de pequeña monta de quienes querían conocer las defensas antes de pronunciarse ante los tribunales. De una modestísima asociación profesional el espionaje pasó a la misma mesa de Jefes de Estado y de Gobierno pasando a ser el espión un oidor que debatía unas veces en favor de Putin y las que no informando en directa a Donald Trump como si no le valiesen sobradamente la CIA, el Mossad, el FBI y la Secretaría de Estado
[–>[–>[–>Han pasado muchos años, el espionaje siempre estuvo ahí, el pueblo magiar ha devuelto en elegante forma de votos las monedas con las que Iscariote, digo Orban, quiso desnaturalizarle.
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